"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
martes, 30 de junio de 2026
BORÍS HRÍSTOV
El
solitario
Tiene
una cicatriz en la frente y siempre se sienta apartado.
Aun siendo alto, el hombre solitario es pequeño.
Con
su azuela los recuerdos talla o recoge plantas medicinales;
Y si no tiene nada que hacer va arrastrando su vieja manta.
Una
cabeza de caballo brilla en medio del campo y el solitario
se acerca para verla nada más: no le importa si tiene crin o no.
Mientras
los demás se desgañitan hablando de arte,
sentado en la mesa el solitario atrapa moscas para soltarlas luego.
Pero
si compone versos, sin duda dejará
una lágrima en vuestros ojos o un rasguño en la memoria.
No
le falta un hogar ni una sopa caliente, pero su vida es
tan inútil como un trasto tirado al fondo del pasillo.
Y
aunque su casa se vuelque con el tejado hacia abajo,
aunque coma cenizas, jamás implorará.
¿En
qué fuego ha ardido, bajo qué plancha?:
para saberlo tendrás que beber mucho vino en su compañía…
Así,
caminando con una mancha en la camisa limpia,
el solitario se pierde entre la multitud como un abalorio.
En
una de sus manos lleva un libro para su alma enferma
y con la otra el solitario aprieta una soga en el bolsillo.
De: “El
solitario”
BERNARD SPENCER
En
el camino
Nuestro
techo eran uvas y las amplias manos de la vid
mientras nosotros dos bebíamos en la sombra entreabierta de las viñas
de la Francia de la cosecha;
y adondequiera que condujera el camino blanco poco podía importarnos,
nos había llevado allí,
al emparrado construido en la ladera de un valle donde el tiempo,
si es que el tiempo existía todavía, era aquel río
de corriente tan profunda que al mismo tiempo
fluía y permanecía.
Nosotros
dos. Y no faltaba nada en el mundo entero.
Es después cuando uno lo comprende. Olvido
el año exacto o lo que dijimos. Pero el lugar
arde para toda la vida con luz de mediodía. Allí están la rústica
mesa y los bancos dispuestos; más allá del río
bosques suaves como nubes caídas, y en
nuestro vino y en nuestros ojos recuerdo otros mediodías.
Es mucho decir: no faltaba nada;
río, sol y hojas, y yo construyendo
palabras para decir “uvas” y “su piel”.
PERCIVAL EVERETT
Do
sostenido menor
1
Estos
bailarines se relevan. No hay otra
manera de mantener el ritmo. Los bailarines
inscriben sus nombres en el tiempo, con el tiempo. Son
bailarines, después de todo, después de todo
2
lo
dicho y hecho, después de todo lo
bailado y cantado, contado y
asumido, como una mula que siempre
tira, que siempre lleva su carga.
3
Estos
bailarines, con sus contorsiones,
sin querer plegarse de esta y aquella
forma sobre esta superficie móvil.
Estos
bailarines: los amamos, los
odiamos, los miramos anudar el ritmo a la
tonalidad al movimiento al amanecer y el crepúsculo.
De: “Sonetos
para una tonalidad perdida”
Versión
de Mariano Peyrou y Daniel Peyrou
ALFREDO ZITARROSA
Canto
de nadie
Milonga,
estabas temblando
en mi corazón;
acurrucadita como un niño
acostumbrado al dolor
Carne
de otras milongas, vos sos,
canto de nadie
y en el mismo aire
te crecen dos alas de consolación.
Llena de hondos silencios
memoria cruel del amor,
sos mi flor de cartón,
rosa entregada con cada canción.
Milonga, aquí en la guitarra,
estrujándola,
hay una mano blanca
que viola y arranca tu rosa y se va.
Fue
tan fácil robarte esa flor
que ni la mira;
la huele y la tira,
sus ansias suspiran por otra mejor.
Muñequita de alambre,
tu emocionada canción
no es más que una ilusión,
sangre sin hambre, dolor sin dolor.
Gajito de enredadera,
milonga fiel,
ya no hay quien te quiera,
no es de primavera tu flor de papel.
