"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
sábado, 22 de abril de 2023
CLAUDIO MARTÍNEZ PAIVA
Por
la cría
¡Oiga!
Si, a usté lo he llamado
porque supe que usté iba irse mijo.
Yo corrijo su rumbo, y es natural
si tiene gusto a sangre en la boca
lo comprendo.
Al
hombre más curtido se le hace
ñudo entre el facón los dedos,
cuando le llevan la mujer querida
y lo dejan vacío por dentro.
¿Pero
a qué continuar?
a qué continuar si yo le escucho
galopar su pensamiento
y al tiempo que le pido que se quede
uste muenta a caballo y hasta luego
¡vallase! vallase pa onde quiera
que yo me quedo a vigilar mis nietos.
está
bien que ellos mañana o pasado
puedan sentir el amparo de su abuelo
pero no es lo menos.
no es lo mismo malcrearse en mis resongos
de que saquen en enseñanza de su ejemplo.
además, si los deja
aunque usté no quiera
siempre serán unos pobrecitos que andan
pegados al chiripa de un viejo.
pero
¿a qué continuar?
a qué continuar si yo le escucho
galopar su pensamiento
y al tiempo que le pido que se quede
uste muenta a caballo y hasta luego
¡vallase! vallase pa onde quiera
vallase a saciar en sangre sus deseos.
Pero
oiga mijo,
como el viaje es algo largo
es necesario que cavemos sobre la sepultura de su madre.
Hay que cambiarle pa otro lado los hueso a la pobre finada.
Se le están viniendo encima los caminos
y cuantito descuidemos, le echan la cruz abajo
de tanto golpear contra ella los troperos.
Allí
tiene una pala
¡sacúdale duro y parejo!
que yo ya estoy viejo y dichoco
pa estas faenas.
y pensar…
y pensar mijo que llevo treinta años,
treinta años costado de esta osamenta
que ha sido mi martirio y mi consuelo
¿cómo
dice? ¿qué está muy dura la tierra?
¿qué parece que nunca fuera removida?
¡¿y no le estoy diciendo que son como treinta años
que hice esta zanja pa enterrar mi sueño?!
¡hunda!
hunda la pala por ahi
por donde asome ese pedazo de cuero
¡tuerza, levante!
no se me ahogue en miedo.
que un hombre tan solo se marea a la hora
que se está muriendo.
está asustado porque ha visto que ha sacado
un cajón que no es de muerto.
déjeme
abrir la tapa, que al abrirla
van a volar treinta años de misterio…
allí tiene: la bata florecida que perfumó mi vida,
el pañuelo, la cinta azul del velo, los zapatos puntiados,
las medias blancas que le compré en el pueblo
¡y aquel!…. aquel… aquel montón de hilachas
carcomidas por el tiempo,
la poyera punzó que usó pa su casamiento.
¡este…
este mijo,
es el cadáver que he velado treinta años!
treinta años en silencio
pa que ninguno nunca
pudiera marcarlo con el dedo
ni refrescarle con el barro la vergüenza
que tuvo Fredencia de nacimiento.
Su
madre… aunque le duela
su madre… igual que ahora su mujer se fue con otro
y al primer momento decidí lo que usté
de ir a cobrarme la deuda
cuchillo a cuchillo
¿pero
para qué? ¿para qué?
si allá en el rancho
abandonado quedaba mi pobre hijo durmiendo,
un inocente,
un inocente que al final de cuentas iba pagar
pagar lo que yo había hecho.
me
mordí desesperado las manos
envainé mi cuchillo, y enterré silencioso estos despojos
y me dispuse a continuar viviendo
sonriendo por fuera
pero con la muerte… con la muerte adentro
pa que usté
pa que usté mijo
se creara limpio en hombre
trabajador… y honrado de pensamiento.
ahora, ya me puedo morir tranquilo
queda usté con el secreto pa que diga algún día
si ha servido di algo, tanto sufrimiento.
