domingo, 26 de julio de 2026




 

ANDRÉS GARCÍA CERDÁN

 


 

Surfing la Manga

me hablas del dolor tu cabello es rubio
a qué dolor te refieres

J. F. Kosta

 

Entre las ramas de los ficus
y una señal de tráfico,
entre un anuncio de telefonía
y algunos edificios
en construcción, se alcanza a ver
allá a lo lejos
una franja de mar.

Me hablas de la sed,
de lo que amas.
Para llegar al agua,
has de cruzar isletas de cemento,
líneas amarillas
y algunos callejones
donde hacen hilera los cubos de basura,
los cactus desahuciados
y algunas tiendas de comida rápida.
Por la Gran Vía de La Manga, nadie.
Solo el silencio
dinamitado
por las motos de los repartidores.
En el vacío se equilibran
los hoteles desiertos,
apenas una luz
en un bloque de veinte alturas.
Un cartel nos invita a clases de alemán:
Die Zukunft ist da!
Los periódicos dicen que a la playa
llegan miles de peces a morir
heridos de fosfatos.
Me hablas de Anne Sexton,
de su locura deliciosa.
De fondo, un rumor.
El cartel de Surfing La Manga
se resiste a ceder la luz
que le queda del último verano.
Se alquilan motos de agua,
tablas de surf, tumbonas,
pero no todavía:
ahora todo está cerrado.
Al fin el mar,
tras la alambrada de un desguace,
como un animal gris
que se abraza a su presa justo antes de engullirla.

 

De: “El gran amor”

 

GIL COLUNJE

 

 

 

Al Tequendama

 

Héme ante ti, soberbio Tequendama,
contemplándote altivo frente a frente!
Aquí me trajo el eco de tu fama,
que dilatada de Occidente a Oriente
el orbe recorriendo, te proclama,
con la voz de su trompeta prepotente,
repercutida en los inmensos Andes,
grande – de Dios entre las obras grandes!

Y, -es cierto, ¡Tequendama-eres sublime!
Tú a mi espantada vista eres un mundo;
su majestad mi pensamiento oprime;
y al escuchar terrífico, iracundo,
tu rudo acento, que en la breña gime,
y al contemplar tu seno furibundo,
lleno de admiración, con santo miedo,
inerte, mudo en tu presencia quedo.

Tú eres el ara inmensa, solitaria,
do, lejos del mundano torbellino,
a Dios su corazón y su plegaria
se acerca a levantar el peregrino;
que si una noche de impiedad, nefaria,
ha sembrado de dudas su camino,
tienes raudal de luz, fulgente y pura
que habrá de iluminar su mente oscura!

¡Sí Tequendama augusto y solitario!
a gozarme en tu rústica belleza
vine hasta aquí con paso temerario,
y ora inclino mi frente a tu grandeza;
pues miro en tí magnífico el santuario
que en el bosque erigió Naturaleza
para que vengan a adorar las gentes
al poderoso Dios de los torrentes!

¿Quién, al verte tan grande, no se humilla?
¿Quién, al oír tu voz, no teme y ora,
y dobla respetuoso la rodilla?
Que el mismo Dios en tu recinto mora:
el dintel de su alcázar es tu orilla,
que el verde bosque en derredor decora;
El en la tempestad su trono asienta,
y esa es su voz, la voz de la tormenta!

¿Hálito del que anima a la Natura
no es, Tequendama regio, tu neblina?
Tú ocultas el aljófar de la altura:
la lumbre de los astros diamantina;
tú robas a la luna su hermosura;
tú oscureces del sol la faz divina
tú estremeces las bases de los montes;
tú llenas con tu voz los horizontes!

¡Salve, gigante, rey de los torrentes!
Tu vida es un perpetuo cataclismo
tus bullidoras aguas, imponentes,
arrebatadas siempre hacia el abismo
y surgiendo en vapor, verán las gentes:
serás eterno como el orbe mismo;
que el tiempo, con sus alas voladoras,
no deja en tí la huella de sus horas!

