martes, 31 de marzo de 2026


 

ELAINE VILAR MADRUGA

 


 

el crematorio de la belleza

el país en cruz
es una urna con las cenizas
a bordo
una hibridación de restos
donde el metatarso propio
se confunde con la fíbula ajena
en la urna que es el país
estamos muertos y dormimos apretados
claustrofóbicos basureros
hechos de carne y sangre
pero es cierto
que la basura puede hablar
incluso cantar arias en la noche bocarriba
incluso cantar arias en el ánfora de la incineración
donde
una mujer
escribe a martillazos
sobre huesos reducidos a hombres.

 

De: “Las tarántulas”.

 

EDUARDO IGLESIAS

 

 

 

No hagas que el presente
se convierta en otra cosa.
No intentes razonar
lo que va llegando.
Deja que el poso
de lo emocionante
avance y avance.

 

De: “La isla que navega”.

 

 

JAVIER MATEO HIDALGO

 

 

 

Pastoral impresionista

  

Aunque la estructura de este poemario
tiende a ser una falsificación
de la séptima beethoveniana,
quiero hablar ahora
de la sexta sinfonía,
plena de soles y tormentas,
exuberante como la Naturaleza
por la que un alemán sordo pasea,
encorvado, brazos atrás y luciendo chistera.

He vivido muchos veranos
plenos de atardeceres,
en los Pirineos de Navarra.
Cuando cruzábamos, ya en mi adolescencia,
los valles y senderos, volviendo a la casa
(era siempre más un caserío)
acababa de descubrir a Debussy,
sus imágenes impresionistas, evocadoras
como reflejos de mares, tormentas y noches,
brillos en el agua a la luz de la luna.

Ya no había pastores,
la arcadia romántica
estaba ahora en Francia,
en esa captación de luces
y atmósferas, como si un fauno
adormecido pintara.

De todo ello quedó barnizada
la memoria, mis oídos
imágenes rememoran
y noto la calidez del estío
y de la música
como una gran banda sonora.

 

De: “Sinfonía para un solo músico”

 

LUIS CHAVES

 

 

 

Sobremesa

  

Se sabe que el color
púrpura no existe decís

Lo sabrás vos y el
mundo a mis espaldas me
siento niño que descubre
lo de papá Noel o
sea imbécil

¿Pero y el mimbre del
día a día traspasado por
el caudal de las vacaciones
incluso un horario laboral
diluido por sol analgésico
que no supo contener?

En la casa del que
no produce no consume y
encima interrumpe hay
hacha o sombra o fotos.
Mejor dicho, donde
queríamos vivir, pero no
se pudo

Ah faltaron en la lista
mantel o distancia

De qué hablo me
desvié intento disimular

Invisible en el espectro de
luz y arco iris necesita
mezcla unión suma de dos
para darse (el púrpura)

¿Sí lo ves? No de colores
hablamos de refracción
gotas autónomas que no
retuvo el mimbre, atravesadas
por la luz solar

 

 

STEVIE SMITH

 

  

 

Mi alma

  

En la llama del fuego titilante
son pocos los pecados de mi alma,
y los pensamientos en mi cabeza son los pensamientos de una cama
con una vista solitaria.
Pero el ojo de la conciencia eterna
debe parpadear como un murciélago que parpadea en la luz,
antes de que los pensamientos en mi cabeza se aquieten
al borde de la noche eterna.

Oh, da al pez dorado su huevo
donde flota en su cuenco cautivo,
al gato su cría nacida ciega del vientre,
y al Señor, mi alma.

 

Nota: Stevie Smith, seudónimo de Florence Margaret Smith

 

 

 

 

VITA SACKVILLE-WEST

 

 

 

Amargura

  

Sí, fueron amables, en extremo; muy suaves,
aun en su indignación, tomándome de la mano,
como a un niño dócil ante una ley
que no alcanza a comprender.

