martes, 14 de abril de 2026


 

SOFÍA BARRERA RUÍZ

 

 

 

Hombre mujer o quimera

  

No supe con cuál de mis bocas dijo la primera palabra
balbuceo incómodo
un grito, un graznido confundido

Sin sentido

nunca entendí la premura
para hacerme criatura de una ajena premura

quimera dormida
quimera despierta

me voy por la dilatación que se hace distinta entre pupilas
me alejo por el rosa y el azul tan impuestos

por el margen rojo entre las llagas
por la chimenea y en carbón entre las brasas

por la luz diletante que escapa
por tu resoplido tan distante

por mi primera vez en cualquier parte
por tu luz con una muñeca en el antebrazo
y un coche por si acaso

por ese abanico que no se agita por mis pestañas
por el vestido hecho trizas

mi sexo no se hizo de terceras personas
mi risa y mi lengua
se enfrentan él y a ella

soy transgénero y no transgénico
pero igual no me comen, aunque soy de la propia tierra

por esa lejanía
por tu luz que no me alumbra
no me alumbra

soy extranjera de una playa sin costa
me atacan los caníbales y los gigantes

les invito a que me den mordidas resentidas
resopla en ese asiento vacío de mi tránsito a mil por hora

en esas transfusiones escondidas
en afabilidades no me soporta

y sigo de la mano de quien confío
de quien me lee a cada paso
con ellos me quedo

y como buena quimera fugitiva
mejor imaginada que bendecida

 

 

LUIS ERNESTO GONZÁLEZ SOTO

 

 

 

Hiedra de lluvia

  

De tu negrura sube, enredadera,
por ti despierto el olor de la tierra,
fértil surco mortal donde se encierran
aromas de mi breve primavera.
Y a tu negrura va, regresa, dueño
de esa voz negra, casi vagabunda,
noche de día, fugaz, alta, profunda,
lluvia minera, alada luz del sueño.
Con mis muertos a cuestas, y mi frío,
me vierto para verte enamorada,
y por sentir la sombra de este brío
—hecho de sombra ya, ya tan sombrío—,
enredadera, hiedra así abrazada,
negra lluvia en olor de desafío.

 

STEPHANIE ALCANTAR

 

 

 

Se marcharon las fronteras.

  

Despertaron las fronteras,
se levantaron sus faldas
y salieron a zancadas de la tierra,
corrieron en contra del horizonte.
Cada vez más cerca una de otra
empezaron a enredarse.
Hasta que no hubo espacio que las dividiera
las fronteras volvieron a dormir
en el remanso de un nudo ciego
que desde lejos parece un punto,
el mismo que una vez fue el centro.

 

Versión de Ilana Luna

 

CLAUDIA HERNÁNDEZ

 

  

 

Humano y de perro

  

Ayer abrí uno a uno, de arriba abajo,
los botones de una camisa.
Adentro había carne, piel y huesos.
Fui repasando del ombligo al cuello,
las costillas y las venas.
Abro ahora mi mano
y del estómago a los omóplatos
presiono su estero.
¿A quién estoy tocando?
¿A quién le muerdo el lóbulo?
¿A quién miro al fondo de los ojos
con ojos de humano y de perro?

 

 

MARÍA BELÉN MILLA ALTABÁS

 

  

 

Lo que ignoro de mi amante

  

Será el más beato en su país agrícola
en su discurso habrá tormentas azul
                                             pálido, carnes
desde ahí recibirá el reclamo del sol
sobre qué lugares viene tu cabeza
volando? y otras
             preguntas
que responderá a la manera común
empellejando toda
                     aquella belleza del cariño inútil
dándome talla suficiente para entrar
en el furioso torneo de las cosas
mi cuerpo será como el de cualquiera
es decir vasto                es decir dispuesto
como una traducción sincera del mundo
desde ahí me mirará hasta suavizarme
germinarán las papas y
                      la hierba
                      y los labios altos
habrá lo semejante       habrá la primera edad
del deseo se dirá que es azul y
                                longitudinal
ya no serán estos los actos nulos de la ternura
será el corazón en grosso modo
lo que hasta entonces era recubrirse será
                                       y será y será
para romper el mundo del cálculo
con su política solar         con su pene      con su voltio
y el mundo del cálculo se romperá
nos salvarán los bellos enunciados
y en su destello primitivo
él sabrá
sabrá acariciar
el cuerpo campesino de Dios

 

 

ARTURO BORRA

  

 

En cualquier parte

  

No podían no saberlo.
La lluvia furiosa se escucha también en el tejado.

Y para no escuchar/ se taparon las culpas. Seguía la lluvia/ los gritos seguían más lejos y/
como aún seguían sabiendo/ apagaron las lámparas
para no ver
para no ver
para no ver.

  

De: “Figuras de la asfixia”