"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
lunes, 6 de marzo de 2023
ESTELA PUYUELO
Corazón
He
sido yo.
Lo he matado.
Estaba harta de que aquel ser espectral
me asustara al doblar la esquina
de cualquier corredor del castillo.
La verdad, cada vez me daba menos miedo
y, últimamente, hasta tenía que fingir
que me pillaba desprevenida.
Así que grité antes de que él lo hiciera.
Ahora sé que los fantasmas
tienen un corazón muy frágil.
JUANA MARÍA NARANJO
X
Confiados
en ti Señor,
cruzaremos la tempestad
en la luz de tu palabra;
en tu presencia
que es suave brisa,
a tu regazo.
De:
“Abedules de luz”
MANUEL M. FOREGA
Berna
en el monasterio de piedra
Y
junto al fresno de los bebedizos,
A la sombra de todos los venenos,
Una sonrisa los desmentía.
Tus violetas a la orilla del rio
Y aquellas margaritas en tus manos,
Y tus manos como diez flores vivas.
De: “Berna”
RENÉ E. RODAS
Lim
la leve
Es
tan ligera
que las puertas automáticas no se abren a su paso.
La lluvia no la moja y puesta al sol no hace sombra.
Tiene un frente delicado, armonioso.
Pero desaparece de perfil.
Los diminutos anteojos redondos resbalan
hasta los dos puntitos de la nariz.
Lim es un suspiro que no suspira nunca.
Le gustan los tipos rudos, pesos pesados,
de manos cuarteadas
y tan anchas como asiento de excusado.
“Los hago retorcerse como pollitos”,
confiesa con la segura levedad de su voz.
De: “Poemas
de Montreal”
PEDRO LASTRA
El
sueño de Durero
(7-8
de junio de 1525)
Un
fin de mundo es lo que vio Durero
una noche de junio, hace quinientos años,
y escribió al despertar la diluvial violencia
de esa masa de agua que caía
»con crueldad, con ruido y espumaje»
y anegó la región con gran velocidad.
Conjuró su terror pintando una acuarela
de sombríos colores
como un hongo invertido, no de humo y ceniza
sino de aguas compactas, destructoras
viniendo desde el cielo.
Hoy vemos esa imagen como el fin de los tiempos,
llegando de lo alto
y sin Durero para conjurarlo.
De: “Cuaderno
de la doble vida”
MARIANA BERNÁRDEZ
Sábado
de Gloria
Pisamos
suelo antiguo y profanado
Las
exequias
—dormidera de los tiempos—
han sido mostradas sin recato
La
sin.razón ultraja en su poderío
Las
reliquias pierden su sentido
y el suelo reverbera en sonido lejano
Una
fuente coronada por un pegaso batiendo alas
enmarca la absurdidad siempre inimaginable
franqueada por ahuehuetes y magnolias
Merolicos
arrollan el barullo de la calle
Y su voz apocalíptica
……….ofreciendo la oquedad
se diluye en el pasar de la tarde
………Tú
y yo
como tantos
………deambulamos sin rumbo
dioses inclementes arrojados de su púlpito
pasean entre la gente
sordidez que apenas roza la culpa
y en un incipiente destello
—menos que un fulgor—
acometen con su estruendo de lluvia
…
Y en ese estrépito afirmas
— “es que nunca graniza en Semana Santa.”
Finales
de agosto
El calor en ráfaga
……….alumbra
en vitral majestuoso
al Tepozteco
Veinte
años
Y de nuevo piso el suelo
que devora su inmensidad
Voy
de tu mano
sintiendo la finitud del círculo
y el resquemor del término
Tu
boca apedrea y horada el dolor
como si en su desamarrarlo
pudiera supurar la niebla del abismo
caja de Pandora que desdeñas
porque su peso no es sostenido por tus manos
y ha hecho reino donde menos debiera
Nada
habrás de escuchar
la cascada de argumentos
dejan cardenal en triza a su paso
y es inútil franquear los trillos
para no tocar el desamparo
¿y
luego?
¿qué después del monzón?
¿la negrura del amor
ese atravesarse por llevar consigo lo inevitable?
¿será su incipiente talego
el que rompa el cardo del olvido?
De:
“Del viaje”