No culparon los pecados que mi pasión obró.
No, fueron tolerantes y cristianos, diciendo:
«Solo lamentamos…», diciendo que solo buscaban
ayudarme, fortalecerme, mostrarme amor; pero él,

siguiéndolos con paso obediente,
manso, hacia su ciudad de dulces cautiverios,
habiendo matado la rebelión, volvía la cabeza
una y otra vez, buscando con sus pobres ojos

su figura inmóvil en el camino. La canción
seguía sonando entre ellos, campana viva a campana,
llena de joven gloria, fuerte como clarín;
aún valiente; ahora rompiéndose como grito de ave marina: «¡Adiós!».

Y ellos le susurraban bondadosos: «Ven,
ya te hemos salvado. Sana tu corazón. Olvida;
ella era tu oscuro espíritu rebelde». Mudo,
escuchaba, y ellos creían que asentía. Sin embargo,

(aunque sabía bien que eran amables),
el recuerdo clamaba en él: «Era libre y salvaje,
magnífica al dar; ciega
al perder o ganar, y amando, solo me amaba —a mí—.

«Valiente era, camarada y audaz;
de ánimo alto; todos sus pensamientos, un reto,
como naves alegres, aventureras, con tesoro en la bodega.
La encontré y le hablé con razón en los labios,

«ella inclinó la cabeza, sin argumento,
y cedió en la lucha. Dijo que debía ser libre.
Creo que dijo
que, si se lo pedía, me daría toda su vida.»

Y ellos seguían guiándole, y él aún miraba atrás
hacia donde ella permanecía; y ellos, contentos,
le elogiaban por hacer su voluntad.
La distancia los escondió, y ella se volvió, y se fue.

 

 

 

lunes, 30 de marzo de 2026


 

ELAINE VILAR MADRUGA

 



las tarántulas

autorretrato pintado al óleo
con la sonrisa torcida a lo gioconda’s style
en un país demasiado grande
lleno de instrumentos quirúrgicos
de tortura o salvación
a la velocidad en que se desplaza el tiempo
por las cuerdas por el agujero
entre los pies del agujero sonriente
a lo gioconda’s style
se agota la cancioncita triste del nenúfar
sembrado en mi garganta
he aquí que mi autorretrato es
una tarántula sin ojos
que extiende las patas
para sentir cómo pasa el mundo por debajo
cómo pesa el mundo
cuando las palabras ya no alcanzan.

 

De: “Las tarántulas”.

 

 

EDUARDO IGLESIAS

 

 

 

La gente llega al Paraíso
y también se va.
Como aves migratorias
que se deben a su trabajo.
Vacaciones estivales acabadas.
Otra vez el Paraíso.

 

De: “La isla que navega”.

 

 

JAVIER MATEO HIDALGO



 

Música nocturna de las calles de Madrid

  

La guardia retorna a palacio
solemne, atravesando las calles de la villa.
Les acompaña la música sonando ideada
por el italiano más castizo que Madrid viera.

Las nubes del cielo anaranjado
abandonaron el azul velazqueño
hace ya unas cuantas horas.
La oscuridad se cobra su cielo
mientras el sol se bate en digna retirada.

Concluye el recorrido
con esta música que tantas veces toqué
aquí cerca. Parque del Buen Retiro,
recogido momento, bajo un árbol,
protegido por arbustos y veredas,
haciendo sonar este viejo violín
recreando aquellos tiempos perdidos.

Salgo por la Puerta del Ángel Caído,
el público prácticamente se ha marchado.
Apenas unos rezagados se encaminan
cuesta abajo, hacia Atocha.
Es la hora azul, donde todo puede ser
y cada uno de nosotros probable héroe
de alguna historia por contar.

Llego hasta Moyano
y saludo a don Pío, siempre abrigado,
la boina calada.
Hacia donde él mira con sus ojos fríos
yo miro, también con la mirada
perdida, de estatua.

