Rostros
Aquí
vendrá su ataque. Detrás,
el vasto hogar, ansioso, de frontera estrecha;
la carrera tenue de la mente,
la propia tierra, mal conocida, presta a la guerra,
y enamorada de lo que teme.
Delante yace una oscuridad que tantea,
tierra enemiga; y sin embargo menos
hostil que del todo desconocida, conjetura
de habla y arma, un ya-no-mío-mundo,
una alteridad cambiante.
Y el
ataque vendrá entre ambos,
aquí, en este tierno saliente,
esta casi isla sólo vista
(por guarnición o espía extranjero)
en acontecimiento imprevisible.
Cierra el brillante cáliz del ojo,
silencia la boca de color, desviste
la línea de la gracia ordenada:
aquí ondearán las banderas invasoras,
caerá el centinela, y nadie tendrá
una lámpara con que decir su patria.
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