Arte
poética
La
quise
intocable
como la llama de una vela.
La quise
con todas sus aristas
y su ojo esférico
que lo miraba todo,
en cualquier dirección,
en todos los tiempos.
La quise
precisamente por eso,
por su cualidad monstruosa,
por sus propiedades inconstantes.
Nunca fue la misma,
nunca,
como no es nunca
la palabra nunca definitiva.
Así como era de la belleza
y del castigo
no era de nadie,
y a todos nos miraba así,
con una lujuria semántica,
con un placer semiótico
con un temblor que apagaba significados,
A ratos era relámpago,
un quieto relámpago
cautivo en una bombilla.
A veces era la única bombilla
encendida en la habitación,
y era la habitación
donde cabían todos los nombres de la casa.
La palabra era una casa,
por eso todos asistíamos a ella
como se va a un templo y a un estadio,
donde se adora y donde se admira
el juego de las letras
persiguiendo al significado.
La quise
como a todas las cosas que habité,
con toda la nostalgia de una casa sola
y con la inútil certeza
de un hogar que es mío.
Versión
de Ilana Luna
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