"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
sábado, 16 de mayo de 2026
RÓMULO AUGUSTO MORA SÁENZ
El
testamento
Güeno
mijo,
según la ley
ya semos casí, casi iguales
ya le han entregado la cédula
que lo acredita como hombre.
De hoy en adelante lo que haga;
lo que piense y lo que sienta
tendrá que sustentarlo con su nombre
su brazo, su plata y su conciencia.
ISAAC ROSENBERG
Amanecer
en las trincheras
La
oscuridad se desmorona,
es el mismo viejo Tiempo druida de siempre,
solo que algo vivo salta a mi mano,
una extraña rata sardónica,
mientras arranco la amapola del parapeto
para colocarla tras mi oreja.
Rata
burlona, te dispararían si supieran
de tus simpatías cosmopolitas;
ahora que has tocado esta mano inglesa
harás lo mismo con un alemán
pronto, sin duda, si te place
cruzar el verde dormido entre ambos.
Parece
que sonríes por dentro al pasar
ojos fuertes, miembros finos, atletas altivos,
menos afortunados que tú para la vida,
atados a los caprichos del asesinato,
tendidos en las entrañas de la tierra,
los campos desgarrados de Francia.
¿Qué
ves en nuestros ojos
ante el hierro chillante y la llama
arrojados por cielos inmóviles?
¿Qué temblor —qué corazón espantado?
Amapolas
cuyas raíces están en venas de hombres
caen, y no dejan de caer;
pero la mía, en mi oreja, está a salvo,
solo un poco blanqueada por el polvo.
REYNALDO LACÁMARA
Voces
La
nube
el pájaro más voluble del ocaso.
El pájaro
nube disgregándose,
exbalación
que aspira llegar
a tierra
El arco-iris
puerta de luz bajo el agua
Se pierde lo profundo de la obsidiana
el ánfora azul,
desbocada de sueños
¡La tuya es historia fresca muchacho!
20 años
y 500 arcabuces.
Capitán:
ni la sangre más delgada
ha podido pasar inadvertida.
Mentras el destino del pensamiento
prueba
la guerra ultravioleta:
el olvido
es
el último disparo
de
la
muerte.
FÉLIX LUIS VIERA
Las
putas de la Merced
Las
putas de la Merced
serán tal vez las más tristes de la ciudad de México.
Las he visto caminar al atardecer
como una canción que quiere derrumbarse en cada nota,
más pálidas que la leche
las putas de la Merced tienen los ojos
tras cuatro cuevas
y si alguien amase a la poesía
abjurará de ella cuando vea a las putas de la Merced:
no será posible amar a nada
al menos durante 72 horas
después de conocerlas,
en la Plaza
las putas de la Merced
parecen muchachitas que han abandonado las escuelas bajo el fragor de un
bombardeo,
son las putas más baratas de la gigantesca Ciudad,
por 20 pesos averiguan cualquier entraña
sacan cualquier zumo
por 40 se juegan el sida a la Ruleta Rusa
por 60 serían capaces de montar un cadáver.
En
las pálidas tardes de la Merced
las putas pálidas en la palidez de la Ciudad empalidecida por la contaminación
parecen arbolitos que se desprenden de la tierra
o proyectiles rotos inmediatamente después del disparo.
Si
yo supiera rogar pediría un salón luminiscente para ellas
donde aprendiesen a tomar los cubiertos
a limpiarse los labios con las más delicadas servilletas según marcas
a leer de corrido
a escribirle cartas al Presidente de la República
reclamando un puesto en el Senado
o un papel protagónico en la próxima telenovela,
todas uniformadas de rosa en el gran salón luminiscente
donde tendrían hijos y lentejuelas y tarjetas de crédito
donde el agua del baño sería azul y las noches transcurrieran
en la inmediatez y el dulzor que precede al arribo a la clase media.
Si yo supiera rogar.
Las
putas de la Merced siguen naciendo
ahora mismo están naciendo cuatro
y ahora mismo están naciendo 200 hombres
que habrán de penetrarlas por unas monedas sacadas a la calle o al prójimo
dentro de 14 años.
Y nosotros aquí,
como si nada,
hablando y hablando
y hablando.
JOSÉ PARRILLA
El
canto de los pájaros
Canta
ruiseñor canta
que viene el nuevo día
que con tu cante traes
el mundo la nueva vida.
Canta
canario canta
que viene la primavera
que con tu canto divino
yo me consuelo la pena.
En
una larga porfía
el ruiseñor le cantó
al canario verde y blanco
hasta que le ganó.
Canta
porque son libertarios
al viento al sonido
a la tierra y a las nubes
a los mares y a sus nidos.
El
cuco canta de noche
y de día el ruiseñor
y yo le canto a mi madre
con mis rezos y mi oración.
Canta
ruiseñor canta
no tengas pena ninguna
que mi niño a ti te escucha
sentadito en su cuna.
Canta
ruiseñor canta
sin pena y con alegría
que con tu canto bonito
se alegra la madre mía
URIEL CASSIANI
Maravilloso
A Sugar Ray Leonard
Recorro
las calles de Nueva Jersey,
como lo harán las aguas
que acabarán con la parte baja del mundo hacia el 2067.
Quién creerá en Newark.
Yo, el maravilloso Hagler,
reino en los medianos con la disimulada calma
de quien reconoce que dura la gloria
lo que se sostiene la imagen de un relámpago
en el espacio.
He suspendido las malteadas, las donuts,
las pizzas de jamón, piña y queso.
Lo lúdico bajo la nieve de Manhattan.
Mañana anunciarán en la ciudad
que perdió el hábito del sueño,
otra velada del cetro orbital que ostento.
Enfrentaré un hombre, cuyo golpe de derecha
dejaría en estado lamentable el hígado de un caballo.
Es cascabel levantada y hacia mi destino.
Por eso la estrategia que emprendo
debe alcanzar la precisión del Rolex.
Por eso me dirijo a Saint Louis,
para aprender la eterna fiereza
con la que los búfalos embisten el alba,
—es nivel superior palpar lo intangible—.
The New York Times titula:
Heard juró bajo lapidación,
cercenarse el sexo, arrojárselo a sus perros
si ante el señor de New Jersey sucumbe.
Olvida que bebí sorbo a sorbo el honor de Roldan,
que la memoria y los pasos de Alan Minter
no volvieron a encontrar los círculos de la coherencia,
olvida que conozco el sitio exacto
donde natura le dejó al cristal.
