"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
sábado, 11 de marzo de 2023
CAROLINA ALVARADO
Me
hice selva
Me
buscaba. El camino estaba poblado de una yo
preguntándole a las piedras, ¿dónde está Carolina?
Por ello, sacudí el hambre, la invasión;
tomé mi cuerpo y, crustáceo, lo coloqué en otra concha.
Dejé que las plantas, los grillos y la risa de un niño le envolvieran en
compresas.
El pequeño fingió ser el azote de los mares. Corrí.
Nos perseguimos. Respiré la luz que quiebra la columna vertebral de los cocos.
Crustáceo, nací en tenazas, me hice al salitre del océano.
Crecí en verdes y rojos, crecí algas marinas, manglar. Me hice selva.
De: “Una
vez habité una isla”
RANDALL ROQUE
Lobo
y hombre
Desde
siempre: hombre y lobo,
antes que la rueda y la primera chispa
del fuego.
Cuando
formó el canto de la piedra,
la daga en el cuero y la espiga como lanza.
Dios
no existía como existe ahora.
Dios era el humo que desaparece,
la lluvia, el pantano que ahogaba
a las bestias.
Dios no era lenguaje ni verbo.
Dios no era nada. El hombre era lobo.
El
aullido -porque ambos aullaban-
hacía crujir tierra y luna por igual.
Hombre
y lobo aullaron juntos.
Templaron la luna como al hierro
hasta hacerla redonda y hueca.
Después,
la palabra distanció
al lobo del hombre: perro y hombre.
La
pintura rupestre fue hecha por lobos
u hombres que aún se sentían lobos.
Mordían
las plantas, salivaban la tierra.
Hay rastros de uñas largas en las rocas.
En las cuevas, los primeros artefactos.
La domada crin de la hoguera.
El
aullido de los perros nos espanta o atrae,
según sea nuestra cercanía con el lobo.
MARIANA BERNÁRDEZ
y no querer escribir
…………………..por no decir lo tanto que se vive:
…………………………………………………………..el paso del día
…………………………………………………………..lentitud que no engaña
…………………………………………………………..la presencia del derredor.
CHRISTIANE DIMITRIADES
Da a tu proverbio también sentido: dale sombra.
Paul Celan
A
esta la hora de la tarde el impulso de escribir adquiere el brío de
una bestia balanceándose dentro de la cuadra para huir de su
impuesta reclusión, sin embargo, me detengo, no logro escribir.
El
verbo “asombrar” nació en las caballerías, del espanto de las
bestias ante sus propias sombras.
ALEYDA QUEVEDO ROJAS
El
amor y su exigencia.
Esa llama que me quemó, arrastró y hundió.
Ni navajas, ni besos, ni cuerpos.
Ni el aleteo de la fe en forma de religión.
Ni el palpitante viento con sus dilemas.
Nada me sostuvo hasta llegar a este momento.
Solo tú, poesía, haces que valga la pena
seguir a la intemperie de la vida,
en el reluciente filo de la navaja.
De: “Jardín
de dagas”
JAVIER ACOSTA
Galimatías
breve
Hay
un momento sabes
en que lograste serenar
el crudo vocerío
que llamamos silencio
Hay un momento antes
En esa guerra sorda y muda
que siempre ganamos
luego de infinitas desgracias
luego de irreparables pérdidas
Ese lugar al que viajamos
con un cuervo en el hombro
Ese momento anterior al poema
desde el poema
donde hasta entonces
todas las palabras
eran el no querer decir de las palabras
Antes ―en ese punto:
entre el silencio tumultuoso
y el plácido bramido
del poema.
