jueves, 9 de abril de 2026


 

MADELINE MENDIETA

 


 

Ceremonia de silencio

  

Nunca arderá mi cuerpo en tu hoguera,
las cerillas las deshojó el otoño
sentado frente a una solitaria chimenea.

Reprimir la fuerza de este llanto,
¡Hasta cuándo soportará este dique!

Lo único que rescato de este incendio
son las páginas incineradas de nuestra historia.

No puedo decirlo en voz alta
mi grito atormentado calla todas las noches.

Esperando que mi cuello estalle,
pidiéndole que el crujir de los cristales
no siga sangrando dentro.

Solo el espeso silencio trepa y rasga la distancia,
en esta ceremonia el frío amenaza con devorar gargantas.

 

SAYURI DÍAZ OLMOS

 


 

 

 

                 bulto redondo paleolítico
lame            succiona                            muerde
 el pezón                                       ojo    sepulcro
   quizás                                          ladrido
 vulva   pez                                       que no
acaba          en el testigo
         roto                       si no en
            la bocanada

 

ANTENOR SAMANIEGO

 


 

Ideario Estético (XII)

 

Sin duda tengo el alma de anticuario.
Me gusta estar rodeado de vejeces.
Prefiero el bello mármol estatuario
de Miguel Ángel a las candideces
de Henry Moore. (lo juzgo estrafalario).
Señores de la crítica, mil veces
les ruego me perdonen. Soy sincero.
Y escribo así, porque yo así lo quiero.

 

ABELARDO SÁNCHEZ LEÓN


 

El rival

  

Se despoja, se sacude, se alista para arrojarse a la poza
y hacer lo que se hace en una poza:
sumergirse, empujarse, aflojar
y obligarse a hacer cuatro o seis largos en el entendido
de que se lleva la cuenta de a dos.
Es un sencillo ir y venir
en unas aguas que dejan ver el fondo
como si fuese un vientre liso y sedoso.
Ve sus brazos e intuye la existencia
de dos piernas entumecidas que se inyectan de sangre
y le dan a entender que van vivas.
Mueve la cabeza y aspira el aire a bocanadas
como si se tratara de un licor enviado a darle ánimos.
Reconoce el agua en el pecho
y en la manera en que se desplaza y se aleja.
Su cuerpo está concebido para que todo
lo que tropiece con él desaparezca.
Va hasta el fondo
y de pronto considera que existe una segunda vez,
otro momento en que demostrará
que después de haber llegado
será capaz de emprender otro extenso recorrido
de 50 metros tensos y colgados de un alambre.

Respira, se toma el pulso, realiza unas flexiones
y reconsidera que a su edad los dioses no lo toman en cuenta,
las mujeres lo obvian y que está solo en su carril,
en el poyo enfrentado a la ráfaga nocturna
y a las marcas de la competencia.
Si entrenara, si viniera a diario a practicar el rigor del ejercicio,
entonces sería capaz de vencer a su eterno rival,
esa sombra creada por él durante sus insomnios;
en caso contrario, por cierto,
solo se convertirá en su perenne escolta.

Sonríe. Se ajusta el gorro, los anteojos,
se sacude y relincha: por fin se empuja.
Las de cosas que se le cruzan por la cabeza:
alcanzar el primer lugar por puesta de mano,
colocando la uña, encrespando el cronometro electrónico
y sacarle chispas por décimas de segundos,
como si chocar contra la pared
fuese un remoto y antiguo forcejeo
y todo él fuese todavía un verdadero roble
que se lleva lo que encuentre a su paso: un caudal crecido,
tropezando entre la lluvia, el lodo y la maleza.

