domingo, 12 de abril de 2026

BRITA HELENA CAMERO

 


 

Refugio para zapagos

  

Para entrar en mi refugio
es necesario traer los zapatos sucios.
No admito calzados hipócritas,
de esos que no dicen su verdadera procedencia.

Nada de betún, cepillo, crema o pintura,
prefiero la desnudez del zapato,
el cuero pelado,
la suela lisa, gris y sin talla.

Me fijaré en los desgastados,
marcados de la batalla contra el asfalto.
Me agacharé a mirar, a la entrada,
a los que no conocen el lado oscuro del armario.

Dignos sean los ejemplares que los pasos
les han cambiado el color de piel;
aún en su metamorfosis,
han impedido al amo andar descalzo.

Los zapatos que han recorrido el mundo
son dignos de entrar al refugio.
Los que han caminado mil y una vez
por la misma cuadra, invitados de honor.

Me emociono con escuchar los relatos
de estos trotamundos, trotacalles, trotapasillos,
mientras más gastados, más instruidos en el vivir,
se evidencia su mansedumbre.

Zapatos que suenan con voz ronca en el suelo,
bienvenidos, quienes los traen rotos.
Pasen los de zapatos mojados,
y los que vienen cansados de caminar.

Confío en ellos,
que sólo pretenden ocultar con pudor
el pie del paseante por la ciudad.
Para todos ellos, mi refugio.

 

 

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