"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
lunes, 1 de junio de 2026
ALFREDO ZITARROSA
Diez
décimas de autocrítica
Vine
a cantar, compañeros,
porque era mi obligación
no negarme a la canción.
Pero debo ser sincero,
y para mí lo primero
es que era un acto del “Frente”.
Con el corazón caliente
y con la cabeza fría,
canté como suponía
que ustedes quieren que cante;
pero soy un militante
y mis canciones no son mías.
Por diferentes razones,
durante casi diez años,
he cantado desengaños,
rebeldías e ilusiones;
ésas fueron mis canciones
durante todo ese tiempo;
a algunas las llevó el viento
y otras dejaron memoria,
pero el tiempo no es la Historia
ni la vida es pensamiento.
Como muchos, he soñado
con el “Frente”, mucho antes
de que saliera adelante
como un sueño realizado.
Pero también he pecado
de ser individualista,
juramentado “anarquista”
frente a mi sola conciencia,
sin hacer más experiencia
que la de ser un artista.
Hoy siento que soy muy poco
como cantor y poeta.
Si nunca apliqué recetas
a mis canciones, tampoco,
ni más cuerdo ni más loco
que cualquier hombre prudente,
más de una vez fui inconsciente,
al ver que se me aplaudía,
de que en cada aplauso ardían
las manos de mucha gente.
Es riesgo del que realiza
su vida en un escenario
sentir que es extraordinario
el horizonte que divisa.
Pero aquél que catequiza
apoyado en las bordonas,
si cantando no razona
como cualquier proletario,
deja de ser necesario
cuando el Pueblo lo abandona.
Yo no canté para ustedes
la canción que más quisiera.
Si por un milagro fuera
capaz de inventarla ahora,
sepan que sin más demora
que la de extender la mano,
hablaría de mis hermanos,
los muertos, los torturados,
los presos, los explotados,
de “milico” y de “paisano”.
Yo no he cantado las duras
consignas del “bocamaro”*
que se riman al reparo
de este Pueblo vigilante,
ni canté el verso rampante
del poeta consagrado.
Pero más que nada, aclaro
que mi canción más madura,
será la que cante puras
razones, que ya son muchas,
del compañero que lucha
sin pistola en la cintura.
Porque este Pueblo es “bagual”
y va a encontrar el camino;
el cantor es peregrino
sonido de este caudal.
Si algo soy, soy oriental
y ése es mi mayor orgullo;
más que flor quiero ser yuyo
de mi tierra, bien prendido,
del Pueblo sólo un latido,
de su andar sólo el murmullo.
Y sé que el triunfo es seguro
mientras estemos Unidos.
Con cantores aplaudidos
no se edifica el futuro.
Siento el deber, y lo juro,
de no cantar sino aquella
canción que como una estrella
alumbre; pero tan lejos,
que no cieguen sus reflejos
al que anda oliendo la huella.
Hasta siempre compañeros!
Sepan que tenía más ganas
de decir estas “macanas”
que de cantar. Lo primero,
para mí, es el Pueblo entero,
verdadero soberano,
de milico y de paisano,
cantando para sí mismo,
que marcha hacia el socialismo
y me lleva de la mano.
MAHFÚD MASSÍS
El
desenterrado
Ira,
ira no más, en el terrible día,
ni amor, ni la gota fresca en la lengua;
apenas la vejiga rota al atardecer,
y aquella gran mirada inmemorial, amarilla,
todo cayendo detrás, en el desván silencioso.
Desenterrarán tus cartas, tus papiros helados.
Serás como Osiris ; se disputarán tu traje desolado.
Sobre tus infolios y tus manchas errantes: la leyenda.
Serás al fin un escriba serio, descomunal, recién afeitado.
Un júbilo de espadas cubrirá la entrada de ese otoño
pero estarás dormido sobre la delgada alfombra, siempre sonriendo,
estólido, feliz, oyendo otro oleaje.
OSBERT SITWELL
Orfeo
Cuando
Orfeo, con dedos veloces como el viento,
Ondula las cuerdas que brillan como lluvia,
Las aves giratorias alzan el vuelo y cantan,
Aquí y allá resonando;
Crujen
las ramas secas,
Se arrastran hojas por el suelo,
Rostros cervunos y ojos mudos
Asoman tras pantallas temblorosas
Que ocultan dientes y garras feroces
Ahora en calma.
Mientras
la música suspira por la ladera,
Los pequeños escuchan,
Llegan saltando, trotando, rodando,
Con sus suaves orejas agitándose al correr,
Sus vellones enredándose en los matorrales,
Hasta tenderse, escuchando, a sus pies.
Invisibles
durante siglos,
Criaturas fabulosas salen de sus cuevas,
El unicornio
Desciende danzante de su lecho de hojas,
Su hocico blanco aún teñido de verde
Por las hierbas de montaña que mascaba.
El
grifo, usualmente feroz,
Ahora dócil y amable,
Ha cubierto los huesos blancos de su caverna
Con un susurro de hojas húmedas y muertas;
Mientras
la salamandra, amante fiel del arte,
Titila y surge de la llama;
Suavemente ahora, y se aleja,
Enciende su orgulloso rastro ardiente
A través del bosque,
Se tiende a escuchar,
Y enfría su fiebre en las aguas del laúd.
…
Pero
cuando la ama de casa regrese,
Con su cesta,
No comprenderá.
No echará nada en falta,
No oirá nada.
Solo verá
Que el fuego está apagado,
El hogar frío.
…
Pero
el niño en el piso de arriba,
Solo, en la casa vacía,
Oyó un extraño viento, como música,
En el bosque,
Vio algo salir del fuego.
JOSÉ JOAQUÍN CASAS
La
tarde
Paró
en las eras la afanosa cuita.
Todo en la tarde se concentra y ora:
hora de ausencias sollozantes, hora
de religiosas almas favorita.
Con
largos ecos la señal bendita
recuerda al corazón que sueña o llora,
que lo inmortal en lo terreno mora,
que en nuestro ser la eternidad palpita.
La
sombra de los cerros se agiganta,
y una tristeza plácida y divina
sobre el alma y el mundo se levanta.
Símbolo
de la tarde que declina
un tochecillo solitario canta
entre el pencal su endecha vespertina.
JAMILA MEDINA RÍOS
Entre
las dos fechas de nacimiento y muerte
se
sienta a esperar
protegida como en un m/cascarón.
Me
interesa más el espacio entre
de la mujer de piernas bien cerradas
a la mujer completamente abierta
acuchillada por dos falos.
Y cuando lo deslizan de una boca a otra boca
¿qué pensará la mujer de un tiempo al otro?
ÁNGELA DE MELA
Canto
XV
Que
tu risa y tu gracia
colmen todo motivo
ten sujeto tu nombre
será tu pie y es cierto
las estatuas exigen
nos volvimos en marcha
esbelto como nada
el rural que amontonas
–sereno de mi paz–
no sabría en qué forma
pero en estas canciones
ya te habrá perdurado
giras sobre la luz
anteayer Las Antípodas
el sepia es limpio y claro
el cuarto de la casa esta pared
el océano
apoyo de palomas
un frescor alabastro
nadie ha dicho soñar
pero será amor mío
la herida entre las hojas
el dragón ciñe poco
su garfio tintinea en el cristal nevado
giras sobre la luz
qué puede ser la luz sino nobleza
entrecejo que acepto
a borbotones regresará
y pasearemos juntos echadas las cortinas.