EMILIO ORIBE
La
estrella polar
El
navío pasó hace muchos días
la línea ecuatorial.
Esta
noche,
en vano hemos buscado por el cielo,
a la Osa Menor con su estrella polar.
La niebla oculta todo el horizonte
al subir desde el mar.
Hace
noches que vamos entre brumas.
Quedó, en mi país, la Cruz Austral.
No enciende
ya en mi frente su cuádruple fanal
para guiarme!
El
candelabro astral
de cuatro luces…
Mas
la estrella polar
nos espera en el norte.
La veremos
muy pronto sobre el mar.
Media
noche. El espacio se hace diáfano
en la invertida copa tropical.
Hacia
occidente,
la rueda gigantesca zodiacal,
pasa girando con sus doce carros
colgantes, por el aire de cristal.
Toman
asiento en ellos las estrellas
y en tanto que unas bajan, otras suben,
y alzan alegre coro musical,
como las niñas en la rueda aérea
de un parque provincial.
¿Qué
pide el corazón sino silencio?
Como
ya no tendré las fieles llamas,
de mi altísima cruz para rezar,
no escucharé aquel coro de los cielos,
y buscaré la estrella
polar, para soñar.
Que
no me niegue Dios la lumbre nórdica
que nunca he visto en mi interior brillar!
Quiero,
en vez de las cuatro
joyas crucificadas que he perdido,
solamente la estrella polar,
para soñar…
INMA CHACÓN
Herida
(Para María Gutiérrez Luengo, mi madre,
que murió el 3 de septiembre de 2020,
el mismo mes que mi padre,
después del confinamiento que comenzó en marzo.)
Se
cerraron las puertas del mundo de repente
aquel marzo sin flores
ni
esperanza de abril
ni velos blancos de mayo
ni verano.
Y
nosotros echamos todos los cerrojos
de tu casa
para intentar salvarte.
Debías
sobrevivir.
Y lo hiciste.
Resistir
no es vivir sin miedo en las espaldas
sino seguir erguido
y acostumbrarse al peso
aunque el centro de la Tierra se empeñe en su trabajo.
El
triunfo no está en salir ileso
la
herida forma parte del binomio
que marca el principio y el final de la batalla
después
hablarán las cicatrices
memoria
del dolor y de la sangre.
Vencer
es asomarse al precipicio y construir un puente
ignorar la obstinada invocación a la hondonada
y cruzar mirando al otro lado
mientras continúa viva
y seductora
la posibilidad del salto.
Porque
volar no es suspenderse en el vacío
es conseguir que las alas se desplieguen
capaces de impulsarnos
para llegar incluso hasta las nubes
sin levantar los pies del suelo.
Y tú
lo hiciste.
Resististe
con nosotros
te asomaste a la ventana
y te lanzaste al vuelo de las palmas
repletas de agradecimiento
y
venciste.
Saliste
del encierro
con alguna que otra cicatriz
pero venciste.
Triunfaste.
Era de justicia que lo hicieras.
Pero
te esperaba septiembre
terco, como siempre,
implacable
decidido a no caer en ninguno de los trucos
que inventamos para ti.
De: “Fronteras”
lunes, 29 de junio de 2026
BORÍS HRÍSTOV
Tristeza
Adónde
ir, dónde escondernos en la ciudad,
en esta sala estival de espera.
Ni un ave se atreve a cruzar el aire;
si la chasqueas, cualquier piedra se encenderá.
Transcurren
lentas las horas de la tarde,
como si alguien aprendiera a tocar;
y se quiebran contra los barcos azules
tatuados en nuestro pecho.
Bajo
el sombrero ardiente del sol
de dos en dos sin fin erramos,
con la espera eterna y triste
de pensadores de provincia.
Se
seca el río, pero seguimos plantados
en el silencio fervoroso del puente.
Y largamente filosofamos, discutimos
sobre la flora y fauna del océano.
