miércoles, 15 de abril de 2026

CLAUDIA HERNÁNDEZ

 

 

 

México-Pekín.

(Fragmentos)

  

Madruga la ciudad su aire su agua hedionda su
éter descalzo en las calles con la acidez del
xoconostle picado por insectos que
invade el alma de quienes viven a intemperie
congregados por la miseria como si fuera normal esa
oblea de su hambre en nuestra boca

Pasillos como ofrendas
enjambre de cera flores frutas ante sus ojos
kakis rojísimos de haber llorado Qué
ímpetu cuando se enoja ¡Mañana
no salgo! le advierte a una anciana indiferente

Muerdan su brazo y pellizquen con el
ébano de otros ojos su corazón sediento
xerografía de un órgano enfermo de ver e
incapaz de alterar la injusticia en
cada esquina por tantos sitios donde
ondean su bandera el terror y la muerte

Perennes los árboles del lago en
el reflejo de ese hombre que fuma
kif recargado sobre un tronco con su
índice apuntando al cielo
nocturno como dragón

Muertos y más cadáveres aparecen donde
él o ella (todos) se vuelven
Xiuhtecuhtli sin luz sin resurrección que
impida el miedo a la hora en que caemos y
caemos ya sin ti sin mí sin el
oro del día que amábamos

Pekín amanece blanca de plomo y humo
elevando espirales desde las chimeneas de
kafkiano tamaño que observa tras el
íntimo refugio de su habitación
‒no salgo hoy le dice a nadie‒

Mar entre dos ciudades aire entre
ésta y aquélla entre sus mapas como
xantomas que extienden su enfermedad
imparable de personas que
corren todo el día a todas horas
obsesionadas con llegar o con irse

Puentes imaginarios para salvar la distancia
entre México y Pekín puentes como ráfagas de
kilómetros que ni en sueños recorrería
índole extraña su naturaleza de
nombres y sitios con historia

México de agua subterránea
émbolo que impulsa a no perderse en la
x de cualquier encrucijada que
impida ver del otro lado
cerros pelones que la estrangulan en su
océano de casas y de luces

Pasan ciclistas como insectos bordeando
estanques rocas sobre el agua y el reflejo del
kiosco en el temblor que alarga su
ípsilon hacia el cielo de esta
noche

Parada tras ellos percibe
estrías sobre la superficie del lago
Kunming con su puente que flecha una
ínsula del otro lado allá donde templos de jade
narran leyendas

Madruga la ciudad su aire su agua hedionda
pisada en charcos donde tiemblan
edificios con letreros de neón Desde temprano se
enluta el día con las noticias de más caídos:
Xóchitl Ernesto su papá su hijo
Karla Juan Ramón Alicia el
índice de muertos desborda la página y no es
imaginario no es ficción mientras ve cómo
cae el ángel de su columna y se hace añicos
nada sucede mientras todos respiramos en la
oscuridad

 

 

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