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domingo, 30 de junio de 2019

ANTONIO MANILLA





Secuestro

             A Paule



No sabe que camina acompañada.

Porta consigo todo el sol del día              
brillando en la melena
la muchacha que sale de un portal                  
y, tras mirar el cielo, apura el paso
en el mundo recién peinado por la lluvia.

Me lleva a mí con ella.


lunes, 24 de junio de 2019

ANTONIO MANILLA





Poética elemental



Sé que debe evitarse en el poema
la luna y el verano, los celajes cambiantes,
la playa de minutos infinitos
y las rosas fugaces, como el amor eternas
en el jardín cerrado del invierno.
También el oro viejo del ocaso,
también la plata sucia del recuerdo,
las aguas estantías del olvido
y el ruiseñor herido
en cuyo pecho cabe el universo.
Todas aquellas cosas que en silencio
nos hablan de nosotros sin decirnos
y nos dicen verdades –historia sólo hay una–
que siempre son iguales.


De: “Sin recuerdos ni afanes”.


martes, 18 de junio de 2019

ANTONIO MANILLA





Niños buscando nidos



Ser el zorzal que, acurrucado, espera,              
oculto entre las ramas, rodeado de espinas,
a que pase el peligro.
               En completa quietud,
sin temor a la muerte, sólo inquieto
por la mano de un niño.




miércoles, 12 de junio de 2019

ANTONIO MANILLA





Marea baja



En aquello que hagas                      
en el lapso inconcreto de esa vida              
que consideras tuya y es del viento,  
pon lo mejor que tengas:
ardor, bondad, belleza.  
                  
Todo lo que te haya sido dado,
también cuanto hayas adquirido, todo,
sin reservarte nada, a cada instante.

¿Porque sabes acaso si mañana
habrá camino para volver sobre lo andado,
una oportunidad para la enmienda?
Solo el presente es nuestro. Y nada dura.

Cada logro o propósito,
cuanto creemos firme, duradero:
rastros de nuestro paso en una playa
que borra sin pasión el mar al retirarse.

Somos huellas de arena en la marea baja.


jueves, 6 de junio de 2019

ANTONIO MANILLA


  


Juro que estaba alegre



Van los rojos cerezos del otoño
tiñendo las laderas de los montes
y yo pienso en nosotros, los caminos,
la negra luz que alumbra los finales.
Juro que estaba alegre. Hace un momento,
con los ojos cerrados, en la cara
sentía el sol y el frío de septiembre,
el alma de esta tierra con el aire
que lentamente envuelve al cuerpo entero.
Estabas tú conmigo y no la ausencia.
Estabas tú imposible, revivido,
y no la honda tristeza que ahora aflora.
Son los rojos cerezos otoñales.
Rescoldos en la hoguera. Cenizas en el aire.