De: “El
solitario”
BERNARD SPENCER
Parte
de la abundancia
Cuando
ella lleva la comida hasta la mesa y se inclina
—haciéndolo por amor— y sirve la sopa con su buen
olor que hace cosquillas, o el frito guiñando desde el fuego,
y yo levanto la vista, quizá de un libro que estoy leyendo
o de otro trabajo: hay una importancia de la belleza
que no puede explicarse por el aquí y el ahora,
y me asalta, aunque nunca separada de la bienvenida
de la comida, ni de la gracia de sus brazos.
Cuando
pone un manojo de tulipanes en una jarra
y vierte agua y aparta hacia un lado
los tallos erguidos y las hojas que se oyen crujir,
o los afloja, o los sostiene en alto para mostrármelos,
de modo que veo el enredo de sus cuellos y cálices
junto a los rizos de su cabello, y el cuerpo contra el que reposan,
y el tallo de la pequeña cintura alzándose
y floreciendo en la forma de los pechos;
Ya
sea trayendo las flores o la comida,
ella ofrece abundancia, y es parte de la abundancia,
y ya la vea inclinándose, o apoyándose con las flores,
lo que hace es tan antiguo como los siglos, y ella no es simplemente,
no, sino hermosa de esa manera.
PERCIVAL EVERETT
18 Molto allegro
Fa menor
Un
calabozo, una fosa,
Una almohada sin cabeza
Esfuérzate
hasta el descanso, anhela
Ese hoyo
Ese
final, hondo, hondo,
Ponedme con la cara hacia abajo
La
luz baja, la oscuridad
abajo en ese hoyo
El
hoyo donde
El agua es llana
De: “Sonetos
para una tonalidad perdida”
Versión
de Mariano Peyrou y Daniel Peyrou
ALFREDO ZITARROSA
Dile
a la vida
Para
tanta soledad me sobra el tiempo;
dile a la vida que viva;
tu recuerdo no se muere ni yo siento
más que penas conocidas.
Para tanta soledad me sobra el tiempo;
dile a la vida que viva.
En mi alma muchas veces un momento
se abre una puerta dormida,
yo no sé si sacudida por el viento;
sé que se cierra enseguida,
y en la celda donde vivo
siempre encuentro tus flores desvanecidas.
Cuando
volvamos a vernos
no sangrarán tus heridas;
yo he pagado tu dolor con el infierno,
tu amor con toda mi vida.
Para tanta soledad me sobra el tiempo;
dile a la vida que viva.
No me traigas esas flores ni preguntes
si te arranqué de mi vida,
en la negra oscuridad donde te hundes
mi corazón te vigila.
No me traigas esas flores ni preguntes
si te arranqué de mí vida.
Tus amores, nuestro amor y el
pensamiento,
son canciones enemigas;
yo sé bien cuáles son mis
sentimientos,
no quiero más despedidas.
Para tanta soledad me sobra el tiempo
y el tiempo sí que te olvida.
Cuando volvamos a vernos, etc.,
dile a la vida que viva.
EMILIO ORIBE
Invocación
del poeta a la noche
Noche,
profunda noche, dame tu leche eximia
para llenar con ella la copa de las rimas.
Noche,
pánica noche, dame tus uvas negras
para colmar el vasto lagar de las ideas.
Noche,
orgullosa noche, dame tu ceño adusto
para imprimirle eterno carácter a mi orgullo.
Noche,
insondable noche, dame tu sombra enorme
para estar defendido del odio de los hombres.
Noche,
callada noche, dame tu astral semilla
para ilustrar el barro de la esperanza mía.
Noche,
virgínea noche, dame tu himen perfecto
para arrojarlo al fondo de mi fe, y esconderlo.
Noche,
cóncava noche, dame tu curva etérea
para hundir en los cielos las luces de mis flechas.
Noche,
gallarda noche, dame tu pelo undoso
para llorar a solas ocultándome el rostro.
Noche,
materna noche, acógeme en tu seno
para encontrar más pronto la aurora que yo espero
Noche,
¡gigante noche! tú me darás mi aurora.
Más que todos tus dones, ¡quiero esa luz gloriosa!