 

 

JOSÉ RUIZ ROSAS

 

 

 

Licor, icor hermético, incesante,
raudo canal, giróvago y centrípeto
brindis de todo túmulo y tibieza,
corriente, río subcutáneo y ciego;
premonición de llagas y de muerte
en el múrice tono de la fuerza,
parte de mí que palpo con sueño
en un afán tenaz de cuántos dóndes
puestos en sucesión de oculta herida,
terco laboratorio palpitante
donde con pausa grave y solemnísima
florifica lo líquido su estado,
aluvión que a sí mismo se detiene
para salvar la vida, guarda férreo
que enfrenta la envoltura del ambiente,
postillón del oxígeno, cadena
desde la madre al hijo, sucesiva,
nave de un solo puerto intermitente
en que navega mi final espectro
sumergido en su patria de tejidos
soledad de millones en alarma
que pudiera diezmar algo bastardo
en una sola noche sin luceros;
pez; habitante cálida que gusto
como si fuera dueño del destino
y que una vez, al fin, ya detenida,
no reconoceré, quizás, por turbia,
por helada, cambiando ya de forma
gracias a multitudes antropófagas.

 

SEBASTIÁN SALAZAR BONDY

 

  

Patio interior

A Luis Loayza

  

Viejas, tenaces maderas
que vieron a tantas familias despedirse,
volverse polvo y llovizna,
retornar a las dunas como otra ondulación,
os debo algo,
dinero, melancolía, poemas,
os debo cierta ceniza plateada y claustral.

Columnas fermentadas que persisten
soportando la sala, la alcoba, la despensa,
la cocina donde humeó algún sabor frugal,
os debo riquezas sin ira,
grandes palideces pensativas.

Patio interior,
cuervo de ociosas neblinas
entre cuyas largas plumas los amantes
se deslíen como una inscripción de pañuelo
os debo ahora mismo mi fosforescente vicio,
y os habito,
os corrijo,
os firmo con mi rápido nombre de cuchillo.

 

miércoles, 8 de abril de 2026


 

MADELINE MENDIETA

 

 

[El péndulo plateado, hipnótico…]

 

Cerrar la tarde es necesario
guardar los verbos y adjetivos
limitarse a la interjección
la onomatopeya el grito
apagado
Leticia Herrera

  

El péndulo plateado, hipnótico me empuja a tus versos dolientes
Como este frágil duelo entre mis manos.

Acaricio con vehemencia el lomo de estas voces apiladas de júbilo,
de cuidadas palabras, de tantas mujeres hablándole a Sylvia.

Ella quien aspiro el humo de la muerte porque el duelo que cargaban
sus letras no pudieron consolarla.

Llevo el péndulo de plata a mi pecho y palpitan esas voces
como corazonadas de un buen augurio, en medio de la noche.

y solo el grito apagado se escucha quedito como murmullo silente
de secreto guardado.

 

ANTENOR SAMANIEGO

 

 

 

Busco algo más (VIII)

  

No de Vallejo el padecer terrible,
ni de Hugo el grande, el ritmo soberano,
ni de Darío el cántico profano,
ni de David la lira intransferible.
Algo más, algo críptico, intangible,
un leve resplandor ultramontano,
el iris que, surgiendo del pantano,
brilla en el cielo y tórnase inasible
Sugestión, nada más, relumbre raudo,
en cuyo examen ejercite laudo
no la razón, sino el instinto solo.
Siendo áptero, remonte vuelo altísimo,
siendo silencio, sueñe… Pequeñísimo
silvano de la cítara de Apolo.

 

 

ABELARDO SÁNCHEZ LEÓN

 

  

Un alto

  

