viernes, 31 de marzo de 2023


 

MALVA FLORES

 



Campanas de una iglesia

  

Y regresar al punto de partida
al paraíso irrespirable
la ardorosa helada inmovilidad
Blanca Varela

Uno lo extraña todo, hasta la barbacoa del domingo. El viejo trolebús que cruzaba por San Juan de Letrán.
Las palmeras que entonces fraccionaban el tiempo del verano, se fueron con el aire.
En esta capital de la Isla 50 no existen las palmeras. Las jacarandas son un remedo de árbol y es mentira que aquí haya nacido todo.
Aquí no hay pan. Miasmas que son culebras envenenan el aire, asfixian a los niños.
No se filtra la luz a las 6 de la tarde. No se escuchan jamás campanas de una iglesia.
No puedo perdonarlos. No voy a perdonarme nunca.

 

 

LUIS DE SANDOVAL ZAPATA

 

 

 

Una dama se vio en una calavera de cristal

  

En calavera de cristal se vía,
en el espejo docto escarmentaba
la que, cuando belleza se miraba,
luz mortal de belleza se atendía.

Cuando secreto fuego introducía,
una diáfana Troya se quemaba
y polvo cristalino sospechaba
la que luciente eternidad ardía.

¡Ah, dice, cómo en el cristal diviso
a lo que más eterno resplandece:
puede ser escarmiento de ceniza!

La muerte ha de morir, que como se hizo
de cristal, que a la vida se parece,
quedó la misma muerte quebradiza.

 

 

FERNÁN GONZÁLEZ DE ESLAVA

 


 

Octavas á San Hierónimo


Pelícano Hierónimo está hecho,
Abriendo sus entrañas piedra dura:
Arroyos sanguinosos vierte el pecho,
Hinchiendo á su deseo de hartura:
Abraza el Crucifijo tan estrecho
Que muestran ser los dos una figura:
Con el dolor en Cristo transformado
Está, no estando en cruz, crucificado.
Juzgaran estar muerto por muy cierto,
Y el santo vivas lágrimas derrama;
Pensando su leon que estaba muerto,
Con grande sentimiento escarba y brama:
Hierónimo está solo en el desierto
Y es Cristo la compaña que él más ama,
Mirándole los piés, manos, costado,
Está, no estando en cruz, crucificado.

 

 

GERMAIN NOUVEAU

 

 

 

Amor

  

No temo a los reveses del destino,
a nada temo, ni a la tortura,
ni a las mordeduras de serpiente,
ni a los cálices de veneno,
ni a los ladrones que huyen del día
o a sus subordinados cómplices,
si amo.
Me río estruendosamente,
no me importa la magia,
ni el florecimiento del odio,
pero de las caricias podría
hacer mi deleite, el ruido
de guerra en el tambor,
las espada en los fuegos artificiales,
si amo.
Odio mirar al gato que duerme
sin desearme mal alguno;
espero la muerte, la desgracia,
el sufrimiento y los malos tratos;
soy valiente, sin vicios, rey al
frente de mi palacio,
líder de las milicias,
si amo.
Concédeme el amor hasta que
mi pelo negro se torne lacio,
y ningún dios pueda hacerme paliceder,
si amo.

 

JULIO MIGNO

 

  

 

El hondazo

  

-¡Doña griselda!…
-¡Qué!…
-Mire vecina:
mandemeló al muchacho,
pero que venga de honda pa’ la huerta
pa’ que me mate un pájaro.

Y allá va el gringo de pelito rubio
-piel de Judas de todo el vecindario-,
y en lo de ‘ña Rufina -apuro y rabia-,
entra un poco de sol, y mucho barro.

-¡Aquél!… ¡Matalo!… ¡Negro sinvergüenza!…
¡Pegamelé un hondazo!…
¡Se me jué de la jaula en un descuido.
Con lo bien que lo trato!…

Miré a la copa; todo altanería
con rebeliones de silbido en alto,
el tordo me miró como diciendo:
«Vos tirándome a mí, siendo un hermano»?

-Y de áhi…?
-Vea… No puedo ‘ña Rufina…
¡Cómo me está mirando
-¡Su trompeta sin hiel!
-¡Doña Rufina!
vivo es que hay que agarrarlo!
-No Barrabás; si se escapó no vuelve;
¡hay que matarlo!

En el cuero ancho y fuerte de la honda
la bolita de barro
comprensiva latió´; cerré los ojos,
erré, y el tordo se escapó volando.
-Mándesemé a mudar!
-¡Doña Rufina!…
-¡Pa su casa, bellaco!
(y entró en un llanto convulsivo, mientras,
él silbó agradecido de lo alto).

