sábado, 4 de febrero de 2023


 

ADRIENNE RICH

 

 

VII

 

De pronto ya no me parece
viable este mundo:
tú estás ahí fuera quemando las cosechas
con un nuevo sublimado
Esta mañana dejaste el lecho
que aún compartimos
y saliste a esparcir impotencia
por el mundo

Te odio.
Odio la máscara que llevas, tus ojos
que fingen una profundidad
que no poseen, que me arrastran
hasta el antro de tu cráneo
el paisaje de osamenta
odio tus palabras
me hacen pensar en falsos
bonos revolucionarios
crujiente imitación de pergaminos
en venta en los campos de batalla.

Anoche, en este cuarto, llorando
te pregunté: ¿Qué sientes tú?
¿Sientes algo?

Ahora, en la contorsión de tu cuerpo,
mientras defolias los campos que nos sustentaban
tengo tu respuesta.

 

MONTSE ORDÓÑEZ

 

  

El refugio de tu nombre

  

Desearía volar como si fuese palabra
y al tú nombrarme

hacerme mundo
y ser

lo que es el pan a los besos
una historia de amor.

  

De: “Siempre es de noche en Pyongyang”

 

JOSÉ CARLOS BECERRA

 

 

Blues

  

No era necesaria una nueva acometida de la soledad
para que lo supiera.
Navegaba la mar por un rumbo desconocido para mis manos.
Donde el amor moró y tuvo reino
queda ya sólo un muro que avasalla la hierba.
Queda una hoja de papel no en blanco
donde está anocheciendo.
Donde goteaba luceros una noche
sobre unos hombros limpios como verdad mostrada,
sólo queda una brisa sin destino.
Donde una mujer fundara un beso,
sólo árboles postrados al invierno.

Y no era necesario decirlo.
El corazón sin que sea una lágrima
puede sombrear las mejillas.

La ventana da a la tristeza.
Apoyo los codos en el pasado y, sin mirar, tu ausencia
me penetra en el pecho para lamer mi corazón.

El aire es una mano que está hojeando mi frente.
Mi frente donde la luna es una inscripción,
una voz esculpiendo su olvido.

Como humo la luna se levanta
de entre las ruinas del atardecer.
Es muy temprano en ese azul sin rostro.
No era necesario enturbiar la soledad
con el polvo de un beso disuelto.
No era necesario
memorizar la noche en una lágrima.

Labios sobrecogidos de olvido,
pulsaciones de un oleaje de mar ya retirándose,
ruido de nobes que el otoño piensa.

Hay lápices en forma de tiempo, vasos de agua
donde el anochecer flota en silencio.
Hay una rama de árbol como un brazo esculpido
por algún abandono.

Hay miradas y cartas donde la noche
puso en marcha al vacío,
a las frentes que extinguen su remoto color
sobre letras que enlazan señas de viaje.

Aquí está la tarde.
Puede enrolarse en ella quien esté enamorado.
Aquí está la tarde para designar una ausencia.

Suena en mi pecho el mundo
como un árbol ganado por el viento.

No era necesaria la tarde, tampoco este cigarro cuyo humo
puede ser otra mano evaporándose.

Invernará la noche en mi pecho.
No era necesario saberlo.
No tiene importancia.
Espero una carta todavía no escrita
donde el olvido me nombre su heredero.

 

 

PIA TAFDRUP

 

  

Cuentos de invierno

 

 

En el tren se me acerca un hombre

y me pregunta

por el libro que leo,

Cuentos de invierno, de Karen Blixen.

Soy vista

por una mirada luminosa,

no busco escondite en el paisaje

que pasa ante el cristal del vagón,

porque esta mirada no

va a caminar a otros lugares.

El libro está entre él y yo,

no se puede usar como escudo

porque de repente

nos está uniendo.

Mejor pedida de mano no la he conocido,

deja su impronta en el alma.

Es él, el que pocos días después

bajo una corona de libros verde pálida

me besará

una noche de agosto

cuando el sol caiga en picado.

Temblamos, y todas las hojas del árbol

se ponen en movimiento.

El germen de los sueños

planea

en el viento tibio.

Es él, con quien después

me casaré,

un cuento de invierno con el sol en lo alto y un frío insondable.

 

De: “Sol de salamandra”

 

 

MIGUEL ÁNGEL CURIEL

 

 

 

la nieve

el silencio.

El brillo

es apenas

para lo que dura

una palabra

quemada.

 

               [Apenas]

 

De: “Trabajos de ser sólo hierba”

 

ÁLVARO GALÁN CASTRO

 

 

Leibniziana

  

Cada no mucho tiempo me preguntas,
con una exactitud casi inquietante:
—Papá, ¿por qué existimos?, ¿por qué no no existimos?,
¿por qué en lugar de nada hay algo, apenas
algo así diminuto como el mundo,
a la vez tan pequeño e insondable?
Y yo,
que no tengo respuesta para esto
ni para otros asuntos también muy principales
—el amor y la muerte, la inestable distancia
que separa lo justo de lo injusto,
el origen del mal, sus rendimientos—,

y yo quisiera ser
un héroe cultural, ladrón del fuego
para ti, mi escuchita, un bodhisattva
señalando la luna con un dedo
de luz y de acertijo,
más allá de la vana enciclopedia,
más allá de Voltaire y de su bilis,
para ti ser un cándido derviche
de vuelta del viaje a las estrellas.

Pourquoi y a-t-il quelque chose plutôt que rien?
Porquoi il n’y a pas rien?

Yo, que siempre ando a tientas y voy siempre
pisando la dudosa luz del día,
prefiero no mentirte y te respondo
lo que dicen los héroes y los sabios,
lo que canta el poeta,
lo que callan el buda y el derviche,
por que tú sola escojas de todas las respuestas
la que más le convenga a tu zozobra.
Y añado: «yo no sé con cuál de ellas quedarme».

A veces, además, me saco del bolsillo
la pluma de un gorrión,
la concha de una lapa que el mar haya lavado
hasta el último nácar, transparente
y fina como el aire, el esqueleto
de un erizo de mar,
la cápsula aún viscosa de un azahar de China
o un grano de mostaza
y te lo muestro.
Todas estas pequeñas y frágiles nonadas
o mónadas desnudas en cambio permanente,
Kunstformen der Natur para que nunca
olvides la presencia, la extrañeza
de estar aquí y ahora en este mundo,
el mejor de los mundos imposibles.

Y riego con amor esa semilla
que te crece del alma hasta el cerebro
lenta como un coral y tan expuesta.
Porque en esas preguntas inquietantes
está la poesía que ha sido y que aún no ha sido
y ya sé que no soy un padre muy sensato.

  

De: “Plenitud y vacío”