  

De: “Sinfonía para un solo mú

LUIS CHAVES

 

 

 

Las réplicas

  

El trayecto interminable, el interior del autobús como una sala de espera en movimiento. Inevitable, los recuerdos: vos tirando mis compactos por el balcón; yo, en una reacción bien Hammurabi, reventando los tuyos contra mi propia ventana y quedando —fácil concluir — en clara desventaja. Ahora río y me tapo la boca, gesto que fue natural aquellos tres meses que viví sin uno de los incisivos: las costumbres persisten mucho tiempo después de las razones que las originaron. Del bus bajaremos a este lado de la frontera. En él subiremos al otro. Los mismos pasajeros, el mismo equipaje, pero un sello más en el pasaporte. No me deprime reconocer mi incapacidad para el afecto duradero, me desmoraliza no encontrar otro tema sobre el cual escribir.

 

 

STEVIE SMITH



 

La ciudad celestial

  

Suspiro por el país celestial,
donde pasan las gentes celestiales,
y el mar es tan quieto como un espejo
de hermoso, hermoso cristal.

Camino en el campo celestial,
entre lirios y amapolas brillantes,
visto un abrigo celestial
de blanco reluciente.

Cuando paseo por el parque celestial,
mis pies desnudos pisan el pasto;
la hierba ondea alta, pero ninguna
criatura dañina está allí.

Por la noche vuelo sobre los tejados
y me apoyo en los rayos lunares brillantes;
dorados son los ríos del cielo,
y de plata sus corrientes.

 

Nota: Stevie Smith, seudónimo de Florence Margaret Smith

 

 

 

VITA SACKVILLE-WEST

 

 

 

Toscana

 

Cisternas y piedras; la higuera en el muro
proyecta su sombra, cenicienta como sus ramas,
a través del camino, sobre el polvo espeso y blanco.
Desde la colina descienden los lentos bueyes blancos,
arrastrando el carro púrpura cargado de mosto,
con borlas escarlatas sobre sus frentes lechosas,
mansos como las polillas del crepúsculo.
Bajo el yugo, reclinados contra el eje, tiran,
con esfuerzo intermitente, del carro que chirría,
mientras la gente del viñedo,
con bastones y herramientas al hombro, rodea la carreta.
Las palas de madera toman la mancha púrpura,
el aire pesado vibra con el cálido olor del vino.
Aquí, el largo sentido de la medida clásica cura
el espíritu cansado de su arduo dolor;
aquí perdura la antigua piedad báquica,
aquí las dulces leyendas del mundo subsisten.
Carros homéricos retumban por el camino;
letanías virgilianas entre los sarmientos;
perezosa pastoral de rebaños bajo el pino;
el porquero vigila, apoyado en su bastón,
mientras los cerdos hozan bajo los castaños.
¿Quién podría contemplar caer esta tarde,
esta calma campesina, este olor fecundo,
estas terrazas de colinas, esta vendimia plena,
sin sentir la pagana cordura de la sangre
subirle a las venas en joven y templada salud?
¿Quién podría ver pasar en procesión
a vinateros, rebaños y manadas, en polvorienta hilera,
volviendo en la tarde dorada al cortijo escalonado,
a la era hollada, donde hace poco el mayal
alzaba alto el maíz en torbellino de polvo,
y yace ahora medio hundido en la montaña de grano?
¿Quién podría ver todo esto y no olvidar
la tortura del querer exhausto, del pensamiento quebrado,
no volver los siglos atrás,
sentir los nervios de su alma fortalecerse,
y saberse heredero de Roma?

 

domingo, 29 de marzo de 2026


 

ELAINE VILAR MADRUGA

 


 

anestesia

la poesía nada me ofrece
salvo el silencio
en el cielo de la boca
en la estría de la boca
nada me quita o me suma.

 

De: “Las tarántulas”.