¡Cuénta distancia y tiempo
van desde aquel hondazo!
¿Qué habrá sido del tordo defendiendo
su libertad de pájaro?
Lo que haya sido; soledades y hambre
pudo sufrir, acaso;
mejor es el imperio de la nube
que dormir y comer… pero enjaulado.

Tordo de mi niñez, hermano mío,
hombre, entendí la rebelión del canto.
El sol declina ya, pero no importa;
aún hay fuerza en mis alas… ¡te acompaño!

 

 

THOMAS M. DISCH

 

 

 

 

Gran Terminal Central

  

¿Cómo ser desdichado
cuando se ve lo alto
que está el techo?

¡Hombre!
¡qué alto está el techo!
¡alto como el cielo!
¿Quiénes somos nosotros, entonces
para estar melancólicos aquí?

Vaya,
si ni siquiera hay espacio
para morir, querida mía.

Esta es la tumba
de algún gigante tan grande
que si nos
engullera no sentiría
ni siquiera buen sabor.

Oye,
qué desperdiciados
quedaríamos entonces
tú y yo.

 

jueves, 30 de marzo de 2023


 

MALVA FLORES

 

 

 

Azoteas 

Hay que subir siempre. Eso es el destierro,
una cuesta, aunque sea en el desierto.
María Zambrano

 

Perder el pie, el piso, la cadencia del salto; quedarse parado en la azotea. Sí. Así. Solos en la azotea, entre ropa tendida como cuerpos exangües y todas las viejas cosas de las que te desprendes porque no quieres ver lo que pasó, pero las guardas, las metes en cofres, en cajitas, hasta en bolsas de plástico. Las guardas.

Lo que pasó es sencillo. Te equivocaste. Perdiste el pie, el piso, la cadencia del salto y viniste a parar hasta esta isla suspendida en el azul blanquísimo de una tarde brillante: esta eterna azotea.

 

 

ÁNGEL MARÍA GARIBAY

 

 

 

 

El Tepozan

 

ENFELPADAS de nieve y de verdura
nigricante tus hojas, que trepidan
a cualquier viento, a reposar convidan
bajo la oliente paz de tu frescura.

Algo robas, tal vez, a la ternura
de los gorriones que en tu fronda anidan:
si el viejo nido en tu ramaje olvidan,
algo también te dejan de amargura.

Solitario, a la orilla del sendero,
o, en los eriales, lánguido y sombrío;
junto al arroyo, sin cesar parlero,

o, al borde de la mies, amable y pío,
siempre invitando estás al pasajero
y él te desprecia, como al canto mío.

 

 

FERNÁN GONZÁLEZ DE ESLAVA

 

 


 

Otro

  

¡Oh qué buen labrador, bueno!
¡Qué buen labrador!

¡Ah! labrador excelente.
Decláranos sabiamente.
Tu labor y tu simiente
¿Qué significa, Señor?
¡Qué buen labrador!
Todos los hombres nacidos
Aperciban los sentidos,
Oiga quien tuviere oidos.
Oirá divino primor.
¡Qué buen labrador!
Salí con mi ser divino
Del Padre do estoy contino,
Y al mundo, manso y benigno
Vine á hacer mi labor.
¡Qué buen labrador!
Vine á quitar la neguilla
Y á dar divina semilla,
Y en la Virgen sin mancilla
La sembró divino amor.
¡Qué buen labrador!
Sembré en el Ángel primero,
Y esta cayó en el sendero
Porque dijo: por mi quiero
Igualarme al Criador.
¡Qué buen labrador!
Y en Adán la sembré yo,
Y esta entre espinas cayó,
Cuando del mando excedió
De su Dios y su Criador.
¡Qué buen labrador!
En los de ley de Escriptura
Sembré el grano de la altura,
Y cayó en la piedra dura.
Porque le faltó el humor.
¡Qué buen labrador!
Viendo cuán mal acudia
Esta labor que hacia,
Acordé por mejor via
De sembrar la ley de amor.
¡Qué buen labrador!
Tomé la Cruz por arado
Do mi cuerpo fué clavado,
Y allí fué el perdón sembrado
Del que á Dios fuese ofensor.
¡Qué buen labrador!
Los bueyes fueron, cristiano,
El ser divino y humano,
Que con amor soberano
Uncí con la Cruz tu amor.
¡Qué buen labrador!
Los clavos que me enclavaron
Son coyundas que me ataron,
Con las cuales te sacaron
De la cárcel del dolor.
¡Qué buen labrador!
La lanza fué el aguijada
Que en mi cuerpo atravesada
Abrió la puerta cerrada
De la gloria al pecador.
¡Qué buen labrador!
El yugo suave y leve
Que al que hace lo que debe
Yo le ayudo á que lo lleve
Y soy premio á su sudor.
¡Qué buen labrador!
De piés y manos atado
Me tienes hombre culpado;
No temas, que ya he trocado
En clemencia mi rigor.
¡Qué buen labrador!
Mi propia vida sembré
Cuando en el sepulcro entré,
Y de allí resucité
En mi virtud y vigor.
¡Qué buen labrador!
Y en aqueste Sacramento
Sembré divino sustento,
Para dar por uno ciento
Al contrito pecador.
¡Qué buen labrador!
Mira, hombre, si te quiero.
Pues mi Cuerpo verdadero
Queda en divino granero
Porque te hartes mejor.
¡Qué buen labrador!
Comigo mismo te heredo,
Y al Padre voy, y aquí quedo:
Pues yo hago lo que puedo.
Haz tú algo por mi amor.
¡Qué buen labrador!
Sembrarás por tu consuelo
Buenas obras en el suelo,
Y cogerás en el cielo
Fruto de sumo dulzor.
¡Qué buen labrador!

