miércoles, 4 de marzo de 2026


 

JON SILKIN

 


 

El dolor está ahí

 

Cuando los soldados, con los emblemas del regimiento
destacando en sus hombros, le dieron dulce libertad,
el prisionero del campo habló:
“Gracias, aunque lleguéis tarde.
El dolor está en mis pestañas.
Voy a cerrarlas ahora.”

 

FEDERICO HERNÁNDEZ AGUILAR

 

  

 

Nueve sombras

  

De nueve sombras que trajiste
una estaba enamorada
de los fanales de tu calle.

dos se habían guarecido entre tus ojos
          tratando inútilmente de conjugarlos

otra se abismaba entre tus brazos
y arrastraba a varias más
          con atribulado éxito

y una más allá
—la que nubló de día mi cabeza—
sigue despertando a medianoche
para invitarme a poner fin
                              a este deshielo

 

 

MATÍAS ROMERO

 

 

 

Una moneda en tus manos puede ser un juguete o un instrumento de progreso. No te portes como un niño, ni como coleccionista. Muévete con tu dinero, marcha con esas ruedas del carro de la fortuna y mira que la meta del bienestar perfecto de los pueblos está todavía muy lejos.

 

 

WILLIAM PLOMER

 

 

 

El Escorpión

  

El Limpopo y el Tugela hervían,
desbordados en millas pardas y furiosas:
melones, maíz, techos de paja,
troncos de árboles y cocodrilos.

Los estuarios hinchados estaban espesos
de restos; bajo el sol se veía
el cadáver de una joven negra, magullado
por las rocas, rodando en la orilla,

empujado por las olas del alba, girando
sin rostro entre conchas,
con los pechos caídos y los ojos sangrantes,
y al cuello, cuentas y cascabeles.

Esa era el África que conocimos,
donde, vagando solos,
veíamos, heráldico bajo el calor,
un escorpión sobre una piedra.

 

 

ALICE LARDÉ

 

 

 

Las campesinas

  

Con las cántaras llenas de agua muy clara
vienen las campesinas por la vereda,
contándose historietas, viejas y raras,
de los gnomos que habitan en la arboleda.

Y al contoneo alegre de sus caderas
salta el agua que corre por sus mejillas…
¡Parecen, cuando bajan por las laderas,
un manojo divino de campanillas…!

¡Oh, campesina alegre, de piel tostada,
que cruzas inocente por los senderos:
se adivina en el fondo de tu mirada
la esplendorosa lumbre de los luceros…!

¡Oh, linda campesina, si yo pudiera
ir como tú, descalza, por la montaña,
y bajar hasta el río, por la ladera,
a bañarme en las linfas con que te bañas!

¡Y regresar alegre por los senderos
con mi cántara llena de agua y rocío,
llevando en mis pupilas luz de luceros
y en mis carnes aromas de selva y río…!

  

 

EILEEN O’SHAUGHNESSY

 

 

El fénix

  

Han muerto mundos para que vivan,
vistan sus plumas más hermosas,
y en sus cantos otra vez vibren
bienvenidas a lluvias asombrosas.

Einstein es colega de Bacon,
Huxley comparte el pan platónico,
y los rayos violetas sólo son
sol rebautizado en aire irónico.

En esta casa, si en ninguna otra,
pasado y porvenir se reconcilian:
cada uno es sí mismo y el otro,
unidos en extraña melodía,
hallando ambos su lugar preciso
en el abrazo de la seda tibia.