 

EDUARDO IGLESIAS

 


 

La mar, majestuosa.
Me arrodillo ante su altar
y espero.
Y espero
su gracia insobornable
ante el cadalso final.

 

De: “La isla que navega”.

 

JAVIER MATEO HIDALGO

 

  

Último ensayo en el foso

  

El teatro va poco a poco albergando
en su estómago al público.
Sofisticados bárbaros,
con sus pasos y conversaciones
invaden un espacio
de concentración y silencio sonoro.

Los instrumentistas colocan las partituras.
Otros improvisan escalas y arpegios,
repasan fragmentos que se resisten
a ser interpretados. Son sombras
que no percibe (casi) nadie
desde sus butacas de terciopelo.
Allá abajo, como cristianos condenados
a ser por leones devorados,
preparan el concierto.
El director todavía no ha llegado.

Sobre el escenario,
la historia que aquí contamos.
Telón bajado, ocultando escenas
que no se han desarrollado.
Un único intérprete entre bambalinas
dará cuenta de todo el espectáculo.

Solo él sabe que aquellos músicos
de allá abajo son él mismo
y por él también son dirigidos.
Como Keaton en The Playhouse.
Serio, ensimismado en su trabajo,
orador con voz de tenor
que quiere que todo quede
bien explicado.

  

De: “Sinfonía para un solo músico”

 

LUIS CHAVES

 

 

Apotegma

 

La primera idea para escribir algo generalmente no sirve. La segunda tampoco. Eso lo dijo –lo escribió– Osvaldo Aguirre. Tiene razón. Lo sé porque no conozco otra manera, lo sé porque veo el resultado. Por ejemplo este mismo texto: leí la sentencia y pensé, “es un gran inicio”. Idea primera. “Después confieso que así escribo”. Idea segunda.

 


VITA SACKVILLE-WEST

 


 

In Memoriam Virginia Woolf

  

Muchas palabras se agolpan, todas sin sentido.
Las más simples, en el dolor, son las mejores.

Digamos, pues, que amaba los prados húmedos,
las colinas, sus libros, sus amigos, sus recuerdos,
la habitación que era suya.
Londres al crepúsculo; las tiendas y la gente anónima;
las tiendas y la señora Brown.

La iglesia de Donne; el Strand; los autobuses, y el vasto
oleaje humano que pasaba junto a ella.

Recuerdo que me dijo una vez que, de niña,
cazaba polillas vespertinas con miel en el tronco de un árbol,
y con una linterna observaba su vuelo inquieto.
Así ella, poeta, atrapó su presa especial
con miel de palabras y lámpara de ingenio.

Frugal, austera, fina, orgullosa,
rica en sus contradicciones, rica en amor,
así capturó su propio ser de polilla:
su espíritu tembloroso, delicado y leve,
chocando contra el cristal de la vida, demasiado duro, demasiado frío,

mas guardando un aguijón bajo el ala rozada,
su censura astringente y su elogio supremo.

Qué pequeños, qué mezquinos parecían los hombres
medidos con su altiva esencia.

Algunos dicen que vivía en un mundo irreal,
en una tierra de ensueño. Tal vez.
Ahora ha partido al mundo más noble de la inmortalidad.

Y, sin embargo, ¡qué poder para engañar!
Mi razón se torna fe,
y en este instante creo
en el amor, y desdeño la muerte.
Vine de la nada, y seré
fuerte, firme, veloz, eterno:
soy león, piedra, árbol,
y como la estrella Polar en mí
fija está mi constante alma en ti.
¡Ah, que permanezca ciego para siempre
con leones, tigres, leopardos y su estirpe!

 

STEVIE SMITH

 

 

 

El rostro

  

Hay un rostro que conozco demasiado bien,
un rostro que temo ver,
tan vano es, tan elocuente
de toda futilidad.

Es un rostro humano que oculta
un alma de mono dentro,
que golpea, que toca un gong,
que hace un ruido horrendo.