Ha interrumpido la marcha.
En sus hombros se posa la sombra
de un halcón que lo sigue,
dicta el paso y señala el rumbo.
Esa fue la enseñanza sajona impuesta en casa
y en aquel centro educativo donde osaron inscribirlo:
si caes, si ruedas por el peñasco, levanta esa frente.
Se jactaba de recibir aquella educación primaria apta
para todo muchacho que anhela captarla a la primera.
Un entorno elemental, sin lecturas e interpretaciones,
donde la fuerza de un remolino clarifica
y se desplaza como huracán en el golfo.
Le sacaba una sonrisa de orgullo. Entendía el mensaje.
Lo hizo suyo. Se compenetró con el guion,
esas líneas que orientan la mirada, y empezó a caminar,
que no hay camino, caminante,
el camino se hace en medio de estos claustros.
El olor de las hembras sumergidas detrás del matorral
inspira su instinto afilándolo como una serpentina de acero.
Mira desde la noche su infancia con incertidumbre.
Sin duda los hay, pues todos, a la larga,
atravesamos días oscuros.
De ese destino nadie se libra.
Bajo el cielo eterno hay esferas que se desplazan lentas
como camiones atascados en el fango.
Eso lo supo desde el primer día:
que de esas noches se sale con las justas
y luego se cae en otras, sin respiros,
a lo sumo un break de 20 minutos para resistir la jornada.
Lo entendió tanto que llevaba su escudo en la frente.
Una marca, un sello, un corazón de pantera en pleno salto.
Esas armas fueron las suficientes para entender lo central:
mientras más simple, más claro;
mientras menos ideas, tanto mejor.
Que lo suyo es continuar, seguir la marcha, caer, levantarse.
El olor de las hembras es un buen estímulo.
Esa sangre pegada a los muslos, esa boca entreabierta, esa mirada.
Era tiempo, digamos, de instalarse.
Mirar el cielo y decirlo en un puñado de palabras.
Dentro de poco encontrará el lugar.
Cuando llegue tropezará con las aguas
que vienen desde lo alto, detrás de las montañas,
y se dejará hacer, sin voluntad.

 

 

JOSÉ RUIZ ROSAS

 

 

 

Como contarle cuentos a los árboles

  

Como contarle cuentos a los árboles
un hombre está sintiéndose follaje.

Amplio, de corazón más amplio que la tarde,
siente venir la tierra hasta su sangre
y repetirse alegre cada invierno
florido, señorial, salvaje.

Un hombre ángel
como contarle cuentos a los árboles
está puro follaje.

No es soledad la suya
porque está conectado con el aire,
porque lo abruman lianas y parásitos,
nidos, ardillas, aves.

Y está metido allí, callado; enorme,
un hombre vegetal. Que Dios lo guarde.

 

GUADALUPE VELASCO

 

   

Accidente nuclear

  

A solas
hasta Chernóbil
florece.  

 

SEBASTIÁN SALAZAR BONDY

 

 

Mujer y perros

A Augusto, que la conoció

 

Recuerdo en Lima una mujer, una cansada
sombra de pordiosera que juntaba
perro a perro como los frutos de su vientre.

Eran canes de paso, animales
manchados, negros, hoscos, melancólicos hijos
que la escuchaban en el suelo y lamían su mano
agradecidos de una llaga,
un harapo mejor, un simple hueso.

Una mujer que se sentaba en una plaza
y cosía el alba y el ocaso al calor
húmedo y triste de sus perros.


martes, 7 de abril de 2026


 

ALBERTO RAMOS

 

 

qué puedo hacer
si una persona
es un recuerdo

 

De: “Sojourn”

 

ABELARDO SÁNCHEZ LEÓN

 

 

 

Laredo al norte

A José Watanabe

  

El poeta plasma imágenes en el escenario
pero esta vez la depresión le arrebata el manejo del lenguaje.
Debe recurrir a la infancia eterna y pronunciar a b c d e f
sin necesidad de aprobar exámenes.
Su inteligencia no necesita de ningún jurado
del venerado colegio de la provincia.

Al poeta le gusta su poema como al amante su amor.

El poeta no sale de la casa materna;
convaleciente, sin horarios ni responsabilidades,
un vago —murmura— del haiku
articulando estrofas con el propósito de conmover
si él fue conmovido por la imagen: un vago respetado.

En el estanque antiguo
una rana salta
el ruido del agua.
Porque idiota es
quien ante el relámpago dice:
la vida huye.