 

SAINT-POL-ROUX

 

 

 

 

La encantadora de serpientes

À Alfred Jarry

  

Sobre el pulgar del pie, senos de proa, pública, ella se arquea desnuda: diadema a sus pies, desenrollándose al resorte de su gesto, lascivamente surgen hacia los ojos de rocío las serpientes hace un momento amodorradas, y en cuanto la muchacha se abandona al brasero de espirales, ya la multitud presiente rubíes bajo las escamas, en tanto que Satán, dueño del circo, aspira el olor del festín que se prepara en el fondo de la crápula, porque ya los reptiles han invadido la carne cincelada de flechas vivas y van a consumir el alma del ídolo que se pasma, simbólico, en su maligna apoteosis de revoluciones, un silbato de víbora entre sus labios de cereza.

 

JULIO MIGNO

 

 

 

Música de toses
acompaña un perro con auyidos largos.
Ajuera, una sombra… ¡la que nunca falta,
la enlutada vieja
que yega en invierno visitando ranchos,
por los quinchos rotos
se lo pasa espiando!

¡Ciérrele la puerta, mamacita güena,
degüeye esos perros que le están auyando:
no le reze a naides que no está pa’ rezos,
despierte los chicos con algún engaño,
porque esa ladrona de los nidos pobres
se yeva dormidos los pichones mansos!

Antes de acostarse pa’l último sueño,
yegó a sus cachorros…,
pintó en cada frente
la rosa sangrienta de sus besos malos,
y tantió los cuerpos… ¡no juera que alguno
s’estuviera enfriando!

(Sin yamar a naides, como dueña ‘e casa,
rempujó la puerta, despenó el pavilo
y apagó los marlos).

Hasta el alba güeltió la enlutada
sin poder conseguir arrancarlos;
madrugando acarriaba el solcito
su visita de luz hasta el rancho,
p’alumbrar unas alas de yelo
que tapaban el sueño ‘e sus guachos…!

 

 

GUY DAVENPORT

 

 


 

En Maratón

  

Marianne Moore saludó el campo de batalla.
Su endeble mano al borde del sombrero
redondo como un plato, de pie en pose de atención
en su mejor estilo Astilleros de Brooklyn
o como años antes Jim Thorpe y ella
izaron la bandera escolar en Carlisle.
Aquí en largas capas escarlata las hileras
avanzaron con escudos sillados, entonando
a los tambores azotados y el pífano chillando
el himno despiadado de Apolo el Lobo,
lanzas remitiendo, colas de caballo fluyendo
de cascos enmascarados con ojos de ultratumba.
Los sableros próximos y los jabalinistas
Más capas rojas, Ares salvaje en sus filos.
Las jabalinas silbaron como perdices
parejas en un monte y cayeron cual nevisca.
Los persas penetraron, barrena de avispones.
Los griegos lanzaron su estocada como el fuego
engulle un palo. Mañosamente sabios
los persas se retiraron hacia el mar
y navegaron fuertemente hasta Atenas,
la cual, el ejército griego en la llanura,
se arrodilló a sus pies, victoria de mañana.
Pero los griegos estaban allí el día siguiente
para reducirlos. Habían corrido toda la distancia
desde Maratón, veinte millas, en bronce.
Hace dos mil cuatrocientos cincuenta y cinco
años. Hay cosas que uno nunca debe
dejar incompletas, como venir de Brooklyn
durante la vejez para saludar al ejército
en Maratón. ¿Qué son los años?

