viernes, 3 de febrero de 2023


 

ADRIENNE RICH

 


III

  

Porque no somos jóvenes, las semanas han de bastar
por los años sin conocernos. Solo esta extraña curva
del tiempo me dice que no somos jóvenes.
¿Caminé por las calles en la mañana, a los veinte,
con mis miembros sobrecogidos por un más puro regocijo?
¿Me asomé desde una ventana en la ciudad
escuchando al futuro
como lo escucho aquí con nervios afinados para tu
llamada?
Y tú, te aproximas a mí con el mismo tempo.
Son eternos tus ojos, verde destello
de la hierba inocente del inicio del verano,
berro azul verde salvaje refrescado por la vertiente.
A los veinte, sí: pensábamos vivir para siempre.
A los cuarenta y cinco, quiero conocer hasta nuestros
límites.
Te acaricio sabiendo que no nacimos mañana,
y que de algún modo, cada una ayudará a la otra a vivir,
y en algún lugar, cada una debe ayudar a la otra a morir.

 

MONTSE ORDÓÑEZ

 

  

Asustar al miedo

 

Un día cualquiera
decidí hacer
un ajuste de cuentas
con mis miedos
comencé a escribir
traté de curarme
de algo que no sé que es
pero sé que tengo

Publiqué un libro
cinco reseñas
siete prólogos
veintidós poemas sueltos
y una esquela

Ahora que la vida me asusta menos
quiero crear un ministerio
de tristezas y nostalgias
nombrar a Iribarren ministro
llenar panfletos de amores fallidos
escribir instancias solicitando
los besos que no robamos
y desafiar a la soledad
mirándola a los ojos

Al cerrar
nos pondremos a inventariar la vida
a poner memoria al abandono.


De: “Siempre es de noche en Pyongyang”

 

JOSÉ CARLOS BECERRA

 

  

El deseo concluido

  

Las imágenes que emergen de tu cuerpo desembocan en esta noche que no eres tú ni soy yo quienes conversan en el cuarto de al lado y a quienes escucho completamente solo.
Concibiendo esta noche como algo inmóvil, bien podríamos ser tú y yo los que están al otro lado,
tu voz es un receptáculo indeterminado que no ha terminado nunca,
aunque en última instancia este espacio nos haya suprimido juntos y estemos allá hablando, esperándote yo rendido en la cama tibia
mientras tú regresas del baño quejándote del frío.

Porque el amor lleva consigo su propio espacio,
porque el muerto no sentirá nunca su desaparición;
la fosforescencia que se mueve sobre la superficie del deseo que ha concluido.

 

 

PIA TAFDRUP

 

  

Niños viejos

 

Una cosa es ser madre de tus hijos,

y otra

ser madre de tu madre

y aun así sentir culpa

por no tener tiempo

de estar ahí cuando lo necesita,

pero se contenta

con dar buenos consejos que ella no

acepta

porque solo quiere que le den permiso

para ser ella.

Un día ser niña

y ser consolada —

el otro arreglárselas sola y ahora

preferir apoyarse en el viento

a usar bastón,

preferir ser atropellada

a hacerse con un andador,

preferir quedarse en casa

a llevar una alarma,

preferir caerse un día

por la escalera

y morir.

Preferir morir

a ser salvada

y volver a ver a su familia

y por tanto estar lista para vivir unos años más.

 

De: “Sol de salamandra”

 

 

MIGUEL ÁNGEL CURIEL

 

 

  

De ahí surge

un tallo que se dobla.

Un tallo que sale del agua

y se dobla,

si se yergue

será el poema.

 

               [Taller de escritura]


De: “Trabajos de ser sólo hierba”

 

 

ÁLVARO GALÁN CASTRO

 

 

II

Misterios de la sabiduría
inmóvil del maestro Ttakuán

Tener no me importara
cárcel por fuera
si de la de aquí adentro
salir pudiera.
Chicho Sánchez Ferlosio

 

 

En la casa cerrada con dos vueltas de llave
se diría que ya no queda nadie
a no ser por la flauta de bambú
que sopla como el viento entre los pinos
a lo largo del día.

Acaso, rara vez, repica una campana
y se siente vibrar el gran silencio
en la mecha torcida de la vela.
Y un cuenco con arroz recién cocido
humea en una mesa.

El viento que acaricia los bancales
anegados del Tíbet.

El bien y el mal afloran como el loto, entre el fango,
si surge un pensamiento.

El odio solo daña a quien lo ejerce;
es una enfermedad de los pulmones;
impide respirar.

Mi espíritu neumático está enfermo
de rencor hacia alguien que no existe
más allá de la celda del cerebro,
más acá de la sombra del espejo.

Cárcel tengo por fuera,
cárcel, cárcel por dentro.

Mi espíritu disperso se fija en cada cosa,
se ancla en las pequeñas diferencias
—el suelo que yo piso es solo el techo
del vecino de abajo—,
el dinero, las clases virtuales,
la esperanza del día mañana,
la lista de la compra, el balance de muertos,
la tesis doctoral, este poema,
la flexión dolorosa de las piernas…
—pensar en no pensar
es ya pensar en algo—
… el clima, las mujeres, la cerveza.

El viento que sacude la cebada
en los valles de Irlanda,

I sat within the valley green
I sat me with my true love.

Debajo del ombligo, donde dicen que el hara
concentra la energía, kikai tandem,
a dos o tres centímetros del tajo
que nos diferenció de nuestra madre,
no existe ningún centro
de ventral gravedad impermanente.

El otro está vacío como yo estoy vacío.
Las manos que acarician o sacuden
también están ociosas, como el viento.
Pero no te encadenes al vacío.

Medita cuanto puedas y practica
la vía purgativa del poema,
pero también la vía del silencio.

Si bebes, bebe bien
y llora si es que lloras.

Quizá llegues un día
a la última verdad:
un sauce en el jardín,
una flor de ciruelo.

  

De: “Plenitud y vacío”