Si
no me das la joya que germina en tu entraña,
noche, egoísta noche, mejor no me des nada!
Ya
te lamentarás, si no me satisfaces.
Ya te lamentarás por siglos a millares.
Oh,
noche, pues, verán tu perenne desgracia
las esfinges que obstruyen el camino del alba.
¡Oh
noche! Yo te invoco y dicto mi sentencia:
si no me das mi aurora, quedarás sin estrellas.
Pues
rasgaré los bordes de tu urna invertida,
antes de tiempo! ¡Triunfe la eternidad del día!
INMA CHACÓN
Proemio
Volverán
a dibujarse las estelas
en el azul del tiempo.
Volverá
la espuma a dividir el horizonte
entre lo que se quedó por vivir
y lo vivido
entre la caricia del sueño
y el abrazo del agua:
el mar
(estrecho
para las manos amigas
y prohibido
para los que no pueden rozarlo con los labios).
Volverá
el viento que nos mece
y nos arrastra
la
luna
en cuarto menguante y retadora
los
dragones alados
el
foso navegable
que nos protege de miedos antiguos
la
frontera
donde nos golpeó la visión de la miseria
el
laberinto
donde nunca nos perdimos
con su olor a especias
y a sherezades
que no vivieron las mil y una noches.
Volverán
yo sé que volverán
la
memoria será generosa
como siempre
y guardará el perfume
de todos los frascos derramados.
De: “Fronteras”
domingo, 28 de junio de 2026
PAULA F. LUPIÁÑEZ
Hija,
no estás hecha para encoger
«No pides mucho a la vida, solo que sea benévola con
ella».
Pablo García Casado
Hay días
que parezco
un hombre sin fisuras
y otros que parezco
mástil sin banderín.
La radio dice «sol»,
me afeito sin latido,
el lomo en su mordida
me recuerda que soy.
Otros
días, en cambio,
no encuentro bien el grifo,
se me cae la cuchara,
la vejiga me esquiva,
camino como un tren.
No
hago drama. Respiro,
me limpio con cuidado.
Meo dentro de un frasco
lo etiqueto «paciencia».
Ella aún no sospecha
o eso quiero creer.
Limpia bien los cristales,
no sé qué está leyendo,
se ríe con el móvil,
sé que la acecha el amor.
«Ojalá no tropieces donde yo».
Hija, te digo quedo:
Cuidado con los clavos
que prometen ser casa.
Hija, quiero decirte,
esa grieta de azúcar
que escondes tras la mueca,
yo también la he sentido.
Te
quiero sin escándalo
y así́ quiero avisarte:
Hay amores, hija,
que envuelven en celofán,
hay quien quiere con moho,
con gramática estrecha.
Escucha,
no aceptes
afectos sin barandas.
No te metas en bocas
que no saben la forma
de entender tu manía.
No estás para ceder
el vientre a quien escucha
sólo con la saliva.
Si debes traducir
cada golpe de pecho,
no es amor: es faena.
Si el amor no te nombra,
si no ajusta tu pieza,
si te pule con prisas
no es amor: es taller.
Que no te quieran tibio.
Que no te usen de espejo.
Que no te usen de faro
quienes cierran los ojos
cuando llegas luminosa.
No estás para morder
pan duro de su ombligo
como si fuera cena.
Que no te usen de pecho
para ensayar el lloro
sin quedarse a secarlo,
y si no saben verte
que el mundo les vomite
tu sombra en la garganta.
Hija, no estás hecha para encoger.
De:
“Pan recién horneado bajo el brazo”
GREGORIO CASTAÑEDA ARAGÓN
Palabras
en la montaña
Amigos:
desde el ápice de mi montaña os veo
Reír ahora que llanto ni risa el alma mía
Conturba. Sin rencores, ni amores, ni deseo.
De nada, mi alma es como una gruta sombría.
Y es
que es dulce este vago sueño de lo inconsciente,
La ebriedad de las horas, el pensar sin pensar…
Sentirlo todo lejos, y en medio de la gente.
