"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
miércoles, 18 de febrero de 2026
BORIS ROZAS
Las
ciudades están llenas de locos
No
hay tiempo para mudanzas de estilo o alabanzas,
tal es la dimensión del sueño que te embiste.
Somos tantos los navegantes llamados a filas en invierno,
la parca leche que resbala por los versos
cuando apenas ha transcurrido una vida
en este pecho.
Conocí la fórmula y nadé entre las almohadas de la noche
sobre las copas redondeadas de tu cuerpo
hecho naranjos,
este continente violento que una vez coronaste
ha estallado en mil pedazos
al romper contra el arrecife
de todos los noviembres.
Y mientras tanto,
las ciudades están llenas de locos
con revólveres de espuma
apuntándose a la boca.
De: “Wes
Borland aprende a tocar de oído”
ELOY SÁNCHEZ ROSILLO
En
la profunda calma
A
veces, esta calma
en la que sé quién soy, en la que soy
este y todos y nadie y cada uno,
me sobreviene, llega,
desciende -—¿desde dónde?— sobre mí
sin motivo ni aviso.
Y yo, que iba deprisa, me detengo,
y me quedo mirando cada cosa,
sintiéndola, escuchándola.
En torno está, además, mi vida entera:
más que nada, la infancia, su color,
su sonido tan limpio, sus olores;
y lo que vino luego,
el amor y el dolor y la alegría,
hasta llegar a este momento de hoy.
Todo es presente vivo y palpitante
que quisiera ser dicho.
Y yo no quiero sino pronunciarlo.
De la quietud, entonces,
van brotando palabras.
De:
“Mi tan ajeno yo. Autorretratos 1978-2025”
MARÍA BARCELÓ CHICO
A
los signos entregas
el tacto de la piedra
y su dureza,
la
elipsis del grito,
el
inquietante murmullo
que estalla adentro,
su sorda convulsión.
La
cicatriz abierta.
De: “Acaso
el grito”
MAY SARTON
El
trabajo de la felicidad
Pensé
en la felicidad, en cómo se teje a diario
con el silencio de la casa vacía
y en que no es súbita ni gratuita
sino una creación, como el crecimiento de un árbol.
Nadie lo ve, pero detrás de la corteza
crece otro círculo en anillos que se expanden.
Nadie oyó a la raíz cavar más hondo en lo oscuro,
pero por ese trabajo hacia adentro el árbol se eleva
y sus penachos brillan, y sus hojas destellan.
Así,
la felicidad se teje con la paz de las horas
y hunde sus raíces en lo profundo de la casa sola:
en el rincón, el busto antiguo; los frescos pisos encerados,
blancas cortinas que ondulan suave y continuamente
cuando libre se mueve el viento silencioso por el cuarto;
una biblioteca, una mesa y la pared blanqueada—
esos son los dioses de la casa, queridos y familiares,
aquí el trabajo de la fe puede hacerse mejor
y el árbol que crece es musical y verde.
Porque
¿qué es la felicidad sino crecer en paz,
el sentido atemporal del tiempo cuando los muebles
pasaron toda una vida en el mismo lugar
y los viejos sueños, así como el viento al moverse, agitan
las hojas de la felicidad presente?
Nadie ha oído una mente ni escuchado un pensamiento
pero donde alguien vivió en introspección
el aire queda cargado de bendiciones, y bendice;
las ventanas miran a las montañas y las paredes son amables.
ALEJANDRO CÉSPEDES
Las
formas inexactas
Nunca conoció más que los proyectos parciales, los trozos
y los grados, y la impresión de lo que hizo es muy diferente a la de una cosa
entera y acabada, y solo conoce de su perfección los planteamientos, […] se
convertía […] en un animal indeciso, un ser que no se puede definir por las
circunstancias mismas.
PAUL VALÉRY
El
álgebra del sueño y la aritmética
que inyecta su veneno en la memoria.
La existencia en la silla de ruedas del lenguaje.
El álgido misterio que habita en su grafía,
su abstracta condición de irreversible.
Esta vida ontológicamente despreciable.
El gesto pertinente
para el advenimiento del desastre.
Las fábricas de cosas imposibles,
los vertederos de formas inexactas,
un manantial de nombres inconcretos,
el nudo que reúne las vidas malgastadas.
Las lágrimas que viajan en los coches usados.
El choque que produce el abordaje
de una vida hacia otra, el horizonte
en el que ambas son aún la misma cosa.
La geometría de una mirada obscena,
la lágrima perfecta, el ojo cónico.
El dolor que se oculta detrás de una apariencia.
Los cuerpos que limitan al norte con su espíritu
y al sur con unas sombras
que pronuncian su nombre.
El amor que limita con su propio reflejo
al este y al oeste
de un corazón volcado en un desierto.
Los proyectos parciales de unas cosas
que nunca están enteras ni acabadas.
Todo lo que no puede definirse
por sus propias circunstancias.
Esos pluscuamperfectos animales
indecisos, parciales, expulsados
del álgebra del sueño y su aritmética.
De: “Taller
de relojería”
LUIS CHAVES
los
animales que imaginamos
esto
que ves antes no existía. dice
las personas acomodan sus sombreros.
corrigen sus posturas y sonríen desde el papel.
es
agosto y llueve con la voz de nina simone.
el apartamento es una cama gigante
donde se cubren las partes duras del amor.
afuera
el mundo gira como siempre.
unos viven esperando el autobús de regreso.
otros adrede dan direcciones equivocadas.
en
una habitación en pleno centro de san josé.
al colchón se le salen las entrañas.
faltan sillas para las preguntas.
hay noches desbordadas en los ceniceros.
ella
es una niña que crece
como la santalucía entre las ranuras de concreto.
sentado
frente a la lámpara.
él junta sus manos y aparece un pájaro en la pared.
mirá cómo camina este elefante. repite ella.
él enrola otro cigarrillo y cambia de canal.
se
habla de dios. la muerte.
desnudos o en ropa interior.
bajo las sábanas las rodillas como cabezas atentas.
él lee cuentos con la sangre en llamas.
ella se duerme justo antes de llorar.
es la voz de nina simone y llueve como agosto.
hay latas vacías junto a las pantuflas.
ropa tendida en el alma de los dos.
desde los extremos de la mesa.
sus miradas se encuentran
como regresando de pueblos lejanos.
ella
canta el blues de la negra. confunde las estrofas.
da golpecitos con el índice a su reloj.
de noche él deja sin seguro la puerta.
para que el miedo salga a caminar.
pero
el tiempo no entiende de estas cosas.
para él todos son animales.
todos tienen lecciones que aprender.
y un viernes hay una grieta en el aire.
la puerta trasera abierta de par en par.
un pájaro dibujado con tiza negra vuela en la pared.
en
un cajón remoto calla nina simone.
así tuvo que ser. piensa él.
que ya no frecuenta ciertos lugares.
y a veces se queda quieto de repente
cuando escucha pasos minúsculos en el cielo raso.
recuerda el tono atropellado de sus palabras:
todo
el invierno es agosto
y llueve siempre como su voz
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