jueves, 22 de enero de 2026


 

VERA BRITTAIN

 


El lamento del desmovilizado

  

“Cuatro años”, dicen algunos, consolando. “Oh, bueno,
¿y qué? Eres joven. Y debió de ser
una experiencia estupenda para ti.”
Y olvidan
que otros se quedaron atrás y simplemente siguieron —
avanzaron mejor porque nosotros no estábamos.
Y volvimos a casa y descubrimos
que ellos habían logrado, y los hombres reverenciaban sus nombres,
pero jamás mencionaban los nuestros;
y nadie hablaba ya de heroicidades, y nosotros
debíamos simplemente volver y empezar de nuevo.
“Arrojaste cuatro años al crisol —
¿de veras lo hiciste?” dicen esos otros. “Oh, bueno,
¡tonto tú!”
Y empezamos a darles la razón.

 

 

ALEXANDRA DOMÍNGUEZ

 

  

Barco de papel

  

Alguna vez yo fui una persona sencilla,
una persona sencilla lee sencillamente algo alguna vez,
lee El jardín de los cerezos y tiene recuerdos,
el recuerdo es ahora semejante a otra página leída alguna vez
por alguien que huye de esos mismos recuerdos.
Yo fui alguna vez una persona sencilla,
llevaba la brújula de la sencillez en el bolsillo
como el violinista lleva su soledad en el estuche de caoba,
llevaba el pájaro de la buhardilla de Verlaine,
el día que no tuvo importancia, el día simple,
el hermoso día sencillo del clarinetista yiddish
que oí una tarde, alguna vez, en Londres.
Ciertamente la vida es un barco de papel,
esa misma página de Chejov, a la deriva,
doblada como la historia de mi corazón en cuatro.

 

CARLOS RENÉ CORREA

 

 

El rostro

 

No puedo alzar el rostro
tan carcomido.
Me da pena lo mires, descubrirás su fatiga,
sus ojos de ceniza.

De la nariz, mejor no hablar.
Destruida cerca de la boca
que ha comido alimentos
para no morir en medio de la tierra.

Pero debo alzarlo, es mi estandarte
de lágrimas y lluvia.
Tiempo que urge a la ventana,
a la luz,
para contar en tu mano los años.

Mi rostro caído y levantado,
herido en el viento.
Dudo si lo alzaré el día del triunfo.

 

 

EMMANUEL HOCQUARD

 

  

Elegiable

  

“La lista debe también incluir
que tipo de café
tiene un gusto tan agradable”
Es como decir
“de esta forma
ordeno las obras de arte”
Por ejemplo, al despertar esta mañana
escuché un pájaro
silbar dos veces como un hombre.
O la tarta de ciruelas.

  

Versión Patricio Grinberg

 

CLAIRE GOLL

  


Nuestro relieve sepulcral

  

Cada medianoche, guardo en el corazón
tu rizo color azul-cuervo.
Todavía cargado
con corriente de alta tensión,
me hiere su descarga eléctrica

Yo practiqué -con pichones de ave-
el silbido de zorzal con el que me llamabas.
Y cuando ellos estuvieron en edad de volar,
me llamaste -a través de ellos-
desde todos los jardines.

En la película que filmo de ti,
la sombra de Orfeo se desliza sobre la pantalla.
De la desintegración de esta sombra
me alimento con algo de celuloide.

Cualquiera creería que estoy viva porque me muevo
pero hace mucho que estoy petrificada en el bronce
unida contigo en el relieve de Chagall
sobre nuestra cama doble de piedra.

 

MARINA ARRATE

 

 

La Dorada Muñeca del Imperio

  

1.

Es el esplendor.
Hay una oscura orfebrería radiante
elaborando una tela solar.
Para su cuerpo para su piel
bordado en pedrería de seda y chifón.

La mujer es alta, dorada y fuerte.
Sus largas manos elevan
lentos cantos abisales.

Para los círculos
del Mundo y por su imperio.

Es la estela matutina la que alumbra
su alto entramado corporal y su modo
magnífico de ser
esculpida y ser vibrante.

 

2.

Es el sistema solar.
Hay antiguas catedrales viejas cúpulas
ardiendo en el tiempo
como el oro.

Tengo un recuerdo de la Habana Vieja:
son sombras doradas en los adoquines
y puertos eternamente abiertos
como si esperaran a un Dios.

Pero me distraigo:
esta mujer es ventrílocua y hermosa.

Oh, quisiera también hablar de amor.

 

3.

La mujer es alta, dorada y fuerte.
Su desnudez parece recamada y brilla, pero
es tan suave como una amatista.
Sin embargo,
está viva y la veo.
Recostada en los espejos, devana su
paciencia peinando su rubia cabellera
y esperando el turno
para salir al escenario y pasear
la tela imperial.

 

4.

Nantés, Florencia, Atlanta y Singapur.
Son las flores de Adimanto:
la ciudadanía ejemplar.
Se pueden pesquizar aún los rasgados telares
de otra allende ciudad antigua
anteayer contemporánea:
Indiga mesopotamia
Y sus valles estelares.
Mi mirada se agiganta.
Dios, son altos lirios y llameantes
pozos circulares
rigiendo los tiempos como imperios.

 

5.

La mujer se coloca una media.
Ella acerca sus dos brazos a su pie.
Su pelo rubio cae
cae hacia delante.
Pero ella en gesto colosal
Lo ordena tras su oreja.

Torsión de su torso hacia atrás

Sus dos ávidos pequeños pezones
un instante bailan
a pleno sol.

Muñeca dorada.

 

6.

Coronas para mi amada,
coronas azules para su cabellera dorada
vasos frágiles y fuertes para sus largas manos
telas tenues y misteriosas para la seda de sus dedos
versos puros y perfectos para su boca
y películas de arroz, escapularios ardientes
roncas caracolas y locas
piedras marinas para su lujo
dorado, historias de barcos
en infinito peregrinaje
y telas y telas

en telas imperiales.

 

7.

La mujer sorprende mi mirada.
A través del espejo observo como espía
mis dos pupilas inmóviles.
Quieta, continúa su lento maquillaje,
pero ahora sé
que cuando ella gire el cuerpo hacia mí
habrá terminado la larga fiesta,
esta vieja ansiedad de parecerme,
mi profundo deseo de tenerla:

La mujer ha salido al escenario.
Es suya la palabra.