A veces el alma de mono se extiende
a través de los ojos humanos,
y asomando, enseña sus patas,
y profiere mentiras sociales.

Tan mísero es este rostro, tan vano,
tan vacío y desolado,
que bien podrías decir que mejor
hubiera sido no nacido.

 

 

sábado, 28 de marzo de 2026


 

ELAINE VILAR MADRUGA

 


rosario

  

cuenta a cuenta
camino
entre los dedos que ya no son dedos
sino derrumbe
la vejez de mi cuerpo
la naranja pelada del rosario
como la vejez de mis ideas
cuenta a cuenta
mis ideas pasan
entre dedos que ya no son más
que representación
de lo roto
por qué rezas por qué rezo
por el camposanto vacío de las ideas
por la vejez de las ideas
por la naranja cruel.

 

De: “Las tarántulas”.

 

 

EDUARDO IGLESIAS

 

 

 

A las gaviotas
no las matan los hombres con sus carabinas.
Libres en su aleteo
mecido por el viento.
Eterno disfrute.
Y viven bien su natural discreción.
No las matan los hombres con sus carabinas.
Cazadores turísticos, escopeteros del ruido.
Matan por el placer de matar.
Escupen por el placer de escupir.
Odian por el placer de odiar.
Animales muertos
en sus cacerías de postín.
Ahítos sus estómagos de tanto comer.
Gordos escopeteros,
esperando a sus presas
escondidos en sus ilustres madrigueras.
Ricos de pólvora:
¿Cómo se mira a un animal
abatido por tus propios disparos?

 

De: “La isla que navega”.

 

 

LUIS CHAVES

 

  

 

El albañil

  

Un ladrillo a la vez
al lado de otro,
luego una fila sobre
la mezcla fina de argamasa.

Así se reconstruye una casa
con los ladrillos de la anterior.

Otro orden pero
los mismos ladrillos
cemento arena agua.

Toda casa se construye en torno
a un ladrillo indispensable:
el albañil que busca la piedra filosofal.

Como aquel que empieza
su casa por el humo,
pongamos el ladrillo
del molde de las niñas
en cada almohada,
el del peso de la gata sobre el edredón,
encima va el de las ráfagas de romero
y el del verano en la ducha del patio.

Cada pared sostiene una ruina
o recibe la sombra del árbol.

Toda casa necesita ese ladrillo capital,
si no está puede verse
desde afuera
la luz de los veladores encendidos
en la noche.

Un ladrillo a la vez
poco a poco si vale la pena,
toda casa se construye
alrededor de ese ladrillo
que ninguna casa tiene.

 

 

CARMEN VERDE AROCHA

 

  

 

Miércoles

  

Quizás sea un error vivir tanto tiempo.
Tantear el costado de algún dios.

El amante lo confunde todo.

¿Cuál amante?
¡Ah, fíjate! Alguien ronda
por las esquinas de los miércoles.
Los cocodrilos nos hieren al rozarnos

con miradas de gato
y alas de mariposa.

¿No los ves? Están al acecho.
¿Será el miedo enojado
porque en este siglo xxi se
siguen encerrando a las mujeres
en los castillos?

Les prometen alejarlas
de los territorios suicidas
y llevarlas a lugares
donde entra el aire.

En el aire casi nada es de confiar:
ni los ciclones
ni el miedo
ni las promesas de las águilas.

Los miércoles no confíen en los pájaros.

Solo tus ojos de Leopardo
y alas de Hermes me protegen.

  

De: “Mares y halagos. Variaciones poéticas”

 

STEVIE SMITH

 

 

 

Dios el devorador

  

Hay un dios en quien no creo,
mas hacia este dios mi amor se extiende;
este dios en quien no creo es
mi vida entera, mi vida y yo soy suya.
Todo lo que en mí hay de placer y dolor
(de amargo dolor y desprecio de los hombres)
se lo doy como alimento a este dios
pues él es mi vida entera y yo soy suya.
Cuando esté muerta espero que él devore
todo lo que haya sido y no haya sido
y lo triture y lo engulla y engorde
devorando mi vida toda pues es suya.

