martes, 14 de febrero de 2023


 

OCEAN VUONG

 

 

DetoNación

  

Hay un chiste que culmina con un “¿Ah?”
Es la bomba diciendo: “He aquí a tu padre”.

Este es tu padre adentrándose
en tus pulmones. Mira cuán leve

la tierra es… desde entonces.
Aun el escribir la palabra padre

es tallar una porción del día
en el destello de una página.

Hay suficiente luz como para ahogarse,
pero nunca la suficiente para penetrar

el hueso y quedarse. “No te quedes ahí”,
dijo él, “mi niño roto por los nombres

de las flores. No llores más.” Así que huyo
hacia la noche. La noche: mi sombra

creciendo hacia mi padre.

 

 

ÍTALO LÓPEZ VALLECILLOS

 

  

Arriba, abajo

  

Arriba, lejos de mis pies
las nubes errabundas. Oculto el sol
tras días de apacible espera.
Lluvioso el corazón arrepentido
y, dura, inexpresable la palabra.

Abajo, aquí la tierra, el sustento
de todo lo que pienso. La realidad
que sostiene la poesía.

Y entre las nubes y el polvo
que camino, yo,
el solitario,
el hombre de la duda,
sin Dios,
apenas equipado con unas cuantas
lágrimas
y la breve sonrisa de estar seguro
de lo incierto,
del viento que arrastrará un día
lo que pude tener y nunca tuve.

Arriba, abajo,
todo el milagro de vivir
desesperadamente.

 

 

GABRIELA PAZ

 

  

Una costilla

  

Aparentemente, ésta que soy,
ésta forma,
se desprende de otro,
cual sombra de piedra.

Siendo aquello que le empañe y deje,
ora cantar revoloteando, bullendo en vida.
Siendo diana del oscuro infierno.

¿Qué se yo sobre ser costilla
si tengo mi propio palpitar?
Siento surgir la nota que crispa mi médula.
Caléndula podrida de la rabia.

Indudablemente lo comprendo:
Debo surgir desde ese adentro conformado,
ese cuerpo purulento que me expulsa y quiebra.
Cual Lilith escupida, mortalmente negada, y prender la huida.

¿Este cuerpo es mío?

 

 

JOSUÉ ANDRÉS MOZ

 

  

Válium

  

No abras la puerta madre
en esta habitación hay un canto siniestro de fármacos & jeringas
un hombre pronunciando el nombre de la tristeza
un hueso deforme que asemeja la dureza del corazón

Madre detrás de mis ojos están los ojos muertos de mi hermano
detrás de mis manos de mi voz de mi angustia de mi sombra iluminada por las moscas

Madre no abras la puerta
puede ser que las bestias arrullen el alma de tu hijo
que los chacales extingan su cordura sobre mi carne
que mi risa recuerde a una mañana lluviosa en el cementerio

Madre ¿quién está parado al otro lado de mis años?
¿quién se ríe de nosotros & voltea su mirada hacia la tumba?
¿cuántas veces mis lágrimas te han quebrado los ojos
& pulverizado caricias que dejaron los fantasmas de los últimos años?

Qué vergüenza haber nacido muerto qué vergüenza haber nacido
en este oficio eterno de Caín levantando reinos
con este espíritu de Lázaro ignorando la voz de Cristo
con esta geografía de labios sin labios de rostro sin beso
con estas treinta monedas de plata sobre mi lengua

No abras la puerta madre
puede que te encuentres retratada sobre mis ojos
que la primera palabra que escuches
la hayan escrito los escarabajos entre mis dientes

 

 

TOMÁS ANDRÉU

  

 

Augurio

  

Moriré loco,
maldiciendo nombres terrenales y celestes,
haciendo epitafios en piedras y árboles
de muertos que nunca vivieron.
Moriré entre las multitudes,
como mueren los verdaderos solitarios:
entre voces propias y ajenas,
entre cruces y nombres desconocidos,
entre aguas enfermas y aromas de flores extrañas,
entre horas prestadas y compañías hostiles,
entre el destierro de tus brazos
que nunca me conocieron,
entre el miedo interminable
de quien no conoció
y siempre supo su destino.
Moriré loco,
moriré en mi exilio interior,
donde ningún alambrado me venció,
donde los frutos fueron siempre longevos
y las tardes una calma gris,
como aquella de la que no volví
mientras escribía en una piedra tu nombre.

 

 

DERLIN DE LEÓN

 

  

Ciudad de calles oscuras

  

Sabes, tengo miedo.
Esta ciudad está hecha de calles oscuras,
de esquinas que no conozco.

Yo intento saber qué guardan, pero es inútil.
Las personas dicen palabras, colocan sus banderas.
Tienen todas las respuestas
y no se preguntan las cosas que atañen a las ciudades.
Por ejemplo: ¿Qué color tiene el silencio?

Las personas dicen palabras y no señalan.
Aman la ciudad y también temen.
Tampoco comprenden muchas cosas,
y, sin embargo, buscan algo imposible.

Me gusta el silencio. No le temo.
No me gustan las palabras, ni las banderas.
Ésta esquina es tan oscura como el resto de la ciudad.
Quiero doblar en ella.
Iré despacio, en silencio.
¿Vienes?