 

miércoles, 29 de marzo de 2023


 

MALVA FLORES



 

Heliotropo

  

—Que no es la mía, repito.
—Y tú, ¿a dónde vas?, me dice un hombre que quiere pasar por guía
—qué guía el heliotropo
“Violetas, señorita, unas violetas”
—qué canta diamantina la voz del papagayo

Ya dejo de insistir y acepto la maleta que no es mía. Cuánto diablo sin rostro me la ofrece y tomo el equipaje sin ser Fausto.

Rash, rush, rouge

Miro el reloj de la Isla Central. Es 26 de julio y unos puercos lustrosos caminan por la calle.

 

LUIS DE SANDOVAL ZAPATA

 

 


 

Riesgo grande de un galán
en metáfora de mariposa

  

Vidrio animado que en la lumbre atinas
con la tiniebla en que tu vida yelas
y el breve punto del morir anhelas
en la circunferencia que caminas.

En poco mar de luz ve oscuras ruinas,
nave que desplegaste vivas velas;
la más fúnebre noche que recelas
se enciende entre la luz que te avecinas.

No retire tu espíritu cobarde
el vuelo de la luz donde te ardías,
abrásate en el riesgo que buscabas.

Dichosamente entre sus lumbres arde,
porque al dejar de ser lo que vivías
te empezaste a volver en lo que amabas.

 

 

SAINT-POL-ROUX

 

 

 

 

Delante de la ropa tendida por mi madre, en el pueblo

A Víctor Groulhard

  

¡Ropa tendida por los brazos de rosa de mamá…!

Primitiva prueba de la cubeta con sus cenizas de sarmiento…
Huevos nevados del jabón…
Francas bofetadas de la paleta…
Decisivas caricias del pozo…
Muy pura cuerda que va desde los acerolos hasta ese trofeo de orejas de elefante al que se parece la higuera…
Luego, las pinzas tutelares…
Y, finalmente, sobre ese flotante candor, los sutiles lingotes del sol virgen…

¡Ropa tendida por sus brazos de rosa!

Hostias…
Linos de alba…
Nenúfares de brisa…
Páginas de amapolas…
Lienzos de luna…
Pergaminos en viñetas de insectos…

¡Ropa tendida por sus brazos de rosa!

Ingenuo aroma de la lejía…
Que sube a abrir el palomar de los recuerdos…
Y se perciben gestos blancos de aparecidos en los espejismos de antaño…
Y se saborea la buena leche de rediles revueltos…

¡Ropa tendida por sus brazos de rosa!

Pues es la exposición de las obras sencillas de las mamelas de mi casa…
¡Estados de alma de mis ancestros entre la adelfa y el olivo…!
Hijo, ¿acaso emanas de la rueca o de los velos de las capelinas…?
¿Acaso serviríais de ajuar a la posteridad, venerables cabellos de antaño…?

¡Ropa tendida por sus brazos de rosa!

¡Oh, esos dedos de abuela sobre esos resaltes de abuela…!
¿Acaso chorreas, saliva laboriosa, desde esas telas sobre la verbena y las sandías?
Bravas hadas que en sueños huís bajo el emparrado en verano y ante una lumbre de cepas en invierno, ¿quedaron vuestras ensoñaciones entre sus mallas…?

¡Ropa tendida por sus brazos de rosa!

Oh pañales
Oh mandiles
Oh visillos
Oh manteles del festín familiar en el que el más anciano dice una oración…
Oh sábanas puestas en el alféizar al paso de la virgen…
Oh sudarios…

¡Ropa tendida por los brazos de rosa de mi madre!

 

Versión de Manuel Ángel Gómez Angulo

 

 

FERNÁN GONZÁLEZ DE ESLAVA

 

 


 

Al Santísimo Sacramento

  

Misterios soberanos Cristo ha hecho,
Abriendo sus entrañas de dulzura,
Arroyos de su gracia vierte el pecho
Hinchendo el cielo y tierra de hartura:
Encierra el mar inmenso en un estrecho,
Dió espíritu de vida á la figura,
Y el inefable bien y quien lo ha dado
Está, con ser sin suma, aquí sumado.
De todo nuestro mal remedio cierto,
Consuelo del que lágrimas derrama,
Leon que sobre el hijo que está muerto
Por darle eterna vida siempre brama:
Perfecta guía y luz deste desierto,
Amor que del principio al fin nos ama:
Aquel poder que todo lo ha criado
Está, con ser sin suma, aquí sumado.

 

JULIO MIGNO

 


 

Mi tierra

 

Timbó, laurel, curupí,
lindos ceibales en flor,
pago de indio mocobí;
San Javier donde nací;
no hay otra tierra mejor.

