sábado, 21 de marzo de 2026




 

SARA TEASDALE

 


Amor enterrado

 

He venido a enterrar al amor
debajo de un árbol,
en el bosque negro y alto,
donde nadie pueda verlo.

No pondré flores en su cabeza,
ni una lápida a sus pies,
pues esos labios que tanto amaba
fueron amargos, nada.

No volveré al sepulcro,
pues el bosque es frío.
Reuniré toda la alegría
que mis manos puedan abarcar.

Estaré todo el día bajo el sol,
donde los salvajes vientos soplan,
pero lloraré por las noches,
cuando no haya nadie para escuchar.

 

GASTÓN MARTÍNEZ SALDIERNA



Sobremesa No. 13.10.07

 

Nadie come hongos en los dedos del pie huele a deseo praf surrrppp se desparrama la salsa inglesa en el mantel cuando mayor es la felicidad de este lado del océano ensalza la ensalada la suavidad de los pezones los humedezco con vino de soleada catalunya y en los trastos hondos las gambas se cuecen  en limones y ajo fresco blaaafff blaaaffff el nieto salpica con sopa de ostión y ríe desde el ombligo hasta la punta de sus pelos tiesos y amarillos acaricio a la abuela bajo la mesa es hora de barrer los bichos buenas noches pocos broches lisa la piel aún y caliente el centro que me arrulla no para dormir sí para besar lamer mordisquear la mejor comida del día

 

LAURI GARCÍA DUEÑAS

 

 

 

IV



No, no hay guerreras de terracota, nos dijo Indira.
Tiene razón.
Hay mujeres de piedra sentadas esperando algo.
Mujeres y niñas modernas vestidas como en la antigüedad.
Recuerdos de emperatrices y concubinas que no conocimos.

 

 

JUAN TOMÁS ÁVILA LAUREL

 

  

 

XXXIX

  

Tente en pie, camarada océano,
pues ya no eres nada
desde que la anguila
se acerca a la playa
con la bolsa en la garganta.
Arriba llovió la tormenta
que llevará las aguas al cuello
de los escaladores de grandes bolsillos.
Camarada, toda esta agua
que deshiela las ilusiones
y llama al Noé de las arcas
te llenara la panza
y vomitarás los lobos escapados
de las montañas anegadas.
Ahora leemos los créditos
por orden de hermosura:
El jefe Bezos llamado Jeff(e),
la señora del tacón alto
y ese mamarracho empelucado
que lanza al aire sus amenazas
porque jura que se beberá, solito,
el Amazonas.
Oh, qué poco esfuerzo
hicimos para que entren todos,
compinche a compinche.

 

De: “Nuestros amigos los nautas”

 

SAYURI DÍAZ OLMOS

 

  

 

son las dos de la tarde
intento escribir la palabra migaja
   ¿en qué momento me quebré las manos?
ella está ahí
por debajo y por encima de la bandeja de plata
intento escribir la palabra tulipán
pero me sale   vómito   rabia   ámbar
   ( hay que saber lidiar con el canibalismo )
pienso en el día en que me encajé el puño en la boca
a veces un puño es un pájaro desnutrido
otras veces es un escapulario
   ¿cuánto faltará para que dios
      me castigue por el desperdicio?
no puedo escribir nido
sin preocuparme por la desatadura del colmillo
   ¿no es acaso el apeirón el objeto del deseo?
         «eros es un verbo»
un verbo puede ser un caracol
pero yo decido que sea una perra

 

 

ALDO OLIVA

 

 

 

Heliotropo

  

El acto de piedad del heliotropo
en la niebla cerrada —instilar alucinado—,
ocultándose en el magma gris,
combate con saetas amarillas
la obsesión del giro de su propio fuego
y sesga de violento candor
la saña de su verde foliación hacia
la inmensidad de los cielos hostiles
que hollan la humillada tierra solar
  para renacer en la especie.