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miércoles, 27 de enero de 2021

ALEJANDRO AURA

 

 

 

Duración de las naves

 


Y por último, pensemos en los barcos, ¿cuál ha perdurado?
¿No son acaso continentes perfectos que reproducen
las contradicciones todas de la materia?
Cómo es eso que madera y aire no se disuelvan en el agua
y sin embargo, ¿cuál ha perdurado?
Se planta el barco en el agua y jamás echa raíz
navega, boga, orza, hace la mar singlando
y a pesar de tan bellas y móviles palabras, ¿cuál barco ha perdurado?

 

Cada siglo de los muchos que ya vamos llevando se han construido barcos a millares, cascaritas, cuencos, jícaras marinas,
o palacios, fortalezas, ciudades que navegan
y sin embargo, ¿cuál ha perdurado?
¿No toda nave ha sido por las tormentas sacudida,
en los escollos despedazada,
contra las rocas con que la tierra intenta su defensa
arrojada hasta ser puros añicos su soberbia?

 

En estos tiempos ¿no vimos cómo el mayor trasatlántico se hundía,
cómo su soberbia lo llevó a la metáfora de un iceberg
y con él se perdió cuanta riqueza embarcarse pretendía?
Y el otro, el submarino, ¿no lo vimos con nuestra respiración entrecortada
perder el aliento y la esperanza de quienes lo tripulaban?
En la lista invencible del tiempo, pues,
¿cuál, cuál barco, me pregunto, ha perdurado?

 

jueves, 21 de enero de 2021

ALEJANDRO AURA

 

 

 

Pera

 

 

Estaba yo pelando una pera muy quitada de la pena,
contenta de ir a servir de desayuno,
cuando de pronto noté el poco pudor
con que se dejaba eliminar la vestimenta
y cómo soltó en humedad que me escurría por lo dedos
un jugo lúbrico que me pedía cierto pudor que en esta
materia ya he
perdido
y no por eso la sentía menos densa y dulzona
acomodarse a la temperatura de mi mano;
la nombré suavemente la reina de las frutas,
la chupé, la mordí, la hice mía
y escribo su nombre para que no se borre en la memoria
de los
siglos: pera.

 

viernes, 15 de enero de 2021

ALEJANDRO AURA

 

 

 

La rosa amarilla

 

 

Se encendió la rosa fulgurante
afuera de la ventana,

 

ha estallado una rosa,

 

parecemos las víctimas del incendio,
azorados, ávidos de su belleza.

 

Ahora todo tiene
color, contraste, vuelo.

 

Vengan a ver la rosa, vengan,

 

tiene un grito amarillo despiadado,
es un lujo, es una enhiesta vara
para golpear el cielo,

 

vengan a la rosa amarilla
que nos dejó perplejos
vengan a ver la rosa mía.

 

sábado, 9 de enero de 2021

ALEJANDRO AURA

 

 

 

Triste

 

 

No se puede escribir si se está triste,

el oficio se atasca, predomina la línea pedregosa
por la que no puede fluir ni una palabra cierta,
el paisaje es escombro de nombres sin sentido
y los ojos erráticos no se pueden fijar en cosa alguna,
transcurre un coche despacio por el siglo pasado de la
ventana
y se lleva arrastrando la poca magia que la imaginación,
sirvienta remolona del deseo, estaba queriendo construir
y queda sólo un tiradero de añicos vidriosos y salados,
no hay nada tan triste como un poeta triste
tratando de escribir en su tristeza.

 

 

domingo, 3 de enero de 2021

ALEJANDRO AURA

 

 

 

Las casas terrestres

 


 

1

 

Amplio,
como el más amplio amor
es el espacio
donde las montañas
dan de sí su cuerpo elaborado;
sobre uno de estos senos de la tierra
pone su mano el sol
y se levanta.

 

 

2

 

Al vapor de la mañana
hundí mis ojos,
toqué árboles, arcilla,
toqué el color con ellos,
toqué las pieles de las frutas,
las lenguas ásperas toqué
de los ganados
usando de dulce la verdura
en la humedad mis ojos se perdieron
con la dicha.

 

 

3

 

Detén tu espesa y húmeda maraña,
viento;
párala un poco
mientras pasan mis ojos
a peinar la cabellera tenue de la luz.

 

 

4

 

Ay la rosa
fragante de
mi corazón
despedazada
por el amor
de la
ciudad,
amortajada
en humo,
desodorizada
ay la rosa.

