sábado, 8 de abril de 2023


MANUEL MARÍA FLORES

 

 

 

Frío

(Cuento Bohemio)

 

La tarde era triste,
la nieve caía,
su blanco sudario
los campos cubría;
ni un ave volaba,
ni oíase rumor.

Apenas la nieve
dejando su huella,
pasaba muy triste,
muy pálida y bella,
la niña que ha sido
del valle la flor.

Llevaba en el cinto
su pobre calzado;
su hermano pequeño
que marcha a su lado
le dice:
«No sienten
la nieve tus pies?
»

«Mis pies nada sienten»
responde con calma
«el frío que yo siento
lo llevo en el alma;
y el fr
ío de la nieve
m
ás duro no es».

Y dice el pequeño
que helado tirita:
«¡Más frío que el de nieve!…
¿Cuál es, hermanita?
¡No hay otro que pueda
decirse mayor!…»

«Aquel que de muerte
las almas taladre;
aquel que en el alma
me puso mi madre
el día que a mi esposo
me unió sin amor».

 

 

BRICEIDA CUEVAS

 



Miedo

 

Cómo ahuyentaríamos al miedo si no existieran
piedras.
Cómo lanzarles sillas
si también sienten miedo.
¿Hemos de sacarnos los ojos y aventárselos?
¿Y si se los pone en las cuencas y nos reconoce?
¡Cómo encomendar el alma
si huyó despavorida de nosotros!

 

FRANCISCO PINO

 

  

 

El pecho

 

Aquí cesa el clamor; ya nada canta.
Aquí el silencio su contorno imprime.
Sólo el pecho, nevado y tan sublime,
de pie puede servir a la garganta.

Ya, como con las albas, se levanta,
o, como con las tardes, se deprime;
su femenino día nos encanta;
con su esplendor de oscuridad redime.

El ritmo de lo humano él lo condensa,
cofre es de aquello que la mente piensa,
donde la eternidad se guarda breve.

Si el corazón se ofrece en esa altura,
respire en esa cima la ternura,
mitíguese mi ardor sobre esa nieve.

 

 

ALEDO MELONI

 

  

 

Divina ceguera

 

De los amores del hombre,
ninguno como el primero;
andar de asombro en asombro,
casi sin tocar el suelo.

Llevar en el alma todo
el azúcar de un Ingenio;
y no imaginar siquiera,
y no imaginar ni en sueño
que pueda haber un engaño,
que pueda existir el tedio;
creer que toda la vida
es así; un deslumbramiento.

Por su divina ceguera,
por ser tan niño, tan crédulo,
de los amores del hombre
ninguno como el primero.

 

 

LEONARDO MARTÍNEZ

 

 

 

Has vuelto

 

I

Apareces con tu madre en dos fotografías
Una nítida
enero de 1942
zoológico de Buenos aires
otra borrosa al lado de un corral de cabras
febrero de 1942
estanzuela serrana La Bebida
al este de San Fernando del Valle
Clandestinos en ambas
envueltos en disimulos
No hubo rastros de un especial cariño
Tus tíos y abuelo fueron padre y madre
Curioso preguntabas qué vientre fue tu origen
Tiempos del decoro y de la sociedad de la sangre
en los cuales
la mentira el destierro o la muerte
eran los cimientos de un orden fijo
Tu caso fue sólo ocultamiento y falsía
y un increíble amor hacia el chiquillo que eras
en el páramo de los solterones

 

II

Madre
no te busco entre los idos
Te siento dándome la vida cada hora
de pie ante el desvalimiento
que te hizo tan bella y desgraciada
La separación fue una herida en nuestras almas
a puro cielo abierta

 

III

En la maleza de la vigilia
curas tu preñez dolida
la disonancia del desgarro
el adiós diciéndote
-¡nunca tuve un hijo!-
-¡jamás amé!-
No necesitabas corazón entonces
Lo guardaste junto a los trapos de la infancia
Pero ahora brilla y no envejece
Palpita como si fueras una adolescente
volando hacia tu novio
y él hacia vos tísico y delirante

 

IV

No puedo ser inflexible o duro
Aunque el poeta diga
yo hablo con dureza a los muertos
porque hay que hablarles duro
Tu infortunio conmueve y te hace mía
desde la nochecita en que acoplados
mi padre y vos fundieron en pan de oro
los abismos
las cimas extrañas
y el paraíso de un cielo nuevo

 

V

Yo te salvo madre mía
Plenitud de las mareas
Vindicta eres de todos los vejámenes
Alabado sea tu vientre
y el fruto a perpetuidad naciendo
en los ciclos de los ciclos
Así sea

 

 


PIERRE LOUŸS

 

 

 

Bilitis


De lana viste la vecina ruda;
hay mujeres que lucen sedas, oro;
otras, con hojas cubren su decoro;
otra, las flores con primor anuda.

Yo no quiero vivir sino desnuda.
T ámame, amante, como voy. Adoro
de joyas y damascos el tesoro,
mas, no a Bilitis una gasa escuda.

Son mis labios de un rojo sin ardides;
es negro mi cabello, sin tocado,
flota libre en mi frente un solo rizo.

Una noche de amor así me hizo
mi madre. Tómame cual soy, amado:
más, si te gusto, dímelo… no olvides.