XVIII
Mi
sombra está llegando a la perfección, hoy la he visto
recortada
contra el muro y me he detenido a tomarle una foto.
Soy
yo, no me cabe duda. Parece dibujada con tinta sobre la
superficie
rugosa, pero tiene la consistencia del muro que la alberga.
Más
consistencia que yo mismo, que me desleo en años
con
las venas de los sueños abiertas, cada vez más etéreo en este
cuerpo
de sombra tan perfecta. Como si cuanto soy se fuera
transfiriendo
a ella desde mis pies, sobre el pavimento, hasta la
silueta
de esa cabeza que se ve que es la mía y quién sabe si un
día
permanecerá ahí, proyectada cuando ya mi cuerpo se haya
ido,
con la arrogante persistencia de lo que quise haber sido.
De:
“Perfecta sombra”
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