"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
viernes, 3 de abril de 2026
LÁZARO IZAEL
¿A
qué sabe la lluvia espacial?
Gallo,
¿los barcos en Marte flotan?
¿Cómo se flota donde no hay gravedad?
Botas para la lluvia,
un paraguas amarillo,
botas para un gallo,
un impermeable
y sombrero de pescador.
Gallo, ¿podremos pescar marcianos?
¿Cómo son los charcos en Marte?
¿Son de color neón?
Gallo, ¿la lluvia de estrellas
también pueden provocarnos un resfriado
si nos mojamos los pies?
De:
“Gallo, el planeta estalla”
LAURI GARCÍA DUEÑAS
VII
Terminales aeroportuarias
monstruosas señoras infinitas
templos brillantes del consumo
estructuras internacionales organizadas
con base en señales claramente confusas
de interminables pasarelas eléctricas
con trenes y buses internos como si lo inmenso no les fuera suficiente,
de acentos plurilingües,
pésimas anfitrionas para las conexiones inalámbricas necesarias y urgentes
tortugas de la banda ancha;
no me coman
no me succionen
no dejen que pierda el avión
que me llevará a casa.
De:
“Poemas Chinos”
GERTRUDE STEIN
Charla
española
Lleva
usted libros.
Todos los matrimonios están de vuelta.
Palomas.
Las palomas reconocen a la gente. Cree usted. Las vimos.
Ellas revoloteaban alrededor.
Tirar palomas es necesario. Para qué. Para el mar.
Veo pimientos viejos secos. No nos quejamos. Decimos
que los vientos son violentos y yo no los deseo. Deséalos.
Yo no deseo ver las estrellas. Llámalo fuera de aquí.
Quieres decir aquel poste. No ciertamente no digo Inca.
Oh sí muy cierto.
CARLES DUARTE MONTSERRAT
De
nuevo el mar
Como
una falla
que se abre ante nosotros,
se resquebraja el tiempo,
se precipita hacía el vacío;
nos arrastra una ola invisible;
el cielo se despliega hacia el poniente
como una vela encendida,
las formas se alejan de sus límites,
abandonan la brevedad de su perfil concreto,
los tallos prolongan su gesto
en la penumbra,
se inclinan, como los ojos, hacia la noche.
Dejamos
de ser quienes éramos;
seremos de nuevo el mar.
GERALD STERN
La
fuerza de los arces
Si
quieres vivir en el campo tienes que entender la fuerza de los arces.
Tienes que verlos hundir sus dientes en las raíces de las viejas acacias.
Tienes que verlos ahogan a los sicomoros hasta dejarlos sin aliento.
Tienes que verlos llevar su gruesa cabellera hasta el sótano.
Y cuando cortes tu fabulosa vara verde para pescar
tienes que estar listo para verla brotar entre tus manos;
tienes que clavarla en la tierra como un trozo de sauce;
tienes que plantar tu mesa bajo sus hojas y empezar a comer.