  

 

Nota: Stevie Smith, seudónimo de Florence Margaret Smith

 

VITA SACKVILLE-WEST

 

  

Canción sajona

  

Herramientas de nombres nobles:
azada, guadaña y pala,
firmes y duras como llamas,
limpias, curvadas en su filo;
un hombre y sus herramientas hacen su oficio.

Amplitud de las tierras inglesas,
lomas, caños y praderas,
el olor acre de los establos,
tierra de raza inglesa;
un hombre y su tierra hacen su credo.

Rebaños y ganados tranquilos,
vacas de ojos serenos
que acuden dóciles a la voz,
cerdos que vagan por los huertos;
un hombre y sus bestias hacen su hogar.

Niños recios y rubios
gritando en lucha fraterna,
como la tierra, son sajones,
hijos de un hombre y su esposa;
pues un hombre y sus amores hacen su vida.

 

 

 

viernes, 27 de marzo de 2026


 

CARMEN PALOMO PINEL

 


 

Cantar de gesta

 

Ceder el último pedazo, acordarse
de llamar, sonreír con los ojos:
esas son las batallas decisivas
de la Historia.

 

De: “Ereignis”

 

SARA BÚHO

 

  

 

Si no lo cura el mar…

deja que sangre.

 

Deja que sangre

un poco más,

deja que duela

un poco más,

deja que llore

un poco más

la lágrima en la sal

y prepare la herida.

  

De: “Si el mar no regresa”

 

ALBERTO RAMOS

 

  

cuando veo la historia de nuestra vida
ya no sé muy bien
qué veo

 

De: “Sojourn”

 

CARMEN VERDE AROCHA

 

 

 

Azul muy oscuro

  

La mudez nos encorva debajo de
los mares.

Correr no es el asunto
ni librarnos de las medusas
ni mirar de reojo las lágrimas
que la sal absorbe rápido.

Respira hondo.

Hueles a corazón de
mariposa fatigada
al aroma de limón frotado en
nuestra piel.

Hay un río que agita tus secretos.

Tus ondas zozobran
hasta el borde del vértigo
y me hacen pedazos la carne.

¿Qué extrañas de tu vida
dentro de la mía?
¿Acaso el paisaje seco de tu infancia?

¿Por qué el agua nunca se enamora?
¿Tú lo sabes?

El río entra en el mar. Siempre lo ha hecho.
Bajemos el volumen a esos
Lieder ohne worte, op 19,
de Mendelssohn.

No debimos acercarnos
a este poema vivo y mordido
por la única raíz que hay en tu rostro.

Vámonos lejos. ¿Te atreves?
antes de que los cangrejos
salgan de esa muerte tornasol
que arrastra las horas.

Quizás esto que sentimos sea
un pedazo de pan
incapaz de alimentar nuestras bocas
llenas de bostezos

para la gloria de Dios.

  

De: “Mares y halagos. Variaciones poéticas”

 

 

RAFAEL SÁNCHEZ MONTOJO

 

 

 

DEJA TUS CHANCLAS Y SÍGUEME a donde Cristo escondió la palabra tuberosa hay 15 lugares que no puedes perderte hay 15 tipos de energías que deambulan por ahí devant la pleine de la Mort como nómadas digitales como Polágoras pinto caras con tiza y luego les pongo nombre hasta caer dormido «tilín tilín» llaman para comer otra vez yo no he muerto para que resucites solo me olvidé de sacarle los ojos a la bruja de mis sueños de comprar el regalo de tu madre mis manos se están secando de buscar entre las bestias una dinastía de herederos finger de pollo con salsa de miel y mostaza la mesa es un zoo con patas de pino ven sígueme al concurso de planchazos para ver la carne de tu amigo abrirse confeti de oro y plata

hoy he vuelto a ser feliz en un mercado.

