miércoles, 29 de marzo de 2023


 

MALVA FLORES



 

Heliotropo

  

—Que no es la mía, repito.
—Y tú, ¿a dónde vas?, me dice un hombre que quiere pasar por guía
—qué guía el heliotropo
“Violetas, señorita, unas violetas”
—qué canta diamantina la voz del papagayo

Ya dejo de insistir y acepto la maleta que no es mía. Cuánto diablo sin rostro me la ofrece y tomo el equipaje sin ser Fausto.

Rash, rush, rouge

Miro el reloj de la Isla Central. Es 26 de julio y unos puercos lustrosos caminan por la calle.

 

LUIS DE SANDOVAL ZAPATA

 

 


 

Riesgo grande de un galán
en metáfora de mariposa

  

Vidrio animado que en la lumbre atinas
con la tiniebla en que tu vida yelas
y el breve punto del morir anhelas
en la circunferencia que caminas.

En poco mar de luz ve oscuras ruinas,
nave que desplegaste vivas velas;
la más fúnebre noche que recelas
se enciende entre la luz que te avecinas.

No retire tu espíritu cobarde
el vuelo de la luz donde te ardías,
abrásate en el riesgo que buscabas.

Dichosamente entre sus lumbres arde,
porque al dejar de ser lo que vivías
te empezaste a volver en lo que amabas.

 

 

SAINT-POL-ROUX

 

 

 

 

Delante de la ropa tendida por mi madre, en el pueblo

A Víctor Groulhard

  

¡Ropa tendida por los brazos de rosa de mamá…!

Primitiva prueba de la cubeta con sus cenizas de sarmiento…
Huevos nevados del jabón…
Francas bofetadas de la paleta…
Decisivas caricias del pozo…
Muy pura cuerda que va desde los acerolos hasta ese trofeo de orejas de elefante al que se parece la higuera…
Luego, las pinzas tutelares…
Y, finalmente, sobre ese flotante candor, los sutiles lingotes del sol virgen…

¡Ropa tendida por sus brazos de rosa!

Hostias…
Linos de alba…
Nenúfares de brisa…
Páginas de amapolas…
Lienzos de luna…
Pergaminos en viñetas de insectos…

¡Ropa tendida por sus brazos de rosa!

Ingenuo aroma de la lejía…
Que sube a abrir el palomar de los recuerdos…
Y se perciben gestos blancos de aparecidos en los espejismos de antaño…
Y se saborea la buena leche de rediles revueltos…

¡Ropa tendida por sus brazos de rosa!

Pues es la exposición de las obras sencillas de las mamelas de mi casa…
¡Estados de alma de mis ancestros entre la adelfa y el olivo…!
Hijo, ¿acaso emanas de la rueca o de los velos de las capelinas…?
¿Acaso serviríais de ajuar a la posteridad, venerables cabellos de antaño…?

¡Ropa tendida por sus brazos de rosa!

¡Oh, esos dedos de abuela sobre esos resaltes de abuela…!
¿Acaso chorreas, saliva laboriosa, desde esas telas sobre la verbena y las sandías?
Bravas hadas que en sueños huís bajo el emparrado en verano y ante una lumbre de cepas en invierno, ¿quedaron vuestras ensoñaciones entre sus mallas…?

¡Ropa tendida por sus brazos de rosa!

Oh pañales
Oh mandiles
Oh visillos
Oh manteles del festín familiar en el que el más anciano dice una oración…
Oh sábanas puestas en el alféizar al paso de la virgen…
Oh sudarios…

¡Ropa tendida por los brazos de rosa de mi madre!

 

Versión de Manuel Ángel Gómez Angulo

 

 

FERNÁN GONZÁLEZ DE ESLAVA

 

 


 

Al Santísimo Sacramento

  

Misterios soberanos Cristo ha hecho,
Abriendo sus entrañas de dulzura,
Arroyos de su gracia vierte el pecho
Hinchendo el cielo y tierra de hartura:
Encierra el mar inmenso en un estrecho,
Dió espíritu de vida á la figura,
Y el inefable bien y quien lo ha dado
Está, con ser sin suma, aquí sumado.
De todo nuestro mal remedio cierto,
Consuelo del que lágrimas derrama,
Leon que sobre el hijo que está muerto
Por darle eterna vida siempre brama:
Perfecta guía y luz deste desierto,
Amor que del principio al fin nos ama:
Aquel poder que todo lo ha criado
Está, con ser sin suma, aquí sumado.

 

JULIO MIGNO

 


 

Mi tierra

 

Timbó, laurel, curupí,
lindos ceibales en flor,
pago de indio mocobí;
San Javier donde nací;
no hay otra tierra mejor.

Timbó, laurel, curupí…

Sanjavielito y Verón
en mi sangre van marchando,
desato mi corazón,
lo pongo de embarcación
y lo cruzo navegando.

Sanjavielito y Verón…

Ronquidos de marejadas,
corridas de surubises,
y abriendo las madrugadas
nubarrón de crestonadas
y un silbar de siririses.

A pala corta la proa
dolorida correntada
y descansa la canoa
mientras se hace la ranchada.

