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lunes, 13 de julio de 2026

JOSÉ MANUEL FAJARDO

  

 

 

XVIII

  

Mi sombra está llegando a la perfección, hoy la he visto

recortada contra el muro y me he detenido a tomarle una foto.

Soy yo, no me cabe duda. Parece dibujada con tinta sobre la

superficie rugosa, pero tiene la consistencia del muro que la alberga.

Más consistencia que yo mismo, que me desleo en años

con las venas de los sueños abiertas, cada vez más etéreo en este

cuerpo de sombra tan perfecta. Como si cuanto soy se fuera

transfiriendo a ella desde mis pies, sobre el pavimento, hasta la

silueta de esa cabeza que se ve que es la mía y quién sabe si un

día permanecerá ahí, proyectada cuando ya mi cuerpo se haya

ido, con la arrogante persistencia de lo que quise haber sido.

 

De: “Perfecta sombra”

 

 

domingo, 12 de julio de 2026

JOSÉ MANUEL FAJARDO

 

 

 

IX

  

Un breve recuento de placeres: terminar de escribir un libro,

leer otro que me deslumbra, plantar hierba para tu gato, tomar

tu mano en la noche para que me lleve al sueño, el borboteo

de una cafetera en la cocina, su aroma que despierta las ganas

de vivir, saber que mi soledad comparte frontera con la tuya,

hacer planes para trasladarse a otra ciudad, escuchar en el teléfono

la voz que busco. Y la música.

 

De: “Perfecta sombra”

 

sábado, 11 de julio de 2026

JOSÉ MANUEL FAJARDO

 

 


 

El cementerio

  

Crece un rosal salvaje sobre la tumba

en la que el cuerpo medita su ruina

un rosal alto y retorcido

fiera cruz que guarda arisca

el secreto que le sirve de alimento.

Piedra que crece

sobre el lomo erizado de esta ingrata colina

donde el olvido musita sus palabras de hierba

y la tierra enseña sus uñas pardas

entre las tristes ranuras de las lápidas.

Hay una calma de siesta

en el cementerio.

Hay una verja abierta

y una fosa abierta

y un pájaro diminuto que se posa en un arbusto

y un vuelo fugaz de gaviotas

cuyos gritos secos son la única oración

que entona el cielo.

En vano teje la araña del tiempo

su mortaja de silencio

pues la húmeda voz del cementerio lanza al aire

sus mudas palabras de arena y mármol y gravilla

sus murmullos de césped y caléndulas.

Y en la hondura del valle

se hacen eco los perros

y la lluvia se aquieta

y se aplacan las iras del viento

y el rosal despliega el suspiro de su aroma

como un himno a los muertos.

(Getxo, 1993)

  

De: “Perfecta sombra”

 

 

viernes, 10 de julio de 2026

JOSÉ MANUEL FAJARDO

 

 


 

Una vieja ciudad europea

  

El empedrado de las calles tiene algo de magma sólido.

Cada piedra aislada y rotunda,

sola entre todas.

Los espacios entre ellas son minúsculos valles.

El empedrado de estas calles viejas

tiene algo de piel de animal extinto,

rugoso,

y parece cubrir un cuerpo invisible.

Los pies tantean el terreno,

como un astronauta otro mundo,

como un espeleólogo la gruta

que guarda tercamente su secreto.

Y al contemplar los edificios

es preciso pararse,

evitar el paso en falso

la caída que te arrastre

hacia esa otra tierra

oculta bajo el empedrado.

Clavo mis ojos en las piedras solitarias

que dibujan la piel de ese animal extraño

habitante de una tierra invisible,

ese pasado que parece pujar por emerger,

por asomar su milenario hocico

y resoplarnos a la cara las lecciones que nunca aprendimos.

(Plovdiv, 2025)

  

De: “Perfecta sombra”

 

 

jueves, 9 de julio de 2026

JOSÉ MANUEL FAJARDO

 


 

Ojo de luna

 

Sigues ahí

insomne

mirando este globo hirviente de pesares

y sueños como nubes.

Eres mirada y luz

ojo y luciérnaga.

Tutelas la noche de los hombres

sus pasiones sus violencias

tan silenciosa y fría como el cuchillo que siega una vida.

Aquí abajo las sombras se mueven

todo es crepitar

el murmullo incesante de un mundo

que nace y muere

que sufre y goza en un caos

al que en vano busco sentido.

¿Cómo se ve desde esa inmensidad

tanto esfuerzo?

¿Qué significan las lágrimas y el semen,

la risa y los gritos?

¿Dejamos a nuestro paso

alguna huella

que no sea tan sólo

la efímera pisada del deseo?

¿Hay un rastro de amores

perceptible como una migración gigante?

¿Se fosilizan los odios

en el ámbar del tiempo?

¿Qué se puede sacar

de tanto mar y tanta sangre?

¿Qué se puede encontrar

en esta soledad de multitudes?

Yo te miro

ojo de luna

y en tu resplandor

no encuentro más que preguntas.

