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domingo, 30 de junio de 2019

ANTONIO ALFECA





SOLA está la estancia, y la yedra
remata el frágil desdén de las tapias
y desborda en su hiel de solisombra
las pálidas hojas del helecho.

Grietas hay ya en los muros, con la resquebrajadura
que va de la cerrazón a la querencia,
abierta al compás que escala ese vasto
corazón crepuscular de gorriones enloquecidos.

Quiero abandonar esas rígidas
reliquias caducas de oro quebradizo y falso
colgadas aún de su desespero

y rebosar las paredes con yemas luminosas
y romper, como un cósmico armonio de alma de ave,
este amargo y vegetal vacío.



lunes, 24 de junio de 2019

ANTONIO ALFECA





Continuo momento



1

Cierta vez oí decir, en algún libro quizá,
que todavía es siempre.
Llenarse de nubes y paisajes que tan fugazmente pasan
es lo que viene, premonición, profecía,
la sombra instante del placer,
la ventana del deslumbrante temor acariciada.

Y tú podrías hacerte enormemente sin compañía
respirando en la cumbre los filones más sutiles del aire;
podrías ser enciclopédicamente sensible,
hablar como sabemos que las piedras hacen,
beber todos los amaneceres desde los orígenes hasta la fecha de hoy
y, por último, convertir un cuásar en peces de colores.

Pero ahora es un cieno que grita y rechina,
los dedos hechos soplo, una herrumbre que fluye
donde entre sí conversan los destinos
para infligir la vida:
ahora es un no eternamente.


2

Un segundo es la razón de todas las madejas, de todos los telares,
la razón de entrar el furtivo fruto en su sazón,
la razón de tomarlo, de ciegamente morderlo,
de acariciar su pulpa su propio escondido ser, tan inútilmente verdadero,
justamente allí, en ese mismo segundo que le niega.

En ese segundo la anciana gira en su rueca, se columpia en la lanzadera,
se disuelve en la tierra, esa tierra que se retuerce y contorsiona
como un ave de perfil eternizado, como un llanto que irremisiblemente acaba,
como un llanto muy parecido al recuerdo, recuerdo de otros llantos.

Recuerdo, alquitara en que se confunden, por lo sentido, los colores,
las glorias nítidas de moradas primeras, los abruptos escalofríos y sus prados,
los rostros a contraluz, más difusos que sus gestos,
y los cuerpos como hojas sin aliento, y su tapiz de sangre difuminada.

No.
Ese instante que basta para casi no respirar, para casi no oír reflejos,
ese instante en que te roza un embrión cerrado, el plumón de una nube,
instante de instantánea, ambiguo versicolor
de inciertos contornos cortantes,
se busca, se mira, se distrae,
se le parten las aguas en trizos,
se salta, alta, una letra,
y del dado hace el más agudo deseo,
el milímetro afilado, el veloz segundo enloquecido
que no conoció la meta.


3

Pasan los linderos, las estacas con torcidas de hielo gris y desgarro mudo, omitido,
el punto y coma de mediodías como reclutas;
las barras separadoras de los distintos cienos pasan,
las sedes de la arena acotada,
las leyes de la dodeca-agonía;
los narvales, es decir, los unicornios.
Con parpadeos clavas estatuas de cera y olores de lirios
que te pueblan y te consagran
mar detenido en sordos empujones.
Las ondas se tensan plácidamente, como gotas
de aceite que se olvidan,
como gotas que funden o desgarran o demuelen
y reducen la verdad del primer sinsentido.
Y tú estás impresente en tu tromba, en tu líquido disparo,
lo que parece desdibujarse meta,
y doblas el rincón de tu centro como un pulso
y entras por la fugaz galería
de acuarelas para ciegos.


4

Con la ceguera cierta del disiparse las cosas
y todo lo que es como las cosas;
rodeado de la neblina, de esa neblina
apegotonada, hecha grumos a capricho,
algunos con el filo cortante de las mentiras,
algunos con la esquiva y vaporosa sensación que, al cabo
ciertamente los delata y exhibe,
te preguntas: ¿dónde voy yo, menos que un boje,
boje menguado, vegetal de vegetal,
fugaz esperanza del páramo, muerte de los soles en que él se miraba?
Sin rastro de certeza en los puertos, en los broches
o en los verdes cementerios de la sonrisa,
azarosamente tu bruma mira
y se deslee y se deshace, y tú en ella,
y en ella tu vuelo o mar de leña
desérticamente vasto.
Tu siempre penúltimo horizonte,
tu isla infinita buscas.


martes, 18 de junio de 2019

ANTONIO ALFECA





ENTRE un océano de tenues líneas, ondas,
habladoras aguas que en un adiós se rompen,
te recibo, vibrante diosa en el alma,
dueña de un cuerpo oculto.

