"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
miércoles, 24 de octubre de 2018
YAMILÉ PAZ PAREDES
Los que murieron y no sabemos nada
…Y aun tuvieron la osadía de impedirnos
que les diéramos tierra
y poderlos querer por las pequeñas cosas.
No alcanzamos, siquiera,
a doblar la rodilla hasta sus bocas,
ni a preguntar por ellos a ellos mismos,
o a conocer su amor a las montañas
y qué simiente a diario iban sembrando;
si un día tuvieron hambre o bicicleta…
Tuvieron la osadía de impedirnos
que creciéramos juntos
(Nos faltó tiempo para estar más cerca
y no podemos decir que les amamos).
De ellos, uno por uno
sólo tenemos el último retrato,
la ira de su muerte
ondeando en cada puño
(Nos faltó tiempo para estar más cerca).
Llegamos al final de su voz,
y no sabemos nada.
Su voz, su amor y su certeza
no importaban.
Tan sólo eran cadáveres
—menos que eso—
un número global sobre un papel en blanco.
“Ciento cincuenta” (algunos dicen: treinta)
—ni siquiera ciento sin cuenta números—,
un sólo número, un número global,
tan sólo eran cadáveres de último momento.
que les diéramos tierra
y poderlos querer por las pequeñas cosas.
No alcanzamos, siquiera,
a doblar la rodilla hasta sus bocas,
ni a preguntar por ellos a ellos mismos,
o a conocer su amor a las montañas
y qué simiente a diario iban sembrando;
si un día tuvieron hambre o bicicleta…
Tuvieron la osadía de impedirnos
que creciéramos juntos
(Nos faltó tiempo para estar más cerca
y no podemos decir que les amamos).
De ellos, uno por uno
sólo tenemos el último retrato,
la ira de su muerte
ondeando en cada puño
(Nos faltó tiempo para estar más cerca).
Llegamos al final de su voz,
y no sabemos nada.
Su voz, su amor y su certeza
no importaban.
Tan sólo eran cadáveres
—menos que eso—
un número global sobre un papel en blanco.
“Ciento cincuenta” (algunos dicen: treinta)
—ni siquiera ciento sin cuenta números—,
un sólo número, un número global,
tan sólo eran cadáveres de último momento.
Tuvieron la osadía de impedirnos
que creciéramos juntos.
Tuvieron la osadía.
No podrán impedirnos que regresemos
y en nombre de su voz y de sus nombres,
de lo que sí sabemos,
a ellos, los podridos,
los que nacieron muertos,
les metamos un plomo
en cada muerte.
Entonces les pondremos un número
—serán bastantes—.
Seamos más nosotros.
que creciéramos juntos.
Tuvieron la osadía.
No podrán impedirnos que regresemos
y en nombre de su voz y de sus nombres,
de lo que sí sabemos,
a ellos, los podridos,
los que nacieron muertos,
les metamos un plomo
en cada muerte.
Entonces les pondremos un número
—serán bastantes—.
Seamos más nosotros.
Tlatelolco, octubre
6, 1968
Año de la represión
JUAN EDUARDO CIRLOT
Donde tu aparecías de cristal,
tu cuerpo de cristal tú aparecías
entre las hierbas blancas donde tú.
En la blancura inmensa de la torre,
del bosque de las rocas, de las nubes,
de los grises, los mares de los mares.
Los bosques de los bosques, el cristal
donde lo negro crece ante el altar,
donde crece el cristal ante el altar
Al que me entrego, Bronwyn, al no ser,
al no ser roca blanca ni mar gris,
ni las nubes, ni el cielo, ni la torre.
tu cuerpo de cristal tú aparecías
entre las hierbas blancas donde tú.
En la blancura inmensa de la torre,
del bosque de las rocas, de las nubes,
de los grises, los mares de los mares.
Los bosques de los bosques, el cristal
donde lo negro crece ante el altar,
donde crece el cristal ante el altar
Al que me entrego, Bronwyn, al no ser,
al no ser roca blanca ni mar gris,
ni las nubes, ni el cielo, ni la torre.
