"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
domingo, 18 de enero de 2026
ANTONIO ARROYO SILVA
Anochecen
también los artilugios.
Los árboles no están, ni los gorriones;
las palabras no llegan a la boca que las dice
ni al simple gesto
que las descodifica. Alguien se va
con la lluvia, se va y vuelve árbol
o gorrión o palabra ya sin diente,
sin canto. Lluvia blanca, árbol negro,
¿dónde la sensación de izarlos
hasta el ahogo?
………………………………………Trazo círculos allá
donde el ojo no gira y el ojo es la manzana
que vi cayendo ayer sobre el césped
y subió nuevamente a su manzano.
Anochecen
también los artilugios
y la materia azul que los sostiene
al instante de ser inalterables.
Yo anochezco con ellos
por si al amanecer no le siguiera
un precario abandono.
RALPH CHUBB
Canción
de mi Alma
¿Acaso
la forma de la juventud sin tacha no es la forma divina?
¡Hijos del amor, hoy cantaré mi canción para vosotros!
Bajo
el cielo en el rayo del mediodía ardiente, en la vega,
el sonido de la cascada precipitada;
nosotros dos solos juntos, ocultos por los árboles y la espesura;
desnudo el lascivo pilluelo, el esbelto y hermoso muchacho,
desnudo yo mismo, moreno, musculoso como un dios, el hombre rudo y resistente;
él, un ser humano plenamente formado a su manera,
yo mismo, un ser humano plenamente formado a mi manera;
ningún patronazgo entre nosotros, respeto mutuo, dos personas iguales;
él conociendo el universo, yo conociendo el universo, iguales juntos;
yo teniendo tanto que aprender de él como él de mí;
de él a mí, de mí a él, amor espiritual sexual recíproco.
Ninguna
palabra necesaria, apenas siquiera una mirada, místicamente
los miembros se entrelazan, los cuerpos se interpenetran,
los espíritus se funden.
(Apenas necesita él estar allí, es en el reino de la Imaginación donde los
verdaderos amantes se encuentran).
¡Oh lengua ardiente y labios calientes de mí explorando a mi amor!
¡Lava su garganta con el burbujeante manantial de mi verso!
¡Empápalo! ¡Apaga sus lomos con él, oh elocuentísimo!
¡No dejes parte, ni grieta sin explorar; ahonda, lengua mía de juglar!
¡Que nuestros jugos inunden y se mezclen! ¡Que fluya la lava profética!
¡Bebed hondo del amor, los dos, oh comunión sacramental,
mientras nuestras almas se encuentran y se funden!
El sudor de nuestras axilas corre sobre nuestros pechos.
¡Sean nuestros cuerpos sellados juntos, que se separen con un chasquido!
Yo seré padre y madre a la vez para ti, hijo mío, tú mamarás de mi seno.
Y tú serás madre y padre para mí, y me darás a chupar mi inspiración melosa de
tu pezón derecho y de tu izquierdo.
No dejarás porción alguna de mí sin saborear, me volveré fluido por tu causa.
Te alimentaré espiritualmente con una sustancia que hará de ti un hombre,
con la leche de la hombría divina saciaré tu alma.
Rápido, tus labios bajo mi ubre poética,
ternero de mi propia alma, tira, tira. ¡Extrae los himnos varoniles!
Pues yo soy aquel que llenará tus jóvenes venas con las semillas de toda la
futuridad.
¿Acaso
la forma de la juventud sin tacha no es la forma divina?
¡Hijos del amor, hoy cantaré mi canción para vosotros!
Bajo
el cielo en el rayo del mediodía ardiente, en la vega,
el sonido de la cascada precipitada;
nosotros dos solos juntos, ocultos por los árboles y la espesura;
desnudo el lascivo pilluelo, el esbelto y hermoso muchacho,
desnudo yo mismo, moreno, musculoso como un dios, el hombre rudo y resistente;
él, un ser humano plenamente formado a su manera,
yo mismo, un ser humano plenamente formado a mi manera;
ningún patronazgo entre nosotros, respeto mutuo, dos personas iguales;
él conociendo el universo, yo conociendo el universo, iguales juntos;
yo teniendo tanto que aprender de él como él de mí;
de él a mí, de mí a él, amor espiritual sexual recíproco.
Ninguna
palabra necesaria, apenas siquiera una mirada, místicamente
los miembros se entrelazan, los cuerpos se interpenetran,
los espíritus se funden.
(Apenas necesita él estar allí, es en el reino de la Imagenación donde los
verdaderos amantes se encuentran).
¡Oh lengua ardiente y labios calientes de mí explorando a mi amor!
