lunes, 27 de abril de 2026


 

JUAN ÁNGEL ASENSIO

 


Padre nuestro
perdona tus pecados

si me hiciste así que culpa
guardo yo de abrir la flor
deliciosa del asfódelo y hundir
en ella mis manos sedientas
que son miles discontinuas codiciosas o
qué culpa qué delito astral
sacudir un límite en la arcilla
si allí mi rostro encontrará nido
y dimensión propia

cuando el castigo tuyo venga
sin anuncio alguno como un
disco de oro rojo directo a
mi boca que es la tuya
yo no diré palabra alguna
—el lenguaje que nos diste
es tan lejano—
pero oh dios cuando vi tus
creaciones tu tejado boreal
tus ventanas metafísicas!
cuando pude probar el sexo floreciente
de mis congéneres pendiente
como un racimo o apretado
como la pulpa del naranjo
cuando trepé a tus cimas
y logré contener tus horizontes
en un solo vaso vegetal
cuando al fin atrapé tu forma
en una máscara que no es y vi
que no eras un hombre ni cientos ni
tan siquiera algo a lo que poder referirme
y que detrás tuyo todo era
un silbido simple
galaxias y equivalencias sumisas
pero no dejé de amarte nunca
ni aún ahora
que sobre mí se levanta una corona
líquida de sombra
empujada por la tuya

si tan necesario es mi tormento
mi mal lo fue aún más

deshacer el nudo entre los mundos
es mi única labor

padre nuestro
perdona tus pecados—
los que yo cometí
son el triunfo
de mi especie

 

De: “Antología poética de la especie humana”

 

FERNANDO VALVERDE

 

 

 

El final

  

Cuando miré hacia el puente me temblaron las manos.
Era un lugar terrible que me causaba espanto.
No era largo ni oscuro.
Lo rodeaban hojas o pájaros o lluvia
según las estaciones.
Por más que procuré forzar la vista
resultaba imposible divisar el final.
Parecía un camino al horizonte.
Has cruzado ese puente y ahora necesito
caminar hacia él.
No tanto por seguirte o por volver a encontrarte,
es más grande la angustia de intuir un abismo.

 

De: “Poesía (1997-2025)”

 

 

ROCÍO EXPÓSITO

 

 

 

La lluvia

 

Desciende, ordenada y serena
como metal.
Primero la huella, luego el color
con que clausura la caída.
Las sombras, con su ritmo,
las calles como altares, luego.

Se cuelan por la corteza rincones,
y todo lo que arrastra se olvida:
el viento, el polvo, lo ausente,

(no se puede comparar la lluvia
sino con el vestido derramado
o la moneda al aire, que iniciaron
su curso)

mientras la luna se hunde y se abre
como metal, que se queda y se pierde.

 

De: “Asombro”

 

ITZÍAR LÓPEZ GUIL

 

 

 

Qué dulce eres, amor

  

Cómo reaviva tu voz el muerto manantial de
la justicia, ese rincón que ayer fue nuestro
sin saberlo.

Como si nada hubiese sido este rodar los días
y las noches por una brizna de luz.

Por este almíbar tuyo que hoy se filtra y
vuelve a alimentar la vieja tierra.

 

De: “Un refugio en la espesura”.

 

 

RAÚL QUINTO

 

 


Ana Orantes

  

Transita del azul

al ámbar el dibujo de la llama.

Un arcoíris derretido,

titilando sombra

en un pequeño charco

de gasolina. Quién está mirando.

Quién dice qué.

  

De: “La lengua rota” y la antología “Un idioma siempre al borde de la extinción”.

 

CARLOS BARRAL ÁLVAREZ

 

  

 

Muero contigo, estío

 

Al verte morir año tras año, estío,
contigo me voy muriendo.

Muero añorando esa luz que se despeña contra las ortigas,
bañando las mareas, desarbolando las almas ávidas de libertad.

Y ante la más que cantada senectud de una algarabía
que venía rompiendo las rutinas, de manera sibilina
comienza el tiempo como a derrumbarse,
como a disolverse,
a dispersarse como árbol que se inmola,
como amor agonizante,
como carrusel apolillado.

Muero contigo, estío;
cada año más atónito y entristecido
al verte girar hacia el abismo otoñal el cual,
aún siendo hogar y matria,
me ahoga en su intolerancia, en su mermar,
en la distancia que expandiendo se va
entre la derrota de nuestros sueños y la ambición
de un futuro que zarpa hacia lo menguante.

Mueres, estío, y yo contigo.

  

De: “La vida corriendo hermosa hacia los desagües”