Ser como un ser caído de algún mundo estelar…
Oh,
amigos: arrastrados por torturantes potros.
De inquietud, tras un áureo delirio, vais vosotros.
Sordos a las profundas palabras de la Vida.
Y en
nuestro afán inútil nunca sabréis la noble
Virtud que hizo a los fuertes de corazón de roble,
Amar las blancas cumbres donde el Silencio anida.
ÁNGEL GAZTELU
De
cómo el silencio fue sonoro la noche del nacimiento
Era
el silencio por la noche plena
al filo del feliz alumbramiento,
como rabel que de afinado suena
al menor y sutil tacto del viento.
Velaba
su Rocío la Azucena
pesando en su cogollo el firmamento;
y a su peso la nieve, ya serena,
doblaba su candor y cielo atento.
Destellando
extremadamente bella,
asombrando la esfera en manso vuelo
caía al suelo la mejor estrella.
Resuelto
en lenguas de alta plata el hielo,
era rabel de amor por la Doncella,
que adormecía en su regazo cielo.
CLEMENTE PADÍN
Soneto
He
leído el primer cuarteto
(pausa)
Ahora he terminado de leer el segundo cuarteto
(pausa)
Acabo de leer el primer terceto
(pausa)
Finalmente he leído el segundo terceto
(punto)
MAHFÚD MASSÍS
Carta
a Lukó desde el aserradero
Amor
mío, mientras duermes sola, solitaria en puerto Aysén,
fumo este oscuro tabaco a tu memoria,
mordiendo mi pipa, como si fuera el dedo de Dios,
aterido, colgado del charqui de la lengua.
El
mundo tiene una joroba lejos de ti,
y todo me miran
como locos estorninos,
como el endemoniado en medio de la tormenta.
Lejos
de ti ¡qué cielo de ratones!
¡Que año sin enero, qué ángel sin leña en la edad fría!
Y si pregunto a los transeúntes por tus ojos claros,
escucho solo el trueno de la soledad, el toro negro.
Soy
entonces un estropajo que mira la luna,
un ave
que desciende sobre tu rostro
o simplemente
un cuervo arrugado, como este firmamento con cara de viejo,
detenido en el ocaso como una flor podrida
y que mueve su paleta en el garbanzo quemado.
CARLOS PINTADO
Origen
de los nombres
Un
apellido tengo que pintado
Me recuerda el origen de los nombres.
De Asturias y Canarias ya los hombres
Mi historia conformaron. He soñado
Con un guerrero. El nombre ya no importa.
Adivino su mano en la penumbra.
Sé que me sueña. Alguna luz alumbra
La oscuridad del cuarto. No soporta
Saberme entre sus cosas. Sólo sabe
Que vengo de otro tiempo. Soy extraño.
Un oráculo dicta mi destino:
“Aquel que fuiste, eres; no hay engaño”
Nada me salva. No hay otro camino:
Entre los dos la muerte es ya la clave.
sábado, 27 de junio de 2026
PAULA F. LUPIÁÑEZ
La
hija dice, en la cocina
–Papá,
estás más callado.
Yo muerdo la tostada,
mermelada de arándano.
Contesto: Qué ocurrencias.
Ella insiste: No es broma.
Él té ya está́ listo.
Qué
sabe ella del miedo
que se mete en los huesos
y los vuelve maderita.
Me
acerca el sobre de azúcar:
una excusa para los dedos
que se acarician.
Friego los platos,
me siento un momento,
nos quedamos callados.
No
sé cómo hablarte, hija,
para que el dolor no te roce.
De:
“Pan recién horneado bajo el brazo”
GREGORIO CASTAÑEDA ARAGÓN
Ensenada
Cielo
azul
sin una nube,
mar azul
sin una vela.
Solo
la espuma
sobre la arena.
ÁNGEL GAZTELU
Soneto
Campo
claro de luna gobernado
gana y extiende mi secreto empeño,
gozo de nieve ya por siempre amado,
nadando la honda agua de mi sueño.