No hay explicación explica el poeta.
La poesía plantea interrogantes —digo por decir—.
Eso —mira sin mirar—:
el ruido del agua.

 

 

ANTENOR SAMANIEGO

 

 

 

Entre lienzos y telas (IX)

  

Más cerca de mi gusto están las telas
de Pissarro y Van Gogh, no de Chirico.
¿Me juzgarán por esto de borrico
los criticastros y las damiselas?
Monet entre las aguas y las velas.
Gauguin enfermo y ebrio… No me explico
por qué este gusto raro si replico
los trazos torpes y las bagatelas.
Contradicciones. Del Renacentismo,
Tiziano, Rembrandt… sólo los admiro;
¿pero gustarlos?… No lo sé yo mismo.
Mi gusto está en el siglo diecinueve
y un poco más acá. ¡Qué bien respiro
la atmósfera que se insinúa leve!

 

JOSÉ RUIZ ROSAS

 

 

 

Caracol

  

Primicia de otro reino, cabezuela
con credenciales de su mundo elástico
llegada en puro amor, sólo silencio,
perfecta calma, respetuosa venia
para brindar caricias a las plantas,
comerse a besos temblorosas hojas,
retirarse a soñar en la sombrilla
guardada siempre a cuestas y compacta;
y luego, suave trotamundos, irse
palpando el rededor con dos vigías
parabólicos y semiplegables
a continuar su vegetal periplo
con eternos saludos y primicias.

 

SEBASTIÁN SALAZAR BONDY

 

 

 

Desde el corazón

  

Me sitúo en el centro de mi corazón,
pongo los ojos en el fondo de ese pozo
como dos lámparas frías que encienden el amor,
¿y qué veo?

Dios mío, si veo
el claro espejo familiar que hay en mi sueño,
el pan que sale del horno de la vida a cada rato.

Vuelve a ti, viajero, vuelve
al Hotel de Bâle, ya que París es una pieza mortecina,
un lavabo, una mesa, un lecho para el vino de esta noche,
y sabrás nuevamente que eres un círculo de dudas
un remolino incesante que gira en torno de la ausencia.

Me sitúo en el centro de mi corazón, repito,
y me digo:
“Estoy aquí, pero en Lima
despertará mi madre cuando el perro
gima a su puerta, le dé los buenos días, la bendiga,
porque su mano es como un fruto que no cesa”.

 

GUADALUPE VELASCO

 

 


Sexto día

  

En la isla de Borneo
el orangután reposa
sobre el tocón
de un meranti amarillo
Observa
las semillas de liana
el fuego
las uñas de acero de las topadoras
escarbando el lomo terrestre
Los árboles derrotados
Quisiera
pero no puede culpar a las termitas. 

Un oso
se sostiene 

del
borde
del
deshielo
araña el pedazo huérfano
—último trozo ártico—
Une
con
su
nado
cansado
el mundo roto.

 

 

 

lunes, 6 de abril de 2026


 

LÁZARO IZAEL

 


 

Gallo, todo lo que se pierde,
el calcetín de rayas rojas izquierdo,
el lápiz amarillo de borrador naranja,
las conchitas blancas,
el jarrón verde plateado,
las monedas doradas,
la bolsa de plástico amarilla,
el balón azul,
la muñeca favorita de vestido melón,
la sudadera morada,
mi par de zapatos negros.
Gallo, los martes en Marte
son de encontrar
lo que hemos perdido
de este lado,
todo lo que alguna vez
en la tierra para siempre se perdió
viaja hasta acá.
Llenos de polvo todos los objetos
viven de vacaciones,
se cubren con la arena interestelar
hasta el cuello,
mandan fotografías marcianas
de sus días extraviados en la playa
sumergidos
como en una película muda
aguantan la respiración.
Gallo, todo lo que se pierde
hace de nuevo una familia.