 

De: “Los acróbatas”

 

DAVID REFOYO

 



Huye de quien te diga resiliencia.

Ya los indios hablaban a través del humo:
primero los exterminaron,
luego les robaron el lenguaje.

Así sucede siempre en la conquista,
así sucede también en el amor.

Así en estos versos de hombre blanco.

  

De: “Las ganas de comer Oreo”

 

jueves, 26 de marzo de 2026


 

SARA BÚHO

 

  

 

gaditanita

  

Miro un clavel y pienso en mi abuela.
Huelo hierbabuena y pienso en puchero.
Las sillas de playa son para las aceras
de las noches de verano al fresco;
con las vecinas
aprendiendo.
La ropa se tiende dependiendo
de la humedad del viento.
Abrazo con fuerza.
Saludo de lejos.
La mayor, la nieta del fontanero.
Grito que no está gritando,
que solo llama.
Llaman para un chapú
y suena el único teléfono de la casa.
Enrosca la persiana,
que seque el pasillo.
Saca la manguera para
baldear la puerta,
que los niños han pintado una rayuela
y mañana traen tizas nuevas.
Una mesa de harina,
manojitos de boquerones.
Pan bueno y una navaja
para la fruta.
Volaores, chumbos y
castañas
y un verano muriendo
para vivir eterno en el recuerdo.
Memoria que no llega a tiempo.
Cuesta hablar de este folclore
que se desvanece.
Que no es ni toros, ni carnaval,
ni Semana Santa.
Utilizo la palabra
para ir al rescate
de esta Andalucía que se me escapa.
Estate aliquindoi,
que cae la noche en la historia
y sin raíces uno se queda arrecío.
Rescata del acento
este tesoro y sus verdades,
que no hay cobijo
ni alcancía que guarde
el tiempo que no llega a ninguna parte.

  

De: “Si el mar no regresa”

 

 

CARMEN PALOMO PINEL

 

 

Superpoderes de la función poética

  

Crear una

distancia,

un

(quasar, alebrije, rendición)

extrañamiento

buscando la palabra no esperada,
que permite
amasar la rareza que brota del lenguaje
disolviendo la acedia.

Entregarnos un mundo medido, y aún ignoto.
Recrear la manzana, el río, la morrena,
al nombrarlos satélite, bucéfalo, designio.

En lo inventado,
renovar nuestros votos de amor a lo real.

Mantenernos con vida.

 

De: “Ereignis”

 

ALBERTO RAMOS

 

 

 

me pregunto si puedes oírme
verme
sentirme
antes de dormir miro arriba y escribo en el cielo
tu nombre con mis manos
lo hago todo el tiempo
ojalá puedas verlo baydoun

 

De: “Sojourn”

 

 

RAFAEL SÁNCHEZ MONTOJO

 

 

 

Vuelve

vuelve a tu celda

dedos palitos

suelopélvico erre queer re

a escondidas tras un arbusto

o bien quedar alucinados

amigo de párpado caliente

de lo siempre nuevo

 

y quizás un poco de ti y de mí

quizás

 

vuelve y pintamos tu casa

renovamos tu paraíso

 

el cielo está oscuro

pero brillan la luna y las estrellas

 

habrá que comer de aquí

y de allá habrá que comer

sí comer

luz de esta ventana vacía

este cuerpo sin manchas

 

el camino más rápido               siempre

así

     es la vida con quien         menos

te lo esperas

 

el cultivo consciente de un hombre

nuevo

insonoro

de domingo

en domingo la gran victoria

 

consiste en hacha sin h y echar con ella

abusar del contraste y las sombras

para una percepción de la imagen más «realista»

optimizada en todos los canales

 

vuelve

oh sí! vuelve vuelve!

libera tu glow

cuida tus cucharitas.

  

De: “Los acróbatas”