SULLY PRUDHOME
Si yo pudiese ir a decirle:
«Es tuya; no me inspira ni siquiera amistad;
ya no quiero a esa ingrata,
pero está pálida y delicada:
cuida de ella, por compasión.
«Escúchame sin celos,
pues el ala de su fantasía
no ha hecho más que rozarme.
Sé cómo su mano rechaza,
pero sabe ser dulce para los que ama.
No la hagas nunca llorar.»
«Es tuya; no me inspira ni siquiera amistad;
ya no quiero a esa ingrata,
pero está pálida y delicada:
cuida de ella, por compasión.
«Escúchame sin celos,
pues el ala de su fantasía
no ha hecho más que rozarme.
Sé cómo su mano rechaza,
pero sabe ser dulce para los que ama.
No la hagas nunca llorar.»
Versión de Max
Grillo
ÁLVARO FIERRO
Oda sin puertas para César Vallejo
César y no cesar, César devuelto
del ruido de la oscuridad leprosa,
del humo de los potros intestinalmente salvajes,
César devuelto de la muerte.
del ruido de la oscuridad leprosa,
del humo de los potros intestinalmente salvajes,
César devuelto de la muerte.
César supremo desertor del mundo
para narrar el hombre,
César volcán en erupción de insectos mitad lucha,
mitad labio que si se acuerda de reír
lo lleva el viento,
César mastica olas submarinas,
César libélula de pan de trigo del sobaco,
César entre las bombas queso,
César para olvidar
que el sol será una supernova,
no César, cabizalto,
César beso tectónico entre España y Francia,
César etcétera, emocionado y doce,
hoy crece mi esqueleto recordándote
sepulturado en nube como un fósil de llanto,
crecen valles andinos, golpes de soledad y lluvia,
cangilones de espaldas que no valieron para hombres,
termómetros de angustia,
corazones con sangre de mostaza
y frío, mucho frío,
tan pienso en golosinas con los colores rotos
desde que abandonaste tus dos húmeros
y puedo gargantar
cómo siguen cayendo todavía
gotas de remolacha de los senos
de las mujeres jóvenes.
para narrar el hombre,
César volcán en erupción de insectos mitad lucha,
mitad labio que si se acuerda de reír
lo lleva el viento,
César mastica olas submarinas,
César libélula de pan de trigo del sobaco,
César entre las bombas queso,
César para olvidar
que el sol será una supernova,
no César, cabizalto,
César beso tectónico entre España y Francia,
César etcétera, emocionado y doce,
hoy crece mi esqueleto recordándote
sepulturado en nube como un fósil de llanto,
crecen valles andinos, golpes de soledad y lluvia,
cangilones de espaldas que no valieron para hombres,
termómetros de angustia,
corazones con sangre de mostaza
y frío, mucho frío,
tan pienso en golosinas con los colores rotos
desde que abandonaste tus dos húmeros
y puedo gargantar
cómo siguen cayendo todavía
gotas de remolacha de los senos
de las mujeres jóvenes.
César,
a veces en el cielo suena tu fibra rota,
tu cruel lamento bélico de alguien
y llueve una luz negra que acaba con las fresas,
las estanca y arroja de sus tribunas húmedas,
que deja en los rostros de los hombres,
si no siguen tu senda,
una putrefacción de la ternura
y los envía a la vejez
sin la memoria de la infancia,
que luego se diría que remite
pero la procesión sigue por dentro
y queda en los contornos un temblor
infinitesimal
y si se olvidan de curarse los oídos
suena otra fibra dentro
que no termina de doblarse.
a veces en el cielo suena tu fibra rota,
tu cruel lamento bélico de alguien
y llueve una luz negra que acaba con las fresas,
las estanca y arroja de sus tribunas húmedas,
que deja en los rostros de los hombres,
si no siguen tu senda,
una putrefacción de la ternura
y los envía a la vejez
sin la memoria de la infancia,
que luego se diría que remite
pero la procesión sigue por dentro
y queda en los contornos un temblor
infinitesimal
y si se olvidan de curarse los oídos
suena otra fibra dentro
que no termina de doblarse.