 

De: “Gallo, el planeta estalla”

 

 

SAYURI DÍAZ OLMOS

 

 


 

pétrea arcada erguida
o molusco donde la columna
crispa desbravada

 

JAMES TATE

 

 

 

Qué Felices Éramos

 

Solía haber una espía en mi vida que no me dejaba dormir.
Día a día me torturaba con los más sofisticados
artefactos. Al principio chillaba como un cerdo en el matadero.
Después me hice adicto. Entre sesiones me sentía agitado
e impaciente. Gritaba, “¿Cuánto más debo esperar?”
Entonces me hizo esperar más y más. Me convertí en un experto,
un genio del aplastapulgares y el potro. Realmente ya no la
necesitaba. En su última visita lo pudo ver en mis ojos,
y eso abrió un agujero en ella a través del cual podía ver
algo parecido a la eternidad y algunos de los pequeños ángeles
cuyo único trabajo es pretender llorar por personas como nosotros.

 

GERALD STERN


 

St. Mark’s

  

Aún como niño, ¿no?
Trepar por una escalera de hierro,
discutir con algún Igor
sobre la cerradura rota,
dejar que la cabeza cuelgue sobre el fregadero,
enjuagar el cuello con agua fría.

Como un lobo, ¿no fue así?
o una paloma que nunca morirá.
Leer a Propercio, pisotear
las estrellas más altas,
obligar a mis manos a unirse,
tocar la fila de cubos de basura cubiertos de nieve.

Con el lomo hundido, ¿no fue así?
Arrastrar mis pies mojados
de un parque a otro.
«Atenuado por el salpicar consumado del tiempo»,
¿no?
Tulipán de la selva rosa.
Rojo y amarillo tulipán henchido y lavado por la lluvia.

 


NONI BENEGAS

 


 

Animales rugosos
con costuras invisibles
de puntada pequeña,
ornamental,

que deshago y aliso
en pos de superficie útil
donde urdir mi trama.

Esto es mi vida
—me digo—
busco ensancharla
en los entresijos de la tela.

 

De: “Animales sagrados”

ANTENOR SAMANIEGO

 


 

Ilusiones

  

Ministro de arte poética sería
si Amor fuera mi rey, y el reino fuera
no el blanco Invierno, sino Primavera
cromada de ilusión y poesía.
En dicho reino sólo ingresaría
quien por su fe se consumió en la hoguera,
no quien se armó de heráldica guerrera
e hizo en la tierra atroz carnicería.
Difícil pero hermoso ministerio,
sin graves senadores cejijuntos,
sin prefectura ni otro cautiverio.
Febril viví y vivo esta utopía,
relegando a un costado los asuntos
que en nada incumben a mi jerarquía.

 

domingo, 5 de abril de 2026


 

LÁZARO IZAEL

 


 

Gallo, el universo está oscuro,
es una cueva,
una garganta de dinosaurio,
los cuatro estómagos de una vaca,
el cuarto al final del pasillo,
como el clóset oscuro donde se guardan los secretos.
No existe linterna tan enorme,
ni bastan todas las estrellas juntas
para iluminar
este techo invisible.
Ni siquiera hay paredes para una luz pequeña en forma de balón.
¿Cómo es que existe un mundo sin paredes?
¿El universo hasta dónde llega?
¿Dónde escondieron el interruptor para encenderlo?

 

De: “Gallo, el planeta estalla”

 

LAURI GARCÍA DUEÑAS

 

 

 

X


He vuelto
He vuelto a casa
al origen, a lo que creemos que es el origen
a la tierra, al lodo,
al ruido incómodo de las conversaciones
a los zancudos, a las hojas,
a otros árboles
al secreto
al espanto
al misterio
al anonimato
a la comida de siempre
a nuestra cama
a poner nuestra cabeza en la misma almohada
sin saber cuánto del viaje ha cambiado nuestro cuerpo
nuestros órganos
nuestra mente.
Lejos, los recuerdos de China ya duermen
14 horas adelante en el reloj del mundo.