 

 

5

 

Ponme una mano
en los ojos
para
ya no estarme viendo,
porque si sigo
me voy a estrangular
de rabia
que me tengo.

 

 

6

 

En la inmensa forma
de la noche
aparece la luna
para hacer constar
que el universo
es harto palpable,
como el cuerpo.

 

 

7

 

Por supuesto, que no creo
en la reencarnación.

 

Pero me gustaría saber
si naceré de nuevo.

 

Sólo por decidir qué cosas
puedo dejar para después.

 

 

8

 

El mal,
una naranja oscura;
el bien,
una clara naranja.
amor mío,
libérame.

 

 

9

 

La palabra
es lo menos,
es el cuchillo con que se corta
la sandía.

 

 

10

 

Mis ojos
como burbujas
se me deshacen
en las manos

 

Tengo en la garganta
un nudo ciego.
Voy a echarme
a volar
dentro de poco tiempo.

 

 

11

 

No hay nada más definitivo
aquí estoy puesto nomás
como una verruga
en la espesa nariz del mundo
y no hablo
sino para hacer que el tiempo
se detenga
y no llegue nunca
a la catástrofe final.

 

 

12

 

Con el dedo meñique
me rasco el corazón;
esta casa que hicimos,
estos muros cubiertos,
qué de color, qué de
violento gusto colgado
en las paredes.
Hasta los pisos
están llenos.
Este laberinto en el que
ya no nos perderemos
ni de chiste.
Mientras tú estás dormida
y sueñas que me voy,
yo sueño que me voy.

 

sábado, 26 de octubre de 2019

ALEJANDRO AURA






[Fuimos niños]



Fuimos
                niños náufragos
                                             de algo.
Adolescentes
                       náufragos.
Pero ahora las banderas
                                        las izamos nosotros
                              y movemos
                                                          nosotros
                                                          los timones.
Absurdo es dejar
                            que el tiempo pasado
                                                   nos detenga.
Tenemos la vida toda abierta.

Se comprende
que pueda ser oscura,
                     pero en las oficinas,
                                      los conventos
                                                     las crujías;
oscura en los libros
                                 o en los consejos,
pero no en la calle.

Porque en la calle se sufre
                                   de hambre,
                                                     de frío,
                                                         de policías,
pero a la luz,
                      abiertamente,
mano a mano con todos.

La fe
           llueve
                      en la calle
y anda el amor
                         juntando
                                         muchachos y muchachas.

Mueran los que no creen
                                        que la vida
                                               se construye
                                                           a cada instante
y es hermosa.

Mueran. O sean condenados
a un millón
de latigazos
de esperanza.

Y los que en vida
                            se casan con la muerte,
y los cobardes
                        que esperaron la nueva generación
                                   para acostarse con vírgenes,
y los que escriben
de cómo encontrar
                              para el amor
                                                  a la persona justa.

Mueran los que esperan sentados
                                        que el tiempo
                                                 lo resuelva todo.

Nosotros
               —hablo por mí
                                        y por todos
                                                          los que quieran—
menores aún
                     —comparativamente—
hemos de exceder en estatura
                                               a las estatuas.

Han de venir,
                      cuando muramos,
quienes crecerán lo doble de nosotros,
hasta que el hombre
                                     alcance
                                 su total tamaño de hombre.

Nos importa nuestra vida.
Somos el poema-arma contra todos los estorbos:
                              los abuelos,
                                     los cánones,
                                           el régimen,
                                             el way of life
                                                        que nos imponen;
contra el odio destilado
                                      que vuelcan
                                           en nosotros
                                                    los mayores.

Creemos en los hombres
que se abren la camisa,
                                      sin vergüenza,
para que se sepa
                           bien
                                  con quién se trata.

Somos los dueños
                   desde la segunda mitad
                                              de este siglo
                                                         hasta la muerte.

Somos los inventores del amor sonoro.
                                        Los amantes del amor sonoro.

Arriba, amor,
irrumpe en la calle
                               y haz lo que te toca


De: “Tambor interno”


De: “Tambor interno”

domingo, 20 de octubre de 2019

ALEJANDRO AURA





El azorado



¿A mí me han escogido?
¿Por qué?
¿Qué música puedo yo tener?
¿Qué he de decir?

A mí me gusta el confort,
la buena vida, el buen vino,
la buena plática, el café
y las flores.

¿A quiénes represento?
¿De qué puedo hablar?
¿Por qué yo?
¿Por qué yo?