Que
dichoso así el cielo convocado,
dulce emigrando por su dócil ceño,
por donde va mi río abandonado,
de tanta claridad, seguro dueño.
Oh
fuente, flor de luna, sensitiva
hija del alba y su estelar sosiego
guíame por tu cielo a la deriva,
Mientras
el labio te suspira y nombra,
por tu clara provincia y flor de fuego
suéñame al amor de tu eterna sombra.
CLEMENTE PADÍN
Performance
Este
verso debe leerse de frente al público
Este verso debe leerse de espaldas al público
Este verso debe leerse caminando
Este verso debe leerse acostado boca arriba
Este verso debe gritarse
Es-te ver-so de-be si-la-bear-se
Este verso debe declamarse
Este verso debe repetirse
(ad libitum)
MAHFÚD MASSÍS
Expedición
del tiempo
Lo despistado,
lo roto, me sigue detrás como un caballo muerto.
Lo que cayó en el paño de las indecisiones,
el agua terca, y quedó tirado en el camino.
En este vaso con un perro adentro, y que bebo solitario en esta noche,
frente a resoluciones quemadas, a un ángel como si fuese de hueso,
penetro otra vez en mí, desciendo en un largo viaje,
oliendo el camino, fumándome el tabaco del alma,
o interrogando al enano que vive a espaldas de mi rostro.
Pero hay una piel negra, un tiempo de labio leporino,
algo rasgado y esencial entre esta muerte de ahora y el candado seco de otras
floraciones.
Partieron los días, como golondrinas de arena, o la amante de tristes ojos,
y cuanto intenté rescatar está como cuero tendido.
Yo te recuerdo atravesada por la jabalina del tiempo.
¡Qué largo andar! ¡Qué largo viaje para este día!
Abarcabas el espacio negro, acariciabas el hocico de las horas, y yo, tenaz,
ardiente, miserable,
retrotrayendo un azar temible, un velo despedazado en el estupor pretérito,
pero lejano, irremediable, como una nube entre la pierna abierta.
FÉLIX LUIS VIERA
Mienten
los diarios
Mienten
los diarios:
Son apenas unos cuantos los delincuentes, los asesinos en la ciudad de México
Mienten cuando dicen que ya la Ciudad apenas resulta vivible
que viene siendo un planeta ingobernable
que la sangre la satura al extremo de que las coladeras se atragantan
que los muertos en asaltos, secuestros, balas perdidas
ya no caben siquiera en la memoria más robusta
Mienten
los diarios:
aún no ha pasado nada
absolutamente nada
La Ciudad en verdad estaría en crisis
ese día en que los 14 mil niños de la calle se hagan asaltantes
cuando la interminable legión de limosneros se hagan asesinos
cuando las 12 mil putas sin trabajo se compren una pistola nueva
cuando se enrabien los 3 millones de perros callejeros
Cuando la caravanas de ciegos que cantan y piden en el Metro
comiencen a disparar al azar
cuando los cojos, los paralíticos, los lisiados sin trabajo
comiencen a restituirse sus partes arrancando piernas, brazos, narices
a los ejecutivos
Mienten
los diarios
la Ciudad es un paraíso,
cuando deje de serlo entonces no alcanzarán sus 123 cementerios
Entonces
sí:
cuando los 4 millones y medio de pobres en «extrema pobreza»
salgan dispuestos a comerse las gladiolas
cuando los 800 mil niños trabajadores tomen por sorpresa los campamentos
militares y los llenen de lápices
cuando el Sol coincida con las 50 mil toneladas diarias de basuras en la calle,
y haga la Flama
cuando el millón y medio de alcohólicos caigan muertos en la última borrachera
y se haga el hedor y el monte de miasmas
entonces sí no alcanzarían las 952 mil 700 líneas telefónicas de la ciudad para
avisar del desastre
Mienten
los diarios
esta ciudad es aún lo más cercano al Paraíso que se pueda ver
Hay
ocho mil microbuses que podrían precipitarse ahora mismo contra los jardines
hay tres millones de pistolas que nadie sabe dónde están
Ah,
entonces sí:
cuando los 536 mil indígenas que no hablan español y no tienen con qué comer en
lengua alguna
decidan asesinar en su idioma natal
Entonces
sí la ciudad sería ingobernable, caería en crisis
entonces ya no serían 200 asaltos diarios con violencia
entonces ya no serían 17 casas asaltadas diariamente
entonces ya no sería un auto robado cada siete minutos
entonces ya no serían 5 niños convertidos en niños de la calle diariamente
entonces no serían tan sólo 750 bandas delictivas en la Ciudad
entonces no serían 1,066 tianguis
entonces no serían 12 niños anémicos naciendo diariamente
Mienten
los diarios, exageran
esta ciudad está en calma
todavía no ha pasado nada.