(Roma, marzo 2003)

  

De: “Perfecta sombra”

 

lunes, 4 de mayo de 2026

JOSÉ MANUEL FAJARDO

 

  

 

XVIII

  

Mi sombra está llegando a la perfección, hoy la he visto

recortada contra el muro y me he detenido a tomarle una foto.

Soy yo, no me cabe duda. Parece dibujada con tinta sobre la

superficie rugosa, pero tiene la consistencia del muro que la alberga.

Más consistencia que yo mismo, que me desleo en años

con las venas de los sueños abiertas, cada vez más etéreo en este

cuerpo de sombra tan perfecta. Como si cuanto soy se fuera

transfiriendo a ella desde mis pies, sobre el pavimento, hasta la

silueta de esa cabeza que se ve que es la mía y quién sabe si un

día permanecerá ahí, proyectada cuando ya mi cuerpo se haya

ido, con la arrogante persistencia de lo que quise haber sido.

 

De: “Perfecta sombra”

 

 

domingo, 3 de mayo de 2026

JOSÉ MANUEL FAJARDO

 


 

IX

 

Un breve recuento de placeres: terminar de escribir un libro,

leer otro que me deslumbra, plantar hierba para tu gato, tomar

tu mano en la noche para que me lleve al sueño, el borboteo

de una cafetera en la cocina, su aroma que despierta las ganas

de vivir, saber que mi soledad comparte frontera con la tuya,

hacer planes para trasladarse a otra ciudad, escuchar en el teléfono

la voz que busco. Y la música.

 

De: “Perfecta sombra”

 

 

sábado, 2 de mayo de 2026

JOSÉ MANUEL FAJARDO

 


 

El cementerio

  

Crece un rosal salvaje sobre la tumba

en la que el cuerpo medita su ruina

un rosal alto y retorcido

fiera cruz que guarda arisca

el secreto que le sirve de alimento.

Piedra que crece

sobre el lomo erizado de esta ingrata colina

donde el olvido musita sus palabras de hierba

y la tierra enseña sus uñas pardas

entre las tristes ranuras de las lápidas.

Hay una calma de siesta

en el cementerio.

Hay una verja abierta

y una fosa abierta

y un pájaro diminuto que se posa en un arbusto

y un vuelo fugaz de gaviotas

cuyos gritos secos son la única oración

que entona el cielo.

En vano teje la araña del tiempo

su mortaja de silencio

pues la húmeda voz del cementerio lanza al aire

sus mudas palabras de arena y mármol y gravilla

sus murmullos de césped y caléndulas.

Y en la hondura del valle

se hacen eco los perros

y la lluvia se aquieta

y se aplacan las iras del viento

y el rosal despliega el suspiro de su aroma

como un himno a los muertos.

 (Getxo, 1993)

 

De: “Perfecta sombra”

 

viernes, 1 de mayo de 2026

JOSÉ MANUEL FAJARDO

 

 

 

Ojo de luna

  

Sigues ahí

insomne

mirando este globo hirviente de pesares

y sueños como nubes.

Eres mirada y luz

ojo y luciérnaga.

Tutelas la noche de los hombres

sus pasiones sus violencias

tan silenciosa y fría como el cuchillo que siega una vida.

Aquí abajo las sombras se mueven

todo es crepitar

el murmullo incesante de un mundo

que nace y muere

que sufre y goza en un caos

al que en vano busco sentido.

¿Cómo se ve desde esa inmensidad

tanto esfuerzo?

¿Qué significan las lágrimas y el semen,

la risa y los gritos?

¿Dejamos a nuestro paso

alguna huella

que no sea tan sólo

la efímera pisada del deseo?

¿Hay un rastro de amores

perceptible como una migración gigante?

¿Se fosilizan los odios

en el ámbar del tiempo?

¿Qué se puede sacar

de tanto mar y tanta sangre?

¿Qué se puede encontrar

en esta soledad de multitudes?

Yo te miro

ojo de luna

y en tu resplandor

no encuentro más que preguntas.

(Roma, marzo 2003)

 

De: “Perfecta sombra”

 

jueves, 30 de abril de 2026

JOSÉ MANUEL FAJARDO

 


 

Una vieja ciudad europea

  

El empedrado de las calles tiene algo de magma sólido.

Cada piedra aislada y rotunda,

sola entre todas.

Los espacios entre ellas son minúsculos valles.

El empedrado de estas calles viejas

tiene algo de piel de animal extinto,

rugoso,

y parece cubrir un cuerpo invisible.

Los pies tantean el terreno,

como un astronauta otro mundo,

como un espeleólogo la gruta

que guarda tercamente su secreto.

Y al contemplar los edificios

es preciso pararse,

evitar el paso en falso

la caída que te arrastre

hacia esa otra tierra

oculta bajo el empedrado.

Clavo mis ojos en las piedras solitarias

que dibujan la piel de ese animal extraño

habitante de una tierra invisible,

ese pasado que parece pujar por emerger,

por asomar su milenario hocico

y resoplarnos a la cara las lecciones que nunca aprendimos.

 

(Plovdiv, 2025)

 

De: “Perfecta sombra”