Saque
esa cruz
¡¿qué saque esa cruz le ordeno?! (grita)
empareje el terreno ¡y vallase!!!
vallase pa onde quiera
que yo me quedo a vigilar mis nietos
¿cómo?
(risa con llanto)
Huye pa su rancho
se ha echado sobre los ojos el sombrero
¡va llorando!
¡¡no importa mijo!! (sube la voz)
no importa que padezca
yo lo hice por usté
y usté sufra por ello.
gracias
tata Dios, gracias señor
por fin comprendo,
por fin comprendo por qué me hiriste
en la mitá del pecho.
las penas que sufrí
resultan chicas y las comparo con el bien que han hecho
te ensañaste con un pobre gaucho
para que tú y todo este mal
fuese la dicha de un abuelo.
EZEQUIEL MARTÍNEZ ESTRADA
Miro
tus ojos
Miro
tus ojos cansados
tu faz que agostó la vida;
miro la nieve caída
en tus cabellos dorados.
Eres
la misma que fuiste,
toda tú en manos y cara.
Antes Noemí y ahora Mara,
la misma, mucho más triste.
Te
ves como en un espejo
en mi mirada cansada,
y piensas, sin decir nada,
que yo también estoy viejo.
Si
no paz, y si no olvido,
espero algo, y tú también.
Estamos en un andén
después que el tren ha partido.
PIERRE LOUŸS
El
deseo
Ella
entró, y apasionadamente, los ojos
cerrados, unió sus labios a los míos y
nuestras lenguas se conocieron… Nunca hubo
en mi vida un beso como aquél.
Ella
estaba de pie contra mí, toda amorosa
y complaciente. Una de mis rodillas, poco
a poco, se colocó entre sus muslos cálidos,
que cedieron como para un amante.
Mi
mano deslizándose sobre su túnica,
buscaba adivinar el cuerpo desnudo que curva
a curva ondulante se plegaba, donde se combaba,
se atiesaba con los roces de la piel.
Con
sus ojos en delirio, designaba el lecho,
pero no teníamos el derecho de amarnos antes
de la ceremonia de nupcias y nos separamos
bruscamente.
JULES LAFORGUE
La
esfinge
En
las estepas del desierto, a la hora en que el apagado cielo
al jaguar adormecido incita a buscar el frescor,
con los ojos en el horizonte mudo, vasto, sin fin,
hundidos hasta los senos en la arena, una esfinge en cuclillas sueña.
A
sus pies, sin embargo, muriendo como el oleaje,
un pueblo de hormigas negro y atareado se agita.
vive, ama, va, y luego lentamente pasa
bajo esa mirada sin cesar en el horizonte clavada.
Y
ese pueblo ya no existe. El sol escarlata
allá abajo tranquilo se oculta, en un resplandor dorado,
luego, el aliento de la tarde, tibio y delicado,
dispersa esos despojos. La gran esfinge sigue soñando.
ANDREA LUCA
No
son las cosas
No
son las cosas
lo que las cosas son:
el hombre fagocita
toda la materia
y la convierte en epidermis
de su culto. No hay hechos,
sino juicios, y todo es
y no es según el traje de la época.
Habituados al rebuzno,
con las riendas bien sujetas,
la vida es una espuela
que dirige el camino.
No hay tiempo de pensar
más que en el giro o pirueta
que haga sobrevivir al estómago.
No son las cosas
lo que las cosas son
ni nunca fueron
ni serán,
mientras no nos crezca la cabeza
hacia dentro
y desandemos el camino
de regreso al Edén.
JOAN BROSSA
El
tiempo
Este
verso es el presente.
El verso que habéis leído es ya el pasado
-ha quedado atrás después de la lectura-.
El resto del poema es el futuro,
que existe fuera de vuestra
percepción.
Las palabras
están aquí, tanto si las leéis
como si no. Y ningún poder terrestre
lo puede modificar.
