"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
miércoles, 22 de julio de 2026
IRENE X
Busco
a ciegas la amabilidad palpando el mundo.
La busco, ya no la espero.
La busco como una niña un plato en la mesa o una
linterna si se va la luz.
La busco porque es mi costumbre soñada. Y digo
costumbre porque debería haberlo sido siempre, pero
callé por normalidad y se hizo la normalidad.
Aprovecho este saber que no lo es para conocerme
otra vez,
hay muchas infancias en la vida;
quiero soñar.
De: “Tanto
amor”
JACQUELINE GOLDBERG
leo
sobre famosos
con maleficios cutáneos
clint
eastwood
elizabeth taylor
otros
otros
el
más mentado
bob marley
melanoma
lentiginoso acral
bajo la uña
no
quiso amputarse
murió
con treinta y seis años
metástasis
en cerebro
pulmones hígado estómago
pobre
bob
me canta
no woman
no cry
everything’s is gonna be alright
igual
lloro
lloro mucho
no
sé
si todo va a estar bien
De:
“Melanoma”
FEDERICO GALLEGO RIPOLL
Jan
Yunis
De
nuevo fue preciso dejar que las palabras,
girando sobre el eje de la enseña,
descalzaran su ruta hacia el abismo.
Sin faja ni aderezos,
las palabras matriz, elementales,
no hubieron de encubrir ninguna lágrima:
conteniendo la ira
regresaron al ser los cimientos del mundo.
Los profetas erraban inventando lenguajes,
disponían las ruines fronteras del nosotros
pulimentando espejos,
infectando los ríos que marcaban el límite
Se echó a temblar el mar
tras palparse el estómago vacío.
Los amigos del héroe barnizaban el podio
y teñían con sangre la seda criminal de sus banderas.
Una vez más, otra vez más, sin prisas,
mi madre nos tomaba de la mano para iniciar la marcha:
volvíamos a no ser de patria alguna.
De:
“Los latidos contados”
JHAK VALCOURT
2
exilio
de la infancia
Ici, c’est toujours avec un cadavre qu’on salue l’aube.
Jessica Nazaire
nos
han exiliado de la infancia,
de correr descalzos y desnudos
bajo la lluvia
de andar los montes
en busca de frutas y aves
de los tirachinas
los juegos de canicas
los quinqués de luciérnagas…
islas
del silencio
y la candidez.
nos
cambian muñecas,
carros de plásticos y legos
por martillos, cajas de limpiabotas y fusiles.
un «abajo la miseria» entre la lengua y el paladar.
el hambre florecida en las costillas
y salir por las calles hediondas
asfaltadas de vísceras
esquivar cadáveres
en busca de un cielo de rayuela.
difícil
la niñez
cuando el hambre y la calle
son canciones de cuna.
¿cómo
esconderse
en los versos de un poema
sin puertas de salida?
¿cómo huir
despedirse
cuando los adioses son de sangre y agonía?
De: “Cuando
callan los ríos”
LUIS RAMOS DE LA TORRE
Y
AHORA,
con
la delicadeza de lo humilde,
con
la máxima incertidumbre,
contemplar.
Cerrar
el viejo atlas de las horas,
desoír
las voces de la nostalgia,
no
buscarse.
Alejarse
de lo que aún se es
y
avivar sin rubor la resistencia.
No
se airea lo que alienta menoscabos.
No
hay nada más,
lo
propicio al olvido es la templanza.
Arde
el instante.
(resistencia)
De:
“Ningún instante es más”
REDRY
Me
elijo a mí
Perdí
intensidad,
reconozco haberme perdido
en cada una de las páginas de mi cuerpo,
apuntando con cada bala perdida
al pasado inalcanzable,
como si disparara contra estrellas que ya no existen.
Me
estoy reconstruyendo.
Los atajos de la casualidad
me llevan a reencontrarme con todos los rincones
de mi cerebro en los que me había sumergido
y no conseguía salir a flote,
una vieja galaxia que retomo
para volver a ponerla en órbita.
Y se
expande el miedo en este vacío sideral,
en cada uno de los planetas en los que he estado.
Me
levanto una y otra vez.
Empiezo a respirar profundamente,
y a poder ver más allá de oler un nuevo amanecer
en esta habitación en la que huele a nuevo
cada día sin descomponer
cada momento del silencio,
cada silencio que solo soy yo
en esta cama llena de mí.
Me
oxigeno en mi aire libre.
Invierto en mí todo el tiempo que necesito,
aspiro,
y suspiro el alivio de verme amanecer
y de saber que puedo sentirme enamorado
sin dejar de ser mi propio centro de gravedad.
Me
recompongo en cada uno de los momentos que me dedico.
Se me desinfectan las cicatrices
que ya no se sienten cada vez que leo los versos
y los sorbos de los brindis por el camino que he elegido.
Me
actualizo debidamente con mi presencia.
Te aseguro que me he preguntado a mí mismo
por qué me sumí en aquella historia
y me responde una y otra vez mi cuerpo
con la misma respuesta:
el invierno en esta ciudad no termina nunca.
Pero ahora me elijo en cada pulsación.
Y me
siento,
sin que nadie más lo sienta.
De:
“La trayectoria del Big Bang”
Nota:
Redry es el seudónimo del poeta David Galán