Voy escrutando ciegacorazonadamente
el sancta sanctórum de tu lengua,
feligrés de ti, tu fiel devoto,
amoldándote el recinto de mi oído

y te huelo, y casi te toco, y mi paladar funde
tu brasamiel que va hinchando el aire
con modesta vocación de un universo

aunque tras la ardiente dulzura de los sentidos
se cierna un genio de tacto helado
en el cielo de un sueño sin alas.

 

miércoles, 12 de junio de 2019

ANTONIO ALFECA





TERROR, malla que cae con mítico
espesor sobre el leve cervato de la inconsciencia,
certeza de muerte en el cazador que anuncia
la sangre que arranca con su sombra;

desván de vieja nocturnidad profanada
por un niño laberíntico
que desespera por ser su propio reloj
antes que su propia ventana.

Te necesito como a una cierva de mármol preñada:
inúndame por este humilde recuadro de muros sin tiempo
con tu divina leche redonda,

o acéchame real y dispárame
y que, con sólo verte, tus saetas marquen
el final de mi hora.



jueves, 6 de junio de 2019

ANTONIO ALFECA





Cualquier lugar es bueno



Cualquier lugar es bueno para descerrojar
un septiembre o un martes
o un dos mil ciento veinticuatro.
Cualquier día es bueno, vale.

No se sabe si licor o unos pasos
tristes y robustos; no se sabe.
Aun sintiendo como un yunque
el roce, su pasar es lo importante.

En cualquier sitio posible o imposible
sin óbice alguno puede darse
que de un cuasi infinito insuficiente
broten en muchedumbre los ápices.

Quién sabe de qué misteriosa
chispa: en vez de incendio, árboles
que extienden toda su sombra
con una furia imparable;

y a la sombra, un punto-mundo,
hijo-hermano-padre-madre,
que escoge un lugar, y medita
para todos y para nadie.


martes, 2 de julio de 2013

ANTONIO ALFECA



  
Nada.



Un sutil sorbo de briznas amarillas
creando el cálido clamor del cabello
-¿ilusión del volar, o su memoria?-

Tan inextenso lo oscuro que necesitó pupila
proyectado en presentidas aves.

Rozando la sombra de la respuesta.
La hierba hollada del resquemor por lo vivir
en el rumbo de la sangre presentida,
en el sentido madreazulado.

Paren la piedra círculos concéntricos.

El eco y el gesto buscando
su vez incorporada y táctil;
brazos prestado de los cauces
perdidos en sed no abarrotada;
la ausencia incesante de los frutos
viviendo laberinto o reptil vientre;
y vibrante, el aire heraldo
delata la pielrecuerdo,
presencia de revés recostada,
Adán.


lunes, 1 de julio de 2013

ANTONIO ALFECA



  
El final de los tiempos



La calle y su frío dolor inútil.
Wolframio, el melancólico escaparate
que tras de ti proyecta su mortal sombra.

El bolero y la diva de quien cae el brazalete, el despojo
de las glorias en que horas había
y era posible la idea: Piensa en mí.

El abrazo o el penúltimo rescoldo del fuego último,
la media sonrisa letal y acibarada,
el banco de una noche extremoungida,

la suerte y su venganza coincidente,
el lógico error del beso a ambos lados del rostro,
piruetas de Cicerón: De amicitia.

El cielo indistinto: transparente alabastro a trozos.
Hundir en aoristo, paralelas del cansancio;
reverbero, rechinar, fractura de almas.

Y el sándalo se derrama como un horror
y abiertos los sepulcros recuerdan otras calles:
fatal perfume o radiografía.

Ya no es hora. Ya el ojo inmortal
del universo se deslíe y difumina.
El adiós más cruel consiste en un hasta mañana.


domingo, 30 de junio de 2013

ANTONIO ALFECA




Cuerpos contra futuros



Distantes, Tan añosluz separados
en una indecible cresta que los funde lenguasaliva.

Certeza o sentir o ponto
de cuando andan solos los aromas.

Aljibes de reflejo sin ojos,
mirada de brocal para planetas sin recuerdo.

La dulzura siempre llega en dimensiones
ignotas para los dedos: tocar: aventura.

Religión abrupta de lo invisible:
polos de la sal: negación suprema.

¿Qué hueco momento llenará al corazón?

La salvación: no ser el más apropiado
mediodía para todos a un tiempo.

ni el gnomon que preside
implacable la grey de las luces.

Ojalá cincela el marco que invita
a ojalá a su propio sepelio;

grabado trono de niño
que cuando dice, muere

edictos de glauco regreso,
pájaros irrepetibles…