Filomela (II)
Con
hilo de navaja
en
urdimbre de silencio
lo
que tramo es casi
un
grito
casi
un canto
De: Sombras Longas
Versión de Jesús
Montoya
"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
Filomela (II)
Con
hilo de navaja
en
urdimbre de silencio
lo
que tramo es casi
un
grito
casi
un canto
De: Sombras Longas
Versión de Jesús
Montoya
Nominar
Un
crujir de alas en la palabra
cambia
de
este lado de toda metamorfosis,
Adília
Lopes dice:
“Mi
Musa antes de ser
mi Musa me avisó
cantaste sin saber
que cantar cuesta una lengua
ahora te voy a cortar la lengua
para que aprendas a cantar
mi Musa es cruel
pero no conozco otra”
La
barbarie de las transmisiones y de las pérdidas cortó aquí y allí partes de la
historia que el poema de Adília subvierte y disloca, muchos siglos después de
Ovidio y de la voz medieval anónima que se esconde en el nombre Chrétien de
Troyes. De la fábula de Esopo, vestigio aún más antiguo, sobró una conversación
entre Procne y Aedón la Golondrina y el Ruiseñor, en la mayoría de las
traducciones. Pero antes de figurar el arte épico de los aedos, Aedón designaba
otro pájaro de mentón rojo-sangre e hilo frágil de voz en un canto
entrecortado, el tordo. El corte, anterior al cuento, escindió el mismo nombre
en dos aves.
“Yo
vacilo, decía Safo, pues siento un doble pensar en mí”.
En
la lengua cortada de la poeta, una ausencia vacilante
nomina
el corte en el canto
el
canto en el
corte
la
musa
en
la plántula.
Filomela
es
aquella que ama el canto
como
la filósofa;
busca
el saber
y la
filóloga,
las
bellas palabras
en
sus palimpsestos
Versión de Jesús
Montoya
De: Sombras Longas
Hilos enmarañados
Filomela
era la hija más jovial del rey de Atenas, su voz de miel y de lira era célebre
en toda Grecia. Ella vivía en la corte del padre entre versos y telares, cuando
Tereo, el bronco rey de los tracios, vino a buscarla a pedido de su hermana,
Procne, con quien estaba casado. Pero en en vez de conducir a la cuñada hasta
su casa para una visita, como había sido prometido, este la violó en el camino.
Y para impedirla de gritar, tal vez por recelo de ver su crimen denunciado, o
quién sabe apenas para robarle lo que no podía tener
le cortó la
lengua
Filomela
hizo entonces con hilos otra voz
Ariadne
hizo de su hilo, confiado a Teseo, la salida del laberinto.
Hiló
así el fin del Minotauro, pero erró
al
confiar en Teseo
quien
después la abandonó en una isla porque temía quedarse enredado
en
la tela de sus tramas.
Penélope
deshizo del hilo
fidelidad
y
tejió en vida su propia mortaja.
Su
ardid de espera y renuncia fue entonces muchas veces alabado.
De:
Sombras Longas
Versión
de Jesús Montoya