domingo, 5 de julio de 2026


 

CÉSAR CONTO

 


 

Soneto de la separación

  

De repente la risa se hizo llanto,
silencioso y blanco como la bruma;
de las bocas unidas se hizo espuma,
y de las manos dadas se hizo espanto.
De repente la calma se hizo viento
que de los ojos apagó la última llama,
y de la pasión se hizo el presentimiento
y del momento inmóvil se hiso el drama.

De repente, no más que de repente,
se volvió triste lo que fuera amante,
y solitario lo que fuera contento.

El amigo próximo se hizo distante,
la vida se volvió una aventura errante.
De repente, no más que de repente.

 

IVÁN METÓDIEV

 

  

 

Elementos

  

Árbol, arbusto, piedra, tierra,
el suspiro que se te otorga,
meros elementos mundanos…

Oh, Мuerte, tal vez a través de ti se expresa
la unidad de la naturaleza… Llega la hora
y todo se cubre de olvido…

Nada parece quedar de nosotros,
pero justo a través de nosotros el mundo persiste.

 

De: “Meros sentidos: obras selectas”

Versión de Marco Vidal González

 

 

ÉMILE VICTOR RIEU

 

 

 

Sir Smasham Uppe

 

¡Buenas tardes, Sir Smasham Uppe!
Tomamos té: ¡acepte un chupe!
¿Azúcar, leche? —déjeme ver—
¿dos terrones? ¡Santo poder!
¡Se le ha caído de la rodilla!
No se disculpe, qué minucia.
¿Torpe usted? ¡Qué disparate!
¡Ni una palabra, estimado mate!
Siéntese y tome otra taza,
y cuéntenos, sin más tardanza,
de su hermano —ya lo sabe—
el que se abrió la cabeza grave.
¿Sigue en cama el pobre aún?—
Una silla —permita— ¡boom!
¡Gran golpe ese! ¿Eh? ¿Qué tal?
Oh, no importa: era vieja al final.
De la reina Ana, nos dijeron;
tenemos más, no se perdieron.
Deje los trozos en el suelo.
Venga a ver nuestro bello cielo:
acérquese a la ventana, sí…
¡Ay! ¿no vio que estaba ahí?
¿No se ha cortado? ¿Nada grave?
¡Qué suerte! ¡Ni un rasguño cabe!
Y ahora, si ha acabado el té,
quizá desee ver también
algún objeto singular.
¿Ese plato? De gran valor:
precioso… ¡y ya cayó! ¡horror!
¿Le dañó acaso los pies?
¿Fue su codo? —Ya lo sé.
A mí me pasa igual, verá.
Y ahora, mi querido —ah—
¿se marcha ya? ¿tan de repente?
Vuelva otra vez, muy complaciente:
¡me alegra que le guste la porcelana tanto!

 

 

HERNANDO DOMÍNGUEZ CAMARGO

 

 

 

 

A un salto por donde se despeña el arroyo de Chillo

  

Corre arrogante un arroyo
por entre peñas y riscos,
que, enjaezado de perlas,
es un potro cristalino.
Es el pelo de su cuerpo
de aljófar, tan claro y limpio,
que por cogerle los pelos,
le almohazan verdes mirtos.
Cíñele el pecho un pretal
de cascabeles tan ricos,
que si no son cisnes de oro,
son ruiseñores de vidrio.
Bátenle el ijar sudante
los acicates de espinos,
y es él tan arrebatado,
que da a cada paso brincos.
Dalen sofrenadas peñas
para mitigar sus bríos,
y es hacer que labre espumas
de mil esponjosos grifos.
Estrellas suda de aljófar
en que se suda a sí mismo,
y atropellando sus olas,
da cristalinos relinchos.
Bufando cogollos de agua,
desbocado corre el río,
tan colérico, que arroja
a los jinetes alisos.
Hace calle entre el espeso
vulgo de árboles vecino,
que irritan más con sus varas
al caballo a precipicio.
Un corcovo dio soberbio,
y a estrellarse ciego vino
en las crestas de un escollo,
gallo de montes altivo.
Dio con la frente en sus puntas,
y de ancas en un abismo,
vertiendo sesos de perlas
por entre adelfas y pinos.
Escarmiento es de arroyuelos,
que se alteran fugitivos,
porque así amansan las peñas
a los potros cristalinos.

 

 

JORGE ENRIQUE GONZÁLEZ PACHECO

 

  

 

La docil alba que en tu altura guía

  

Tú, mi perfecto Dios de la alegría
en todo el laberinto de la tierra,
custodias mi paz, custodias mi guerra
del rojo limo, terrena agonía.

Ayer, el agua que de mí nacía
cristalizó el vuelo, sed encierra;
te quiso dejar y hoy no destierra
la dócil alba que en tu altura guía.

Deseo ser en aquella ribera
luna. Luna que al madurar el día,
contigo entrega luz de primavera,

sólo así: brisa floral de poesía,
ahora que estoy en anhelante hoguera.
Tuyo es mi ser, cálida sinfonía.



CRIS RIVERO

 

 

 

Septiembre I

  

he encontrado a Septiembre acurrucado en
el hueco de la escalera
a oscuras
los labios morados
la espalda empapada
lo he cogido en brazos
se ha enganchado a mis caderas
y ha permitido que lo lleve dentro de casa
susurra que me estaba esperando
que tiene hambre
y aún no le he ofrecido nada que llevarse a
la boca
Septiembre clava los dedos en mi brazo
roza sus dientes contra mi muñeca
y suspira
murmura
lanza escalofríos por mis venas
se queja de que aún no estoy lista
y solo tengo sangre dentro
sus ojos oscuros
vino tinto enmohecido
prometen un otoño frío
sin tregua
–no existen banderas blancas–
Septiembre sale por la puerta
rumor de hojas bajo sus huellas
pútridas, frágiles
anunciando que pronto llegará Octubre
y que seré yo quien morirá de hambre

  

De: “Instrucciones para un funeral”