"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
martes, 24 de marzo de 2026
CARMEN PALOMO PINEL
Carta
a todas las cosas de este mundo
Queridas
cosas:
Quiero
pediros perdón una por una.
Cogeros
suavemente,
acariciaros hasta que os durmáis
con descuido y verdor en mi regazo.
Perdón,
porque mi corazón no puede conteneros.
Es pequeño para vuestra furia y vuestro brillo.
No
puede salvaros de la consumición, ni está en su poder
la pervivencia de la luz que os nutre.
Yo
os amo, os amo tanto, pero no soy el Dios
que pueda rescataros.
Mi
forma de amor es consumirme con vosotras, en vosotras.
Ser vuestra hermana en la fragilidad. Decirme en ella.
Llevo
gracias y lilas en la frente por vuestra mansedumbre,
que es escuela admirable.
He plegado mi sonrisa al mandato de ser, según vuestra enseñanza.
Os
doy las gracias. Me despido. Adiós.
Nuestro tiempo es un óbolo que rueda hacia la noche.
Espero
reencontraros
allá donde el destello no perezca.
De:
“Ereignis”
SARA BÚHO
acento
No
te enfades si alguna vez
ves que hablando
se me escapa una “s” de más.
Tenme un poco de compasión,
algo de piedad.
Estaré siendo alguien
que se me parece,
que me protege por defecto
hasta de lo que no debe.
No estaré relajada,
en calma.
No estaré siendo
realmente feliz.
De:
“Si el mar no regresa”
ALBERTO RAMOS
no
sabía que el precio
de entrar en una persona (en un recuerdo)
fuera perder el camino
de vuelta a mí
—
compromiso
De:
“Sojourn”
RAFAEL SÁNCHEZ MONTOJO
PARA
QUÉ
ser si servir
a un
uso exclusivo de ninguna parte
por
lo que arde
lo
llaman
sin
un criterio excepto
donde
algo falta
no
pensar en ellos como premio
al exitus no
pensar
amarga
energía toda
de
los años
amarga
amarga
luz
se
está yendo
a
ninguna parte
De:
“Los acróbatas”
CARMEN VERDE AROCHA
Misterios
Hay
mujeres secretas
a las que solo le atinamos
oír el bisbiseo.
Hay
mujeres que despiertan de noche
y acarician al gato que tienen a su lado.
Ellos fieles lamen
sus grietas de la edad.
Otras
que oyen arrullos
de palomas blancas.
Pasan sus días de frío
anhelando el olor de los lirios
protegidas por gruesos abrigos
y bufandas.
Hay
las que aconsejan a las más jóvenes
descansar en otras bocas.
Están
las que ponen
cerrojo a las puertas
a los oídos
al útero
a todo lo que tenga hendiduras
o que podría morderlas al dormir.
Las
que son apenas árboles
que casi no florecen
hurañas con celulares
y con las lenguas rasgadas
en el centro.
Las
madreselva
o simplemente hierbas
a punto de ser grillos
que observan a sus hijas
elevar cometas al aire
o bañarse en las piscinas.
Y al
llegar la noche
están las que pasean
lentamente
con sus perros.
De:
“Mares y halagos. Variaciones poéticas”
DAVID REFOYO
Tarareo
marchas fúnebres
mientras te duermes en mis brazos.
Primero
el pie izquierdo —chan—, luego el otro
—chan-chan—.
Primero
un párpado —chan—, luego.
Estás
dormida y a la vez despierta.
Entre
este cuerpo que te sujeta
y la cuna existe un vacío:
el
día y la noche
un tránsito de incertidumbre
como el paso fronterizo
en una zona de guerra.
Es
ahí, justo ahí,
en ese metro y medio escaso,
donde hierven ahora todos los poemas.
De:
“Las ganas de comer Oreo”