Ojo por ojo
siguen igual de fuertes
pero sus hontanares tiemblan,
ojo por ojo van desconociendo su estatura,
sudan a carcajadas porque entienden
que tú los dejarás quemando en cada estrofa.
siguen igual de fuertes
pero sus hontanares tiemblan,
ojo por ojo van desconociendo su estatura,
sudan a carcajadas porque entienden
que tú los dejarás quemando en cada estrofa.
César, nunca cesar de echar de menos
que el peso del dolor sea distinto,
no sé, que no existiera
o traspasárselo a las rocas
para fundirlas siempre,
para siempre fundirlas,
fundirlas …
que el peso del dolor sea distinto,
no sé, que no existiera
o traspasárselo a las rocas
para fundirlas siempre,
para siempre fundirlas,
fundirlas …
De: “Con esa misma
espalda”
CARLOS CASTRO SAAVEDRA
Destino
Por mi culpa , mujer, por mis inviernos,
muchas veces tu cara se humedece de lágrimas.
Pero también por culpa de Dios, frecuentemente,
el rostro de la tarde se humedece de lluvia.
Por mi culpa , mujer, por mis inviernos,
muchas veces tu cara se humedece de lágrimas.
Pero también por culpa de Dios, frecuentemente,
el rostro de la tarde se humedece de lluvia.
SHAMSUDDIN HAFIZ
No te aflijas
No te aflijas: la belleza volverá a regocijarte con su
gracia;
la celda de la tristeza se convertirá un día
en un jardín cercado lleno de rosas.
No te aflijas, corazón doliente: tu mal, en bien se trocará;
no te detengas en lo que te perturba:
ese espíritu trastornado conocerá de nuevo la paz.
No te aflijas: una vez más la vida reinará en el jardín en que suspiras
y verás muy pronto, ¡oh, canto de la noche!,
una cortina de rosas sobre tu frente.
No te aflijas si no comprendes el misterio de la vida.
¡Tanta alegría se oculta tras del velo!
No te aflijas si, por algunos instantes, las esferas estrelladas
no giran según tus deseos, pues la rueda del tiempo
no siempre da vueltas en el mismo sentido.
No te aflijas si, por amor del santuario, penetras en el desierto
y las espinas te hieren.
No te aflijas, alma mía, si el torrente de los días
convierte en ruinas tu morada mortal, pues tienes el amor
para salvarte de ese diluvio.
No te aflijas si el viaje es amargo y la meta invisible.
No hay camino que no conduzca a una meta.
No te aflijas, Hafiz, en el rincón humilde en que te crees pobre
y en el abandono de las noches oscuras,
pues te quedan aún tu canción y tu amor.
la celda de la tristeza se convertirá un día
en un jardín cercado lleno de rosas.
No te aflijas, corazón doliente: tu mal, en bien se trocará;
no te detengas en lo que te perturba:
ese espíritu trastornado conocerá de nuevo la paz.
No te aflijas: una vez más la vida reinará en el jardín en que suspiras
y verás muy pronto, ¡oh, canto de la noche!,
una cortina de rosas sobre tu frente.
No te aflijas si no comprendes el misterio de la vida.
¡Tanta alegría se oculta tras del velo!
No te aflijas si, por algunos instantes, las esferas estrelladas
no giran según tus deseos, pues la rueda del tiempo
no siempre da vueltas en el mismo sentido.
No te aflijas si, por amor del santuario, penetras en el desierto
y las espinas te hieren.
No te aflijas, alma mía, si el torrente de los días
convierte en ruinas tu morada mortal, pues tienes el amor
para salvarte de ese diluvio.
No te aflijas si el viaje es amargo y la meta invisible.
No hay camino que no conduzca a una meta.
No te aflijas, Hafiz, en el rincón humilde en que te crees pobre
y en el abandono de las noches oscuras,
pues te quedan aún tu canción y tu amor.
De: "Los
Gazales de Hafiz"
Versión de Enrique Fernández Latour
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