 

De: “Poemas Chinos”

 

 

GERTRUDE STEIN

 

 

 

Discurso de apertura


Seis.
Veinte.
Atroz
Tarde.
Pobre.
Cuarenta.
Más en cualquier humedad.
Sesenta y tres ciertamente.
Cinco.
Dieciséis.
Siete.
Tres.
Más en su orden. Setenticinco.

 

 

DAMARIS CALDERÓN

 

 

 

Un lugar donde poner los pies

  

He llegado con mis maletas en desorden
―no me espera nadie.
Mis pies son dos extraños
los he arrastrado como perros.
Un paisaje sangriento
sostenido apenas por la escarcha.
                Todo perdido.
Tengo 34 despiadados años
manos para amputar lo necesario.
Todavía soy fuerte.

 

 

GERALD STERN

 

  

Recuerdo a Galileo

 

Recuerdo a Galileo describir la mente
como un trozo de papel que el viento arrastra,
y me encantó la imagen de este pegándose a un árbol
o saltando al asiento trasero de un coche,
y durante años he visto papeles volar a través de mis ciudades;
pero ayer vi que la mente era una ardilla atrapada al cruzar
la Ruta 80 entre las ruedas de un camión gigante,
bailando de un lado a otro como una delgada hoja,
o un hilo asustado, apenas dos segundos de vida
sobre el hormigón blanco antes de escapar,
la vida acortada por todo aquel terror, su cabeza
que tiembla, los dientes amarillos pulverizados.

Fue la velocidad de la ardilla y su cercanía al suelo,
su enorme resolución y la agilidad de su danza
lo que me enseñó la diferencia entre ella y el papel.
El papel será útil en teoría, cuando haya tiempo
de sentarse en una silla de metal a estudiar sombras;
pero para esta vida yo necesito una ardilla,
sus patas acabadas en garras extendidas, su alma trémula,
el viento cálido que corre por su pelo,
el fuerte ruido que la hace temblar de la cabeza a la cola.
Oh mente filosófica, oh mente de papel, necesito una ardilla
que con su salvaje carrera consiga cruzar la autopista,
que suba a toda prisa la verde ladera desgobernada.

 

NONI BENEGAS

 


 

Algo en mí se reserva
para la fiesta.
¿Por qué? ¿de qué?

Mira el remanso
y entenderás.
Tiene que correr el agua
si no se estanca,
y si se estanca hacer espejo
para eso fresca…
encajonada
no puede sobrevivir.

Impetuosa viene la rama
y un salto de agua desde una piedra,
y la charca evapora.

  

De: “Falla la noche”

sábado, 4 de abril de 2026


 

LÁZARO IZAEL

 


 

Gallito, el corazón es un animal dentro de nosotros
¿Qué animal está dentro de ti?
¿Una rana? ¿Un conejo? ¿Cientos de gorilas chocando su pecho?
¿Un tigre de bengala espacial?
¿Un animal inmenso?
¿Un submarino celeste con motor de tambor?
¿Una sirena atolondrada?
¿Un búho bizco con hipo?
¿Una vaca sagrada?
Un planeta de color muy rojo.
Marte a punto de estallar.

 

De: “Gallo, el planeta estalla”

 

LAURI GARCÍA DUEÑAS

 

 

 

IX. Jet lag


Una silueta retorciéndose como un gusano
intentando recapturar la materia tangible e intangible
de la que estábamos hechos antes del viaje.
Once días bastaron para desordenar los órganos, los fluidos y la carne
que los humanos denominamos cuerpo.
Esta mi existencia ha atravesado miles de kilómetros
cuatro aeropuertos internacionales
y vivido tantos asuntos que no logra codificar con las palabras.
Por eso, mi cuerpo tiene sueño cuando es de día
y no encuentra descanso en las noches.
Pronto, espero, lo vivido se acomodará en la rutina
y en eso que denominamos lenguaje.