Relatos de aparecidos,
política lugareña,
la crónica de un silbido
y el llegar como perdido
del que salió a buscar leña.

Cielo abierto, mosquitada,
chanzas, postas de pescao,
y al revolear la liñada
la preferencia anotada:
«pa’ la boca de una dorao!».

Corre plomo derretido
en la vena del zanjón,
y un camalote perdido
va cabeceando dormido
a dar contra un albardón.

Juega su plata la luna
sobre carpeta de estero
y se la copan los teros
a orillas de la laguna…
Por la lomada cebruna
relincha en arco un bagual,
pasa lerdo un pato real
al sesgo y a lo matrero,
y lo encandila el lucero
que asoma entre el totoral.

Silencio de narradores,
quejumbres de gallinetas,
relevo de cebadores
y un rodear los asadores
de cuchillo y de galleta.

Como anticipo de soles
en las mañanas triunfales,
cuajarones arreboles
van flamenado tomasoles
los isleros cardenales.

«Color de guitarra vieja»
salta un zorzal andariego.
La ocurrencia en la madeja
la tejió don Goyo… Cejas
mientras atizaba el fuego.

Calandria en cristalería,
boyero meciendo acentos,
pasan en la tierra mía
con sus gauchas juglarías
de emplumados instrumentos.

Amigo de mis ausencias,
de lo mejor que me queda,
aquí vengo a la querencia
y haciendo acto de presencia
pido mi trago en la rueda.

Paisanas: «sanjavielero
pa’ lo que gusten mandar»,
de aquellos que al saludar
como queriendo sembrar
van empujando el sombrero.
Paisanas, sanjavielero.

Todo del indio Mariano
y del flautista Paikí
donde es chuza de baqueano
el alarido temprano
de Miguel Lavanderí.

Timbó, laurel, curupí,
lindos ceibales en flor,
pago de todo mi amor
San Javier donde nací
tierra de indio mocobí
borracho al atardecer,
timbó, laurel, curupí
no he de morir sin volver
y he de volver a morir
en tus costas, San Javier.

Cúmplase así mi destino
después de cruzar errante
loco caballero andante
los más inciertos caminos,
sintiendo todos los trinos

con mi tumba en la barranca,
cajón de madera blanca
de timbó sanjavierino
y en tardes ensangrentadas
Sanjavielito y Verón
rezándome una oración
en sus blandas marejadas.

 

 

GUY DAVENPORT

 

 

 

La Medusa

  

es Juno de las Cintas en gelatina,
poco más, como Lyman dijo a Agassiz,
que agua organizada, el cerebro de Hegel,
en un chal de encaje, luz de luna tejida,
su cúpula de cristal líquido
sellada por suturas invisibles,
sus bolsas de espora disfrazadas de ojos
alternadas con ojos, ojo testículo,
ojo testículo, pétalo brillante,
seis sexos que florecen en seis ojos
orlados con pliegues delgados como el vino
descendiendo por la copa
cosido a la cúpula con telaraña.
Su confeti de cuarenta patas cuelga,
raíz de orquídea malar,
página de punto en plata de Da Vinci
en el murmullo y meandro de los ríos
que remolinean, espiral contra espiral,
como el pelo de Isabella de’Este.
Esta anatomía de agua
con su cuenco de cristal de sombrero
colgado con ojos sexuales y sexos ópticos
es nombrada Medusa por las amas
de la denominación, Arethusa y Ariadna,
señoras cuya suerte estaba en laberintos.
Es el Hombre Portugués de Guerra,
la ortiga marina, la medusa punzante.
Constructores con cestos de átomos
en los siete días, uniendo protozoarios
llamaron a estas jibas de légamo
barbadas con helecho transparente
La Señora Eléctrica, Venus Quintaesencial,
Jezebel en Panoplia, Hera de las Borlas.
Esta esfera graciosa cercada
y vestida en pelo de Isolda,
cangrejo tímido, improbablemente intrincado,
y por la palabra de cualquier artesano virtuoso
imposible, es cincuenta libras de agua
y cuatro onzas de carne,
es electricidad de volantes replegados,
y es transparente. Puedes ver
a su través lo que hay detrás, un pez
curvo como en un espejo con urdimbre,
o coral oprimido y estirado
por esta lente de agua gorda. Lía
para copular un estilo de engranaje
alrededor de otra que a su vez
está rodando alrededor de otra, ojo
viendo en otro ojo, semental entre la cuenca.
Es un hermafrodita y puede,
si la urgencia es grande, acoplarse con seis
al mismo tiempo y es sabido
que, con la mar picada y él tan diestro,
dispara de entre sus compañeros
dos pies en el aire.
No empolla bebés Circes sino
anémonas, flores carnívoras,
granadas del océano que
se mezclan, como sus titanes
padres Venus y Mercurio.
Acéfalas, no son seres
sino semillas de los seres,
padre, huevo e infante en uno,
huesos de agua, carne de película.
Su progenie es el pulpo fantasma
con piernas de humo, la dormida-
bifurcada-y-ojeada Medusa Cyanea,
disparo en el azul, rápido aguijón,
una ferocidad de luz
en la fría oscuridad de los mares.