Mas ¿dó me lleva mi delirio insano?
¿Eres más, orgulloso Tequendama,
que un átomo mortal? -La misma mano
del que en tu seno con amor derrama
la vida con su aliento soberano,
apagará de tu vivir la llama
y entre tus ruinas ahogará tu grito;
que El solo es el eterno, el infinito!

¿Oh, hermoso Tequendama!, si un momento
parecióme escuchar de Dios airada
la voz de trueno en tu terrible acento;
si el dosel al mirar de tu cascada,
en ella vi de Dios el regio asiento,
fue ilusión de mi mente entusiasmada…
Dios colma con su aliento la Natura;
pero no habita aquí mora en la altura.

Tú no eres de Dios, belleza indiana,
el refulgente alcázar de diamante:
tu pompa tropical, americana,
el rugir de tu voz, fiera y tronante,
y tu niebla sutil, que en la mañana
se eleva al cielo en espiral gigante,
son la ovación magnífica, esplendente,
que ofrenda al Creador un continente!

Al levantar osado a las alturas
Fantástico el vapor de que las pueblas,
tú del sol las espléndidas llanuras
oscurecer pretendes con tus nieblas;
pero él, al desceñir sus vestiduras;
deshace con su brillo tus tinieblas;
que, si audaz tu vapor se eleva inmenso,
es delante del sol un leve incienso.

¡Mas ah! nó, ¡portentosa maravilla!
Tú eres gigante como el orbe mismo!
Yo otra vez detuviérame a tu orilla,
si oprimiera mi frente el esceptismo,
a contemplar tus nieblas sin mancilla.
a penetrar en tu horroroso abismo,
para mí manantial en luz fecundo,
porque me llevo en tu recuerdo un mundo!

 

 

 

ÁLVARO OJEDA

 

  

 

5

 

Uno no está aquí
para tener esperanzas
dice un periodista
hasta mayo el calor
hará estragos
dice un meteorólogo
hay que cuidar el déficit fiscal
dice el ministro de turno
la expresión económica del orbe
pesa tanto y tan poco
como el estertor sincronizado
de Esther Williams rozando el borde de la pileta
mucho antes se sumergió luego nadó y flotó
todos la vimos en el cine
y fue muy divertido y sonoro el silencio general.

Pero quien emerge de la pileta
ni es una sirena
ni deja de cantar.

Coloco la voz mientras camino
una plaza
unos niños
dos mujeres que charlan
describen la impostura
sin conocerla.

 

 

MERCEDES VIAUD ROCHAC

 

  

 

Tarde de concierto

  

Tarde de concierto…
me entregaste a la nostalgia
de sus palabras
y a la infinitud de su mirada.

Tarde de concierto…
llovieron sobre el teclado
de su corazón,
azogues paralelos
en vibraciones monosílabas.

Tarde de concierto…
prolongada en la luz de las estrellas
y adherida al canto tonal
de las cigarras.

Tarde de concierto…
en que nacieron muertas
las begonias,
porque trinó tarde
la lluvia de sus ojos.

Tarde de concierto…
acaso haya quedado una nota
en la clave de su oído,
para hacer con ella
un caracol vitral.

Tarde de concierto…
escapada para siempre
de mis manos,
tendida en el río de sus palabras
y anclada al muelle de su corazón.

Tarde de concierto…

San Salvador, 1933.

 

 

JACQUELINE GOLDBERG

 

 

 

situarse
donde no dé el sol

en el hábito

aquí
se gime a destajo
por unos
por otros

aquí
a salvo
quiere decir
granizo
murmullo
fuente

todo
lo que nos hace
frágiles e incorrectos

  

De: “Melanoma”

 

ARTURO BORRA

 

 

 

 

[Sabiduría 1]

 

yo no sé quién sabe qué
qué yo/ quién
decime vos que vas preguntando
sin voz

vos con tu no saber
qué podrías decir
tu no yo
nadiando
sin nadie
en la pregunta

tanto vos/ tanto yo
para urdir una respuesta
rompiéndose
en cada silencio
sin saber
cómo

tanto no
y no sabemos
y yo no sé
y vos no sabés
quién sabe

VIVIR

  

De: “Desde lejos”