 

De: “Poemas Chinos”

 

GERTRUDE STEIN

 

 

 

Antes de que las flores de la amistad se marchitaran la amistad se marchitó

Amo a mi amor con v
porque así es
amo a mi amor con b
porque estoy cerca de aquello
un rey.
Amo a mi amor con a
porque es una reina
amo a mi amor y a es la mejor de ellos
piénsalo bien y sé un rey,
piénsalo más y piensa una vez más
amo a mi amor con vestido y con sombrero
amo a mi amor y no con esto o con aquello
amo a mi amor con y porque es mi prometida
ámola con una d porque está mi amor al lado
gracias por estar allí
a nadie le ha de importar
gracias por estar aquí
porque no estás allí
y con y sin mí lo que es y sin ella puede tardar
y entonces y cómo y todo alrededor pensamos y descubrimos que es
hora de llorar ella y yo.

 

LUIS JORGE BOONE

 

 

 

Otra vez desde los riscos

  

Así, las olas, Nadadora,
vagarán en torno a nuestros cuerpos
convirtiendo la forma desgarrada de los riscos
en la espada del Ángel de la Muerte.
             …esposo mío, desdichado —me dirás
desde la orilla—, acércate
y mientras algo quede de mí, tócame,
                                                         coge mi mano
mientras es mano,
mira mi rostro, mientras es rostro,
                                                     mientras por entero
no me invade el mar sin fondo…

¿Dónde estarán tus hombros mientras hable,
tus manos, tu color?
El mar será la plaga
que me despojarán de tu fantasma
como cada noche en el insomnio.

Esclava mía.
Mi Señora.
Desde los riscos del insomnio te escribo:
zarparé esta noche tras de ti,
al encuentro de la muerte.
                                          Sabrás reconocerme: mi barco
será esa alma que a lo lejos
la tormenta castigue con su furia.

 

 

GERALD STERN

 

  

 

El mordisco

  

No empecé a tomarme en serio como poeta
hasta que el pelo blanco empezó a asomar en la barbilla.
Antes todo era diversión y afecto;
ahora, como una liebre, una liebre, una liebre
veo a la tortuga alzar su horrenda pata
sobre el último escalón por subir antes de
volver a casa, henchida de ventaja.
De pronto, todo parece venir de arriba, de la mente,
la belleza de la carrera ha desaparecido.
y mi vida es apenas una alegoría.

 

 

NONI BENEGAS

 

 

 
Este cuerpo
apoderado de sí mismo,
escorado
testarudo,

esta sumisión sin nombre
a un estado
a una breve transición
entre vigilia y sueño,

desafecto
descorchado
desandado,
puro tiro de estampida
y yugo tironeado,

coz y cúmulo, apenas
pago de desdicha,
pueblo polvoriento
y olvidado,

este cuerpo destronado,
negativo y copia de haber sido
cuerpo amado,
ya sin causa, ni razón, o acápite
que murmure y rumie
su raíz de olvido
está luchando bravo
y pide

pordiosera, humildemente,
nacer naciendo como quien supo sabiendo
lo imposible.

  

De: “De ese roce vivo”

 
 

viernes, 3 de abril de 2026


 

LÁZARO IZAEL

 


 

¿A qué sabe la lluvia espacial?
Gallo, ¿los barcos en Marte flotan?
¿Cómo se flota donde no hay gravedad?
Botas para la lluvia,
un paraguas amarillo,
botas para un gallo,
un impermeable
y sombrero de pescador.
Gallo, ¿podremos pescar marcianos?
¿Cómo son los charcos en Marte?
¿Son de color neón?
Gallo, ¿la lluvia de estrellas
también pueden provocarnos un resfriado
si nos mojamos los pies?

