sábado, 12 de septiembre de 2026

 


YELITZA RUIZ

 


 


PARA HACERNOS DE TU BRIZNA hay que dejar flores y azúcar en tus bordes, Mamayuka, dulcear la laguna para agradecer la crecida de los pastos, las rollizas canillas de las yeguas. Carameleamos en tu nombre todos estos valles, pero a veces no sabes cómo defenderte de los que quieren vaciar tu casa en busca de oro. Dinos, Mamayuka, cómo te escondemos a ti y a los duendes que te cuidan del minero que las ronda, cómo cubrimos tu escama, madre agua.

¿Cómo hacer para cuidarte?

Si nuestros días penden de sus rifles.
Ellos no saben que el oro no rinde, que no se bebe.
Dales el entendimiento,
regálales un verano que les recuerde que también somos agua.

 

De: “Variación de la escama”

 

 

ARÍSTIDES LUIS

 

 


Ryuichi Sakamoto conversa con un piano ahogado.
O sobre la música que compuso con el piano encontrado después del tsunami


1.
El cuerpo de un piano ahogado

Como un animal de origami
barnizado por la sal del naufragio,
el cadáver de un piano deshace tus manos, Ryuichi,
tus manos salobres, quebradizas.

Intentas recomponer poco a poco su canción
acariciando el acero cabizbajo de las cuerdas,
la tristeza de sus martillos.
Repasas con una pequeña melodía
la línea del mar en su costado.
Montas el agua sobre su lomo,
escuchas su tapa azotándose
como herrumbre vieja,
como las costeras de Tohoku,
las notas ocultas del desastre
y el crujir de una flor seca bajo el agua,
miras los pedazos de su bastón
como una pierna reventada
por una mina en el campo de batalla.

Eres, Ryuichi, la noche de su música.

De: “Cuadro azul sobre fondo de nada”

 

 

SOFÍA OCHOLA CHÁVEZ

 

 

 

Lo que quedó de los noventas

 

Bob Ross
pinta en mi cara un paisaje
de árboles magullados
envueltos en una perfección pétrea.
Mandela fue elegido presidente,
una y otra vez,
hasta que se hizo un monstruo,
una dictadura autodenominada como mandelista,
pero eso solamente fue un mal sueño de Colosio,
justo antes de morir.
Bob Ross decía que era sencillo,
con esa voz en español súper-puesto,
y ese afro que podía haber sido una vagina.
Mi cara seguía fresca,
obedecí a un impulso incomprensible,
encendí un cigarrillo y busqué mis nervios,
mi estrés y estreñimiento,
en un tipo de depresión generacional,
inconexa en internet.
Terminé refugiada,
en una luz azul neón,
con cigarros y cervezas,
buscando a Ren y Stimpy,
recordando cuando niña,
me masturbaba mirando
algún capítulo al azar.
¿Por qué Ren y Stimpy me provocaban?
Quizás lo grotesco,
quizás las groserías aisladas,
quizás el poder revitalizante
de ser una caricatura
que podía hacerte sentir
el aroma de la pestilencia
y la ineptitud de unos brutos.
Me tiré la cerveza encima
y Bob Ross entendió
que los paisajes perfectos
eran lo más triste del mundo.
Ofreció, sin duda alguna,
hacer una pinturita de Minnie Mouse,
a lo que uno se niega, por pura dignidad.
Tomé la última botella llorando fuerte
con conversaciones sin sentido, pero
con una pequeña sonrisa de satisfacción
pasando entre mi generación
—el lugar más solo para llorar
o llevar a cuestas tus problemas—.
Mis pasos se van quebrando
y sigo diciendo que tengo un sueño,
algún sueño en algún lado.
Muevo la toga, y aviento el birrete
entre toda mi generación,
en la ciudad de los sueños rotos,
en lo que quedó de los noventas.

*

Prefiero ser un chicle de clorofila
en el hocico de cualquier vago.

 

De: “El cielo detrás”

MIGJENI

 

  

 

Blasfemia

 

Flotan mezquitas e iglesias en nuestros recuerdos,

en sus muros se estrellan plegarias sinsentido

que partirle el corazón a dios no han conseguido,

pues continúa, entre tambor y campana, latiendo.

 

Mezquitas e iglesias suntuosas en zonas miserables…

espadañas y alminares sobre nuestras barracas…

voces del muecín y el cura, su canto deleznable…

¡Oh pintura ideal, antigua, milenaria!

 

Flotan mezquitas e iglesias en mentes de creyentes.

Los tañidos se enredan con la voz del pregonero,

sobre sotanas y barbas de hoxha la virtud resplandece.

¡Oh, cuántos bellos ángeles a la puerta del infierno!

 

En milenarios castillos posan cuervos doloridos,

con las alas abatidas — seña de desesperanza

hablan de tiempos de antaño con angustiosos graznidos,

cuando los viejos castillos de contento fulguraban.

 

De: “Versos libres”

  

IMANOL GÓMEZ MARTÍN


 

 

Maldito poeta

Oficio de suicidas, intentar retener

la huella de la luz en sílabas de sombra.

J.L. Panero.

 

Avanza buscando su nombre

entre los cadáveres olvidados de la poesía.

Avanza, de memoria, sobre versos antiguos,

vivencias de otras álgebras del sueño,

quiromancias poéticas,

vitales sin medir su alcance

que le hacen caer rodilla en tierra de nadie

porque su hogar es la nada que aconseja

el desalojo del poema,

su morada es mentira de figura literaria

que le arropa y hiere,

porque su palabra es ceniza

y en realidad no avanza,

sólo el sueño le acompaña hacia su muerte.

 

De: “Taller de ausencia” 

 

 

MARÍA ANTONIETA FLORES

 

 

 

aquí se cuenta cómo surgen los aretes en la fragua

has bajado brusca sobre el incendio

con un anillo de luz que te ha atado

a otro

tu opuesto deslumbrante

gimiente

 

muerdes los deseos

en aros retorcidos

por tu quebranto

inútil

ha sido el rostro de muchas memorias

y solo giras en la espiral de las posturas

que transforma el mundo en un relámpago lento

tal vez lentísimo

inadecuado para la superficie de un planeta

 

has quemado

la sal y tus uñas

mientras encontrabas la abertura

más abierta

el ángulo inesperado

mordido

en el arranque de un sonido nuevo

brotado de tus entrañas

enrojecidas

porque se han encajado

en presente continuo

y cada bocanada que exhalan tú y él

son noches primitivas sin fuego

ni luna

 

te retuerces en tu gemido

se retuercen en las membranas

del cielo

único lugar que se abre como tempestad

y casa

 

no hay casa permanente

ni temblor que no raje la tierra

los nuevos acantilados

 

De: “absoluto”