viernes, 26 de junio de 2026
PAULA F. LUPIÁÑEZ
Cuarto
peldaño
Hoy
el brazo me escupió́ al pasar la cuchilla.
No supe si fue el jabón o la orden mal dada.
Mi cuerpo ya no firma la paz con su proyecto.
Últimamente fallo. Camino sin saber
si yo dije «camina». Hay gestos que se mueren
antes de ser del todo.
El
aire no me sigue cuando pelo cebollas.
Las yemas, como párpados, bajan su cortinilla.
Subo
la escalera, la duda me sostiene.
Al cuarto peldaño algo me dice «quieto».
No sé si es el tobillo, la médula, o el siglo.
Ayer
me miré en la ducha como quien se registra.
La sombra no faltaba, la piel seguía su curso.
La toalla estirada parecía una bandera
como
una patria perdida en su derrota.
Desde el salón cantaba su voz algo en inglés.
♪ And if I should falter
Would you open your arms out to me? ♪
Me partió́
por la mitad.
Le pregunté a la estufa si notaba el invierno.
Guardó su protocolo, no dijo, no sabia.
Me da miedo pensar que al mover los dos brazos
no ocurra lo esperado. Hay quien gime su fiebre
como un reclamo para ser oído.
Yo prefiero el sigilo: lavar sin que me vean,
comer sin hacer bulto, que nadie se dé cuenta
de cuando empezó́ el fracaso
a roerme los huecos.
De:
“Pan recién horneado bajo el brazo”
GREGORIO CASTAÑEDA ARAGÓN
La
canción del marinero
Con
la primera luz surgió la clara
canción de un marinero. Un fresco canto
que venía de lejos, de los montes
cubiertos de verdor.
Y
soplaba tan recia la ancha ráfaga,
que inquietando la voz áspera y ruda
la hacían tornar a los nativos montes
como un pájaro loco.
Así
tu alma salvaje, oh marinero
que fuiste labrador, torna a la tierra
húmeda y negra donde echaste el grano.
Y
los ramajes fértiles, regados
con tu sangre, ahora sienten la frescura
de tu canto en la brisa mañanera.
ÁNGEL GAZTELU
Paisaje
Ventana,
a la luz lanzas
tus brazos, abres tus hojas,
como un pájaro sus alas
y haces la estancia sonora.
Traes
las voces de la calle,
los ruidos de los pasos,
los perfumes vegetales:
ese
cotidiano río
de los cabeceantes carros
y los salomónicos gritos
de los pregones frutales.
Te
entregas también ventana
a las verónicas del aire,
con las familiares telas
tendidas en las solanas,
-oh polícromo oleaje-.
Allá,
a lo lejos, un árbol
derrama su alzada copa
sobre los rojos tejados:
flechando su fresca fronda
llegan azorados pájaros.
Allá
una aérea espadaña
fija su aguja de piedra,
donde tenue luz morada
quiebra el perfil de la tarde.
Desde la esquila lejana
llueve -sombra y sueño- el ángel.
CLEMENTE PADÍN
La
poesía es la poesía
P
expresión
artística
de la belleza
O
arte
de componer versos
E
expresar
lo bello
por medio del lenguaje
S
cierto
indefinible encanto
I
obra
de arte
que suspende el alma
infundiéndole
suave y puro deleite
A
h!


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