Quitarse
del cuerpo un amor
arrancar sus alas frescas
desgranar sobras resecas.
Siempre sangra el filo del adiós.
"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
Quitarse
del cuerpo un amor
arrancar sus alas frescas
desgranar sobras resecas.
Siempre sangra el filo del adiós.
Un
desgarro de amor
es una quemadura
la piel duele con el aire
poco
a poco sus hebras sanan
para ir por el mundo.
Me venía curando
pero escuché esa
melodía
una navaja hermosa
otra vez en la piel.
A
veces las palabras
no
son puentes
el
misterio y sus noches
nos
separan.
La
oscuridad nos devora
a
preguntas
creciendo
en yuyos
el
silencio envuelve al corazón
en
un pañuelo
cielo
sin estrellas.
El
amor entra por distintos atajos
una
voz, una mirada, una sonrisa
se
cuela por una fisura
y ya nada es igual.
Anida
en nuestros cuencos
como el agua
no sale una vez que entró.
Puse
una verdad sobre la mesa
harta
de la danza de tules
y el
juego se pinchó de golpe.
Una
puede planear casa y jardín
en
una pompa de jabón.
No
sé si tengo que obligarme
a pensar otras cosas
sacudirme boca abajo
como
un frasco de azúcar
hasta
escupir los restos adheridos.
O quizás sin hacer
te vayas de mí
al estilo de los charcos de agua
en la vereda
que solos se van
respirando
hasta su extinción.