 

De: “Gallo, el planeta estalla”

 

LAURI GARCÍA DUEÑAS

 

 

 

VII



Terminales aeroportuarias
monstruosas señoras infinitas
templos brillantes del consumo
estructuras internacionales organizadas
con base en señales claramente confusas
de interminables pasarelas eléctricas
con trenes y buses internos como si lo inmenso no les fuera suficiente,
de acentos plurilingües,
pésimas anfitrionas para las conexiones inalámbricas necesarias y urgentes
tortugas de la banda ancha;
no me coman
no me succionen
no dejen que pierda el avión
que me llevará a casa.

 

De: “Poemas Chinos”

 

 

GERTRUDE STEIN

 

  

Charla española

  

Lleva usted libros.
Todos los matrimonios están de vuelta.
Palomas.
Las palomas reconocen a la gente. Cree usted. Las vimos.
Ellas revoloteaban alrededor.
Tirar palomas es necesario. Para qué. Para el mar.
Veo pimientos viejos secos. No nos quejamos. Decimos
que los vientos son violentos y yo no los deseo. Deséalos.
Yo no deseo ver las estrellas. Llámalo fuera de aquí.
Quieres decir aquel poste. No ciertamente no digo Inca.
Oh sí muy cierto.

 

CARLES DUARTE MONTSERRAT

 

  

De nuevo el mar

  

Como una falla
que se abre ante nosotros,
se resquebraja el tiempo,
se precipita hacía el vacío;
nos arrastra una ola invisible;
el cielo se despliega hacia el poniente
como una vela encendida,
las formas se alejan de sus límites,
abandonan la brevedad de su perfil concreto,
los tallos prolongan su gesto
en la penumbra,
se inclinan, como los ojos, hacia la noche.

Dejamos de ser quienes éramos;
seremos de nuevo el mar.

 

GERALD STERN

 

  

La fuerza de los arces

  

Si quieres vivir en el campo tienes que entender la fuerza de los arces.
Tienes que verlos hundir sus dientes en las raíces de las viejas acacias.
Tienes que verlos ahogan a los sicomoros hasta dejarlos sin aliento.
Tienes que verlos llevar su gruesa cabellera hasta el sótano.
Y cuando cortes tu fabulosa vara verde para pescar
tienes que estar listo para verla brotar entre tus manos;
tienes que clavarla en la tierra como un trozo de sauce;
tienes que plantar tu mesa bajo sus hojas y empezar a comer.

 


NONI BENEGAS

 

 

 

Toca
tantea
trata

palpa
palpita

pero enseguida
pide explicaciones

  

De: “Lugar vertical”

 

jueves, 2 de abril de 2026


 

LAURI GARCÍA DUEÑAS

 

  

VI


Sábado 20 de septiembre de 2025
Parque Beihaia, Beijing.


En la oscuridad, vi descansar al Buda gigante
y otras imágenes de deidades desconocidas,
sentí la sombra del dolor por todas las peticiones incumplidas.
Pero, al salir,
también percibí la alegría
de todo lo que nos ha sido concedido sin pedirlo.

 

De: “Poemas Chinos”

 

LÁZARO IZAEL

 



La tierra se va a acabar
dicen todos, Gallo,
que la Tierra se va a acabar
y yo
no quiero que termine, Gallito.
La capa de ozono es un manto invisible
como el agua
en un vaso oscuro.
Hay que aprender a bordar
una bolsa de red que sostenga
todo lo que el planeta tiene dentro:
los girasoles
y nardos,
los taxis dorados,
las carreteras enormes,
las camionetas colorinas,
el viento
y el tren surcando
con su sonido de motor
y llanto
buuuuuuu buuuuuuu buuuuuuu
debemos guardarlo todo
como en una bolsa llena de canicas
o la de mi pantalón llena de piedras.
Bordo como lo hacen las abuelas,
gallito,
para unir un extremo con otro.
Todo quedará reparado
como un par de calcetines
al que le curaron sus hoyitos.

 

De: “Gallo, el planeta estalla”