De: “Alianza para vivir”


lunes, 14 de octubre de 2019

ALEJANDRO AURA





Mi hermano mayor



Yo tenía un hermano mayor;
era siempre cinco años más amable y más sereno;
quería un escritorio y un caballo
y una manera nueva de contar los sueños
y una mina de azúcar, de seguro.
Le gustaba leer y razonaba,
a veces era tierno con las cosas
pero yo nunca vi que fuera un niño.
Era un hermano mayor con todo su traje azul marino,
con toda su camisa blanca blanca,
con toda su corbata guinda oscura muy de gala.
Yo tenía un hermano mayor
de pie sobre la luz;
me daban miedo las calles en la noche
y el corredor oscuro de la casa,
me daba miedo estar a solas con mi abuela,
pero tenía un hermano mayor
sobre la luz cantando.
Mi hermano mayor también era un fantasma,
una calavera dientona,
una carcajada de monje a media noche.
Mi hermano era un muchacho blanco y sin anginas.
Por eso nunca nos comimos juntos
ninguna jícama del camino
ni rompimos de guasa los vidrios de las ventanas
ni nada que yo recuerde hicimos juntos.
Ni jugamos ni fuimos enemigos.
Éramos buenos hermanos, como dicen.
Se habló de inteligencias y de escobas,
se discutió sobre los pantalones cortos y las hostias
y el carrito con ruedas de patines;
se supo y se dijo que mi modo era grosero
y mi cabello oscuro.
Él era siempre mejor que yo
cinco años.
Hace cinco años se casó mi hermano.
El que se casa pobre
tiene que andar cuidando su manera de contar estrellas,
tiene que andar despierto y trabajando, qué remedio.
Se tiene que acabar de cuajo con los sueños, dicen,
porque vienen los hijos, la suegra, los cuñados,
y lo dicen, aquello de los sueños, sin decoro,
sin tocarse la vena, sin énfasis ni estilo,
como el que dice que no sabe de dónde viene el hombre.
Hace cinco años que no crece ya mi hermano.
Mi hermano,
mi hermanito menor, mi consentido.


De: “Cinco veces la flor”.



martes, 8 de octubre de 2019

ALEJANDRO AURA





Un ruido



De repente ha entrado a la casa un ruido
y ha roto el minucioso y acompasado análisis del silencio
que tejía el insomnio con paciencia ejemplar.

Un inocente ruido. Pero uno cómo va a saber que es
                                                                       [inocente.
Se ubica sólido en una peligrosa cercanía
que separa sólo una puerta que se vuelve su cómplice
y comienza a devorar el silencio hasta hacerse corpóreo.

Allí está el ruido ya ingente y no sabe uno
qué irá a pasar.

Me levanto y me acerco a la puerta.
No me atrevo a encender la luz.
Contengo el aliento para que el ruido no me escuche,
contengo el sudor para que no me sienta,
suspendo hasta donde es posible el golpeteo interno.

Los pocos ruidos lejanos nada pueden
contra el ruido de marras que me aterra.

Siento un escalofrío: el repentino canto del gallo
en otra dimensión estalla. O sea que hay otro mundo.
Tomo entonces valor, no sé de dónde, y abro la puerta.
Desaparece el pobre ruido que tenía en suspenso
el transcurrir oscuro de la noche.

Me regreso a la cama, abrazo a mi mujer
y comienzo de nuevo con mi trama. 


De: “Poeta en la mañana”



miércoles, 2 de octubre de 2019

ALEJANDRO AURA





Canción para la golondrina



La golondrina es animal corriente,
es obvia su semejanza con el torso de una mujer flaca aullando en la cama de los árboles; tocan sus plumas
más ocultas las ramas con el viento;
es obvia su semejanza
con sus piernas, sus caderas (la línea),
quizás un velo para tapar honestamente,
aladamente,
el pubis de la golondrina.

Sólo para anunciar la lluvia viene,
vuela haciendo grumos en la tierra como en el asfalto, porque no tiene prejuicios la naturaleza;
abundadora de las fuentes del canto,
acrecentadora del agua de las cacerolas,
extirpadora de los dineros del mar mal llevado a esta gruta de dolorosa entraña,
golondrina;
pero insisto,
la golondrina es animal corriente;
no de las vigas del techo hizo su nido sino
para estar atenta al doblez de nuestras horas lúbricas; espeso es el rayo de la luz
que queda entre nosotros y la golondrina
cuando estamos desnudos ella y yo,
esta pájara y yo,
esperando a que caigan las primeras gotas
para romper todo hechizo de elegancia
y partir soeces
a otra soledad
más
refinada.


De: “Alianza para vivir”