Timbó, laurel, curupí…

Sanjavielito y Verón
en mi sangre van marchando,
desato mi corazón,
lo pongo de embarcación
y lo cruzo navegando.

Sanjavielito y Verón…

Ronquidos de marejadas,
corridas de surubises,
y abriendo las madrugadas
nubarrón de crestonadas
y un silbar de siririses.

A pala corta la proa
dolorida correntada
y descansa la canoa
mientras se hace la ranchada.

Relatos de aparecidos,
política lugareña,
la crónica de un silbido
y el llegar como perdido
del que salió a buscar leña.

Cielo abierto, mosquitada,
chanzas, postas de pescao,
y al revolear la liñada
la preferencia anotada:
«pa’ la boca de una dorao!».

Corre plomo derretido
en la vena del zanjón,
y un camalote perdido
va cabeceando dormido
a dar contra un albardón.

Juega su plata la luna
sobre carpeta de estero
y se la copan los teros
a orillas de la laguna…
Por la lomada cebruna
relincha en arco un bagual,
pasa lerdo un pato real
al sesgo y a lo matrero,
y lo encandila el lucero
que asoma entre el totoral.

Silencio de narradores,
quejumbres de gallinetas,
relevo de cebadores
y un rodear los asadores
de cuchillo y de galleta.

Como anticipo de soles
en las mañanas triunfales,
cuajarones arreboles
van flamenado tomasoles
los isleros cardenales.

«Color de guitarra vieja»
salta un zorzal andariego.
La ocurrencia en la madeja
la tejió don Goyo… Cejas
mientras atizaba el fuego.

Calandria en cristalería,
boyero meciendo acentos,
pasan en la tierra mía
con sus gauchas juglarías
de emplumados instrumentos.

Amigo de mis ausencias,
de lo mejor que me queda,
aquí vengo a la querencia
y haciendo acto de presencia
pido mi trago en la rueda.

Paisanas: «sanjavielero
pa’ lo que gusten mandar»,
de aquellos que al saludar
como queriendo sembrar
van empujando el sombrero.
Paisanas, sanjavielero.

Todo del indio Mariano
y del flautista Paikí
donde es chuza de baqueano
el alarido temprano
de Miguel Lavanderí.

Timbó, laurel, curupí,
lindos ceibales en flor,
pago de todo mi amor
San Javier donde nací
tierra de indio mocobí
borracho al atardecer,
timbó, laurel, curupí
no he de morir sin volver
y he de volver a morir
en tus costas, San Javier.

Cúmplase así mi destino
después de cruzar errante
loco caballero andante
los más inciertos caminos,
sintiendo todos los trinos

con mi tumba en la barranca,
cajón de madera blanca
de timbó sanjavierino
y en tardes ensangrentadas
Sanjavielito y Verón
rezándome una oración
en sus blandas marejadas.

 

 

GUY DAVENPORT

 

 

 

La Medusa

  

es Juno de las Cintas en gelatina,
poco más, como Lyman dijo a Agassiz,
que agua organizada, el cerebro de Hegel,
en un chal de encaje, luz de luna tejida,
su cúpula de cristal líquido
sellada por suturas invisibles,
sus bolsas de espora disfrazadas de ojos
alternadas con ojos, ojo testículo,
ojo testículo, pétalo brillante,
seis sexos que florecen en seis ojos
orlados con pliegues delgados como el vino
descendiendo por la copa
cosido a la cúpula con telaraña.
Su confeti de cuarenta patas cuelga,
raíz de orquídea malar,
página de punto en plata de Da Vinci
en el murmullo y meandro de los ríos
que remolinean, espiral contra espiral,
como el pelo de Isabella de’Este.
Esta anatomía de agua
con su cuenco de cristal de sombrero
colgado con ojos sexuales y sexos ópticos
es nombrada Medusa por las amas
de la denominación, Arethusa y Ariadna,
señoras cuya suerte estaba en laberintos.
Es el Hombre Portugués de Guerra,
la ortiga marina, la medusa punzante.
Constructores con cestos de átomos
en los siete días, uniendo protozoarios
llamaron a estas jibas de légamo
barbadas con helecho transparente
La Señora Eléctrica, Venus Quintaesencial,
Jezebel en Panoplia, Hera de las Borlas.
Esta esfera graciosa cercada
y vestida en pelo de Isolda,
cangrejo tímido, improbablemente intrincado,
y por la palabra de cualquier artesano virtuoso
imposible, es cincuenta libras de agua
y cuatro onzas de carne,
es electricidad de volantes replegados,
y es transparente. Puedes ver
a su través lo que hay detrás, un pez
curvo como en un espejo con urdimbre,
o coral oprimido y estirado
por esta lente de agua gorda. Lía
para copular un estilo de engranaje
alrededor de otra que a su vez
está rodando alrededor de otra, ojo
viendo en otro ojo, semental entre la cuenca.
Es un hermafrodita y puede,
si la urgencia es grande, acoplarse con seis
al mismo tiempo y es sabido
que, con la mar picada y él tan diestro,
dispara de entre sus compañeros
dos pies en el aire.
No empolla bebés Circes sino
anémonas, flores carnívoras,
granadas del océano que
se mezclan, como sus titanes
padres Venus y Mercurio.
Acéfalas, no son seres
sino semillas de los seres,
padre, huevo e infante en uno,
huesos de agua, carne de película.
Su progenie es el pulpo fantasma
con piernas de humo, la dormida-
bifurcada-y-ojeada Medusa Cyanea,
disparo en el azul, rápido aguijón,
una ferocidad de luz
en la fría oscuridad de los mares.