¡Lava su garganta con el burbujeante manantial de mi verso!
¡Empápalo! ¡Apaga sus lomos con él, oh elocuentísimo!
¡No dejes parte, ni grieta sin explorar; ahonda, lengua mía de juglar!
¡Que nuestros jugos inunden y se mezclen! ¡Que fluya la lava profética!
¡Bebed hondo del amor, los dos, oh comunión sacramental,
mientras nuestras almas se encuentran y se funden!
El sudor de nuestras axilas corre sobre nuestros pechos.
¡Sean nuestros cuerpos sellados juntos, que se separen con un chasquido!
Yo seré padre y madre a la vez para ti, hijo mío, tú mamarás de mi seno.
Y tú serás madre y padre para mí, y me darás a chupar mi inspiración melosa de
tu pezón derecho y de tu izquierdo.
No dejarás porción alguna de mí sin saborear, me volveré fluido por tu causa.
Te alimentaré espiritualmente con una sustancia que hará de ti un hombre.
Con la leche de la hombría divina saciaré tu alma.
Rápido, tus labios bajo mi ubre poética,
ternero de mi propia alma, tira, tira. ¡Extrae los himnos varoniles!
Pues yo soy aquel que llenará tus jóvenes venas con las semillas de toda la
futuridad.
ANA PÉREZ CAÑAMARES
Cuando
ames las arrugas del vecino
la
vecina contigo adore al roble
y
sus hijos acampen en tu umbral
charlareis
de gatos y de bulbos
de
ingredientes que ya no son secretos
y de
abuelas perdidas en la bruma
os
sabréis tan hondo y de memoria
que
brotarán en la noche los gestos
como
rápidas flores de película
no
habrá lugar para el puñal ni el pánico
cuando
el cielo os cubra como seda
cuando
la tierra reciba las rodillas
el
bosque dirá acércate al temblor
mientras
las vacas se apartan
la
mosca de la muerte
abraza
mi vaho mugirá el tren
porque
temes lo que te sobrevive
pero
nada dura más allá de su relato
miedo,
cromo que intercambias
articulación
que crea caricia
escarapela
que colorea la derrota
miedo,
perro, eslabón, músculo
apestado
espejo de frágiles porcelanas
pegamento
posible de lo humano
cuando
puedas invocar al vecino en su nombre
sentaros
los dos a la humilde cena
para
qué entonces verjas y cerrojos
en
qué casa abierta moriréis juntos.
De:
“Seronda”
LISETTE VEGA DE PURCELL
La
palabra
Quisiera
ser sobre la hoja
una fuente de palabras.
Solo una exacta, precisa, única
Voz unánime de la idea
Ni presentimiento ni falsedad
Reflejo eterno de un fugaz presentimiento
Como todo pensamiento
Fija, abrazada al árbol generoso
Que de su noble cuerpo se desprende
la hoja que subsume a la palabra
De:
“Eterno movimiento”
EDWARD CARPENTER
La
visión del Amor
De
noche, en brazos el uno del otro,
contentos, plenos de gozo, descansando muy, muy hondo en la oscuridad,
¡He aquí! los cielos se abrieron y Él apareció—
Aquel a quien ningún ojo mortal puede ver,
a quien ningún ojo nublado por la Preocupación,
a quien ninguno que busca esto o aquello, a quien ninguno que no haya escapado
de sí mismo.
Allí—en la región de la Igualdad, en el mundo de la Libertad ya sin límites,
erguido como un pico elevado en el cielo sobre las nubes,
oculto desde abajo, y sin embargo para todos los que pasan a esa región
perfectamente visible—
Él, el Eterno, apareció.
EDILBERTO DOMARCHI
Una
armonia para sordos y mudos
Quiero
vivir humilde y con ternuras
ser precario y modesto a toda hora,
besar al viento, beber un breve vino
que me llene de sol y de esperanzas
acariciar la generosa lluvia,
anhelo ser enfermero sumiso
provisto de algodones níveos
que mitiguen las penas del destierro
quiero dar una taza de café
a blancos, negros y amarillos
un sorbo de mistela a policías
y a hombres proscritos de la vida
un brandy y unos dátiles a Ezra y Nicomedes
un pan con miel a los perros de Huatulame
una armonía mágica a los sordos y mudos,
un sudario a las viudas del barrio,
una baldosa, unas velas y un anillo de ágata
para todas las novias seducidas,
una máscara azul para ingenios y quijotes
a quienes engañamos diariamente
y un sepulcro muy blanco y una cruz
al prójimo que sucumbió en el mar
sin conocer la causa.
