jueves, 9 de julio de 2026


 

JUAN PABLO ZAPATER

 


 

Entras al mar
y vuelves a sentirte
pez en el agua.

 

De: “Yodo en los labios”

 

JUAN MARÍA OLIVER

 

 

 

 

El ensueño

  

Sueña más, sueña mucho, y siempre…
Oye: el ensueño tiene sublimes armonías.
El ensueño es un pájaro de plumaje de seda
Que solloza en las tardes dolorosas y dulces
Las baladas extrañas del país de la niebla!

Él se abisma en las noches melodiosas, y llora,
—Bardo triste y enfermo,— su nostalgia suprema
De la luz; y en la tarde apacible del huerto
A la sombra le rima su divina tristeza…

Él es el artífice magno que enciende en la arista
De las claras y vividas gemas,
El iris que evoca las cortes lejanas de Oriente,
Los cuentos radiantes y antiguos, las pálidas reinas
Y los magos que exploran en torres sombrías
El eterno desfile de astros y azules estrellas…

¡El ensueño es un pájaro azul que comprende
El secreto del bien y del mal de la pena!
Él vuelve á tus manos sus ojos tranquilos
Y al mirar el blancor de tus manos recuerda
El marfil de los Cristos dolientes, amargos y tristes,
Que guardaban las viejas abuelas
Con los largos rosarios benditos, y antiguas
Estampas de santos y mártires de rostros de cera.

El vuelve á tus ojos sus ojos tranquilos y puros,
Y al ver en tus ojos esa luz que estremece y apena,
Recuerda las claras pupilas mojadas de llanto
De las pobres hermanas mendigas y enfermas
Brillando indecisas en la honda penumbra
De las grandes y azules ojeras.

¡El ensueño es un sabio que conserva en los labios
El sabor agridulce de la fruta suprema!

¡Oh extraña sombra taciturna y doliente
Que mi verso proteges, que mi huerto atraviesas
En la desolación de la tarde, — como una
Divina encarnación de mi fe y de mi pena;—•
Bajo las alas del Ensueño juntemos
Nuestras cabezas ebrias
Del vino de la vida, — y en la tarde que muere,
Melancólicamente, con honda tristeza,
Deshojemos las rosas purpúreas de los besos,
De los besos que sangran y al morirse se quejan
Como divinos pájaros que en la paz del crepúsculo
Riman una sonata a la primera estrella!

 

 

JORGE ENRIQUE GONZÁLEZ PACHECO

 

  

 

Por el agua que destella un astro.

  

Por el agua que destella un astro es punzante la oración de mis ojos y relucientes manzanas ofrecen su amargor a los cardos del hambre que saborea tu tarde.
Cascada te vuelves al continuar yo triste. Papel dentado tras la serpiente cruje vientos que ladran su horror desde el espejo, todo sobre mi sed marchita. Brillan distancias aquí, ahí, en lo oscuro enciendes las palomas y esferas rozan la cicatriz del holocausto.
El azar del cuerpo circunda entre nieves azules. No lo
invento me ha bebido tu flor… alegre flor sobre páramos ausentes de sueños inmóviles en la flecha ciega, marmórea además al naufragar mi espanto.
Tú me tenías más allá de la suerte, dormida en ríos, en ámbitos dilatados, en sepulcros brillantes como brasas, como labios: me clavan sin pena su cruz de lodo, tenue se yergue y de la voz estatuas nacen, detenidas también al precipitar los abismos en el rincón ocultamente insomne donde el hervor detuvo mis
silencios.
¿Cuál calzada de la ciudad quiebra estos antes, estas uñas, estas estacas, estos signos; temidos desde el vuelo sin luz que me nombra –oculta luz en la gracia de tus desafíos-? La ciudad húmeda entonces me ha de recibir. Caminaré sus años viejos en mi trauma, a lo mejor gloriosos en tu distraído oro. Figura de oro que la ciudad revela.
Di, mi agua es fuego, retumba mirándonos lanzar nuestro silbido, así el otoño suspira en su fuga mientras tus venas recorren mi carne. Pero, serás aquél, y yo quien detenga tus párpados, no sólo muerden con saetas que estrellas izan, sino que cúspides crean su ancho disfraz. Evoca después en mis ojos al liberar tu canto.

 

JOSÉ MANUEL FAJARDO

 


 

Ojo de luna

 

Sigues ahí

insomne

mirando este globo hirviente de pesares

y sueños como nubes.

Eres mirada y luz

ojo y luciérnaga.

Tutelas la noche de los hombres

sus pasiones sus violencias

tan silenciosa y fría como el cuchillo que siega una vida.

Aquí abajo las sombras se mueven

todo es crepitar

el murmullo incesante de un mundo

que nace y muere

que sufre y goza en un caos

al que en vano busco sentido.

¿Cómo se ve desde esa inmensidad

tanto esfuerzo?

¿Qué significan las lágrimas y el semen,

la risa y los gritos?

¿Dejamos a nuestro paso

alguna huella

que no sea tan sólo

la efímera pisada del deseo?

¿Hay un rastro de amores

perceptible como una migración gigante?

¿Se fosilizan los odios

en el ámbar del tiempo?

¿Qué se puede sacar

de tanto mar y tanta sangre?

¿Qué se puede encontrar

en esta soledad de multitudes?

Yo te miro

ojo de luna

y en tu resplandor

no encuentro más que preguntas.

(Roma, marzo 2003)

  

De: “Perfecta sombra”

 

JOSÉ MÁRMOL

 

 

 

Existencia

  

¿puede haber ser sin su no-ser adentro?

¿música sin tiempo que la forme

y la desgarre y abra contra el eco del sueño?

¿puede haber espacio sin su vacío íntimo a los lados?

¿memoria sin olvido?    ¿superficie sin fondo?

¿vida sin muerte puede haber?

¿Dios sin apoyarse en las incomprensiones puede haber?

¿dónde poner el ser-ahí sin antes inventar

un allá-sin-nada disponible?

  

De: “Donde todo triste ruido hace su habitación”

 

ÓSCAR DELGADO

 

  

 

Canción lunática

  

La luna nueva de octubre
fragmenta en el pentagrama
gris y trémulo del río
la canción de su reflejo.

¡Canción de luna viajera
en cascabeles de infancia!

La media luna decora
la vernácula balada
de las palomas dormidas
en los aleros del invierno.

¡Lentas palomas de luna
volaron hacia mi alma!

La luna llena de octubre
toca la flor desvelada
del recuerdo con sus manos
enjoyadas de leyenda.

¡Cansadas manos de luna
deshojaron mi nostalgia!

La luna menguante moja
en aguas de madrugada
su red de canas azules
olorosas a luceros.

¡Su red de canas azules
la luna peina en las palmas!