 

martes, 28 de marzo de 2023


 

MALVA FLORES

 


 

Primero en todo

(Diálogo frente a un retrato de
Fanny Calderón de la Barca)

pedacito de patria que sabe
sufrir y cantar

Agustín Lara

 

—Una serie de pulcras idioteces divididas por punto decimal. Que si el puerto era el primero en todo el continente, que si aquí aposentó sus reales el magnífico Humboldt, que si vino la dama y señaló que acá todo era delabré.
—Ya puedo imaginarla, con sus ojos de asombro, sus brocados de seda y sí, esa mirada azul de no puedo creerlo. ¿Dónde vine a parar?, pensaría la señora. Buzas con el tirabuzón, escuchaban sus criadas y pobrecita, ella, con el tirabuzón pegado hasta en la frente: el piojo del calor.
—Una pocilga, sí, pero no importa. Los oriundos adoran la ciudad sobre todas las cosas y la ponen “en un pedestal más alto que a cualquier otra parte del mundo”. Ay la marquesa, en qué almohada de chinches recostó la cabeza.
—Te recuerdo que escribió sobre flores, emblema principal de la ciudad. Por todos lados, flores, y en cualquier ocasión: que si para las vírgenes, que si para los santos, que si en los tendajones, escribió.
—Sí, Fanny, (tendríamos que decirle), acá hay todas las flores aunque nadie acostumbre ponerlas en florero. ¿Para qué, si con mirar la selva se te llenan los ojos?
—¿Cuál selva? Quieres mortificarme. En una carta dijo: “Nada existe en México que parezca vulgar. Todo alcanza grandes proporciones y todo tiene un aire pintoresco”.
—¿Y ya olvidaste al gordo, al cacique gordo de Cempoala? No están equivocados: acá, la traición fue primero.
—Hablábamos de Fanny. Siempre lo cambias todo.
—Qué importa la voz de la marquesa. Si se trata de flores, la única que encuentro es la bien reputada Dionaea muscipula, Venusatrapamoscas.
—Pero, ¿ya probaste el café?
—Y tú, ¿ya te fijaste que la palabra “todo” sólo tiene su anverso? No existe un sinónimo exacto.

 

 

FERNÁN GONZÁLEZ DE ESLAVA

 

 


Canción divina

  

¿Por qué, mi Dios, me soltais,
Y soltando me prendeis?
Porque suelto no perdais
Lo que preso ganaréis.
¿Cómo siendo por quien vivo
Yendo en vos me quedo acá?
Libre quedais de captivo
Y atado en mi yugo allá.
¿Pues por qué así me apremiais.
Si premiarme pretendeis?
Porque suelto no perdais
Lo que preso ganaréis.
¿Vuestra Sangre estais vertiendo
No siendo á ley sometido?
Viértola porque pretendo
Dejarte con ella ungido.
Pues en rey me trasformais,
¿Por qué á ley me someteis?
Porque suelto no perdais
Lo que preso ganaréis.
¡Oh mi Dios! ¿qué os ha movido
A nuestra carne tomar?
El quererte libertar
Y tener comigo unido.
¿Y por eso me apremiais
Con ñudos de amor que haceis?
Porque suelto no perdais
Lo que preso ganaréis.

 

LUIS DE SANDOVAL ZAPATA

  


 

Belleza a un balcón del ocaso

  

Iluminando al occidente estaba
quien para oriente de beldad nacía,
para detener lo que a expirar corría
la esfera de este ocaso el sol buscaba.

Yo que en el occidente luz rondaba,
en un morir enamorado ardía;
el último período de mi día
luna era que mi vida madrugaba.

Desde occidente estás al sol ganando,
él da heridas fatales, fugitivo,
tú das inmóvil de salud heridas,

Orientes para piras está dando
y tú desde el ocaso, sol más vivo,
estás enamorando para vidas.

Iluminando al occidente estaba
quien para oriente de beldad nacía,
para detener lo que a expirar corría
la esfera de este ocaso el sol buscaba.

Yo que en el occidente luz rondaba,
en un morir enamorado ardía;
l último período de mi día
luna era que mi vida madrugaba.

Desde occidente estás al sol ganando,
él da heridas fatales, fugitivo,
tú das inmóvil de salud heridas,

Orientes para piras está dando
y tú desde el ocaso, sol más vivo,
estás enamorando para vidas.

 

 

GERMAIN NOUVEAU

 

 


 

Las palomas

  

El oscuro negro y el esperanzador verde
nunca aguardan la flor que baten las palomas
y a las tumbas agrada.

Ellas irrumpen desde el cielo,
cargadas de fruta, desnudas
y perdidas sus plumas en
en el viento y en los
antiguos caminos.

Esclarece el día
desde lo alto del árbol
en hermoso equilibrio.

La delicia de sus ojos
atrapa un trozo de cielo,
incuba la madrugada
en el lecho inferior del
cementerio.

Y cada árbol ahuyenta la
desesperación más enfermiza,
bajo la multitud de plumas blancas,
en medio de sus arrullos.

Estas aves, cuyas voces son hermanas,
son, obviamente, las almas
de niñas y mujeres

Cuya tumba suave brilla
en la luna de cada noche y
escribe sus gélidos epitafios.

 

 

MARCELO MOREYRA

 

 

 

Convención de mariposas

  

Revoloteando en las esquinas
son violetas ensangrentadas
ardientes lirios de vergüenza
libando las muertes del alma
gastados ríos de lujuria
muecas de pan en la mañana.

Allá en su refugio de sombras
ya no queda una mesa blanca,
curtido néctar de las horas
sin veranos para las alas
flotan sus niños sin ternura
por toboganes de la nada.

Mariposas multicolores
mirada oscura y carne blanda
dibujan sueños en el aire
aleteando en azul organza,
maldecidas por el obispo
hacen del cuerpo una plegaria.

Tras la huella de azules rumbos
justicia esquiva y sucia plata
tal vez enfurezcan un día
y cubran el sol con sus alas
quizás quemen la hipocresía
con las mundanas alabanzas
dejando sus pechos desnudos
enarbolados en la plaza.

 

HILDA CONKLING

  


 

El puente viejo

  

El viejo puente tiene una cara arrugada.
Dobla la espalda
para que nos acerquemos.
Él gime y llora
Pero no lo escuchamos.
La tristeza está en su cara
Por el pesado peso y la preocupación
de las personas que pasan.
Los árboles dejan caer sus hojas al agua;
El cielo asiente hacia él.
Las hojas flotan como pequeños barcos
en la superficie azul
que es el cielo.
No siempre está triste:
sonríe al ver caer los barcos
y a los niños pequeños que
juegan en el río

 

lunes, 27 de marzo de 2023


 

MALVA FLORES


 


No había oro

En el retrovisor de un breve instante
Henri Michaux

 

No hay más tortuga metafísica y somos, de nada, cancerberos.

Mira las flores. Míralas bien: el terciopelo en su exceso de hambre.

El polen ya no es polvo de estrellas. La duna es una falta de aire. Pero eso sí, los querubines de la fama doméstica recogen diariamente monedas de neón.

No había oro. No había siquiera vacas reales. Sólo polvo y desierto
—la palabra sin gracias.

No debimos venir hasta las islas.

En aquel otro sitio donde nos abrazamos, ocultos del ruido, aún somos verdaderos. En ese espejo alterno se besan quienes veían el sol al mismo tiempo y cubrieron también sus ojos con la mano.

 

LUIS DE SANDOVAL ZAPATA

 

 


 

Al mismo asunto

  

Ave que te llevó tu fantasía
a vagarosos piélagos del viento,
al sol, cuando calzaste el ardimiento,
las plumas del espíritu del día.

Conceden tanto mar de argentería,
entre respiración y movimiento,
cuando encendido, inmóvil, el aliento,
fuiste centella de su abismo fría.

Te derretiste, tan de luz avara,
que cuando un Mongibelo desataste,
no volviste señal de una centella;

porque la emulación no te intentara
apagar el ardor, más afectaste
perderte polvo que bajar estrella.

 

 

JOHN GIORNO

 

 

 

Simplemente di no a los valores familiares

  

En un día
en el que paseando
por la calle
veas
un coche fúnebre
con un ataúd,
seguido de
otros vehículos con flores
y limusinas,
ten por seguro que el día
será bueno,
tus planes han de tener
éxito;
mas en el día en que
veas una novia y un novio
en una ceremonia matrimonial,
estáte alerta,
cuídate,
puede ser un mal presagio.

Simplemente di no
a los valores familiares,
y no renuncies
a tu trabajo diurno.

Las drogas
son sustancias
sagradas,
y algunas drogas
son sustancias muy sagradas,
por favor ríndeles pleitesía
por en cierta manera
liberar la mente.

El tabaco
es una sustancia sagrada
para algunos,
y aún cuando tú has
dejado de fumar,
muestra un poco de respeto.

Beber
es totalmente genial,
celebremos
las cualidades gloriosas
del alcohol,
yo pasé
un rato estupendo
contigo.

Simplemente
hazlo,
simplemente hazlo,
simplemente no
dejes de hacerlo,
hazlo.

Los fundamentalistas
cristianos,
y los fundamentalistas
en general,
son un virus
y nos están matando,
multiplicándose
y mutando,
y destruyéndonos,
ahora, tú lo sabes,
hay que dar
una medicina potente
para combatir
un virus.

¿Quién va a comprar?
Buen ácido,
estoy volando,
deslizándome
y resbalando,
sorbiendo aparatosamente
y cayendo de golpe,
me estoy hundiendo,
goteando
y escurriendo,
saliendo a chorros
en tu interior
nunca
adelantes acelerando
una toma de eyaculación,
leche, leche,
limonada,
a la vuelta de la esquina
donde preparan chocolate;
me encanta ver
el sufrimiento
de tu cara.

Hazlo
con quienquiera
que quieras,
lo que sea
que quieras,
por el tiempo que quieras,
en cualquier lugar,
en cualquier lugar,
cuando sea posible,
y trata de estar
seguro;
en una situación en la que
te debes abandonar
por completo
a ti mismo
lejos de cualquier sentido.

Simplemente di no
a los valores
familiares.

No tenemos que decir No
a los valores familiares,
pues nunca
pensamos acerca de ellos;
simplemente
hazlo;
simplemente crea
amor y compasión.

Garganta de coño
y rocío de cigarro,
ese suelo
arruinaría
una fregona con esponja,
ella es la reina
de la gran alegría,
luz
en tu corazón,
fluyendo
un canal de cristal
dentro de tus ojos
y fuera
enganchando
al mundo
con compasión.

Simplemente
di
no
a los valores
familiares.

No tenemos que decir No
a los valores familiares,
porque nunca
pensamos acerca de ellos;
simplemente
hazlo,
simplemente crea
amor
y compasión.

 

 

SAINT-POL-ROUX

 

 

 

La belleza

A Jean Royère

 

No, no desciendo de la gracia divina,
Una caída del cielo no es mi camino.
Asciendo gradualmente desde el barranco inferior
Y mis alas están hechas de esperanza humana.

El sacerdote que me vende y cuyo fuego me llora
Envidioso de un yo más arrogante mañana,
Me tiende día a día al dios que adivina,
Homenaje de su frente tanto como de su mano.

El infinito me contempla perfeccionar la suma
En mi ascenso progresivo del hombre,
Amplia obra maestra de su libertad,

Hasta la hora sublime cuando, habiendo alcanzado la cumbre,
Por siempre entero, entraré en la fiesta,
Deviniendo en la esposa de la eternidad.

15 de enero de 1934

 

Versión de Mario Chávez Carmona

 

MARCELO MOREYRA

 

 


 

Bailan los ecos

  

Bailan los ecos de mi pueblo
en las callejas que se inflaman
pupilas de hierro encendido
giran sobre el humo y la nada
tejiendo risas invisibles
en las carcomidas murallas.

Cuando el sol se oculta en la fronda
y sus fibras de oro se apagan
regresan lejanos rumores
en caracoles de nostalgia
vegetal martirio de hacheros
desnudando rudas plegarias.

Lobizones de tierra adentro
lloran estrellas azuladas
sideral espuma nocturna
entre sombras que se levantan
cautivos pájaros de niebla
corazón de arena y distancia.

Por colinas resplandecientes
se fue mi niñez sin campanas
por caminos de ausente lluvia
y dioses de manos atadas
golondrinas adormecidas
en los viejos puentes del alma.

Desde entonces busco los ojos
de mi madre en las tardes largas,
desde entonces en cada otoño
en mi pecho los ecos bailan.