Mostrando entradas con la etiqueta ENZIA VERDUCHI. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ENZIA VERDUCHI. Mostrar todas las entradas

lunes, 28 de diciembre de 2015

ENZIA VERDUCHI



  
Carta de Usurpación



Tal vez la lluvia estaba a un costado
en el borde de la ausencia,
lejos de la aterciopelada idea del reencuentro
Quizá sólo fuimos un lampo,
una mueca de arlequín
la carcajada del séquito
Esta es nuestra historia:
Una batalla librada sobre esferas de cristal
Una encrucijada de vanidades
Una emboscada del ego



martes, 22 de diciembre de 2015

ENZIA VERDUCHI




Poema Humo Sobre Belgrado

(marzo, 1999)
Para Vladimir Arsenijevic


En espera de una señal,
un chasquido de nuez
bajo el peso de un tacón.
Dicen que no volveremos
a estar tendidos sobre la hierba
del parque Kalemegdan;
que no se escuchará ladrar a los perros
en la calle Todorovica
y nadie contestará al teléfono
en el departamento del quinto piso.
El sueño contaminado
por la neurosis de un hombre
se traduce en la histeria de un pueblo.
Espesa neblina en la confluencia
del Danubio y el Save:
señales de humo sobre Belgrado.



miércoles, 16 de diciembre de 2015

ENZIA VERDUCHI




Radio de onda corta



A oscuras mi padre sintonizaba la radio:
una pelea de box en japonés,
la crónica de un atentado en italiano
o la caída de un avión en ruso.
Aunque los periódicos al día siguiente
desmintieran sus versiones, él se entendía
con la frecuencia y la estática.
Fiel receptor de hechos incomprendidos
a lo largo del cuadrante, insomne
en las ondas de alguna estación.
Mientras, junto a él, mi madre
soñaba encontrar un interlocutor.



jueves, 10 de diciembre de 2015

ENZIA VERDUCHI




Palabras Para Un Día De Campo

                                         Para Coral Bracho



No conocimos la experiencia de un mantel
a cuadros sobre la hierba, no presenciamos
la huida de un sombrero de paja con el viento.
Quizás segar el campo hubiera sido útil
como importante es para las mujeres
lavar la ropa juntas, contarse anécdotas
que jamás sucedieron.
No existió tiempo, el necesario,
para la contemplación.
Demasiados acres nos alejaron
de la ilusión posible, del paso
de la hormiga por la pierna.




viernes, 4 de diciembre de 2015

ENZIA VERDUCHI



  
Nieve En La Terraza



Dicen que conocí la nieve en una terraza,
pero jamás la he tocado,
su blandura o su dureza desconozco.
En cambio recuerdo esa terraza
por un pino enorme en una maceta,
por mis padres bailando Lady day en voz de Sinatra,
por la felicidad que ofrecía mirar hacia todos lados.
No, yo no conozco la nieve,
aunque me muestren una fotografía y casi me convenzan.
Sólo sé que cuando nos despedimos de ese espacio
-propio para la sobremesa en el verano-
comprendimos que éramos de ningún lado.



lunes, 22 de julio de 2013

ENZIA VERDUCHI




Dudas del Astronauta
  
                                                  todo regreso es imán
                                                  de la posición de equilibrio.
                                                  José Carlos Becerra



Desde el balcón del universo
el astronauta acaricia en la pantalla su virtual Oklahoma.
¿Qué hace un vaquero en la exosfera
exhibiendo sus debilidades y virtudes
por circuito cerrado en Cabo Cañaveral?
No es tiempo de ermitaños en busca
de la dentadura postiza
entre la presión y el volumen;
ni de héroes en misiones orbitales que no logran
un cuarto de página en los periódicos.
Es cierto, el mundo es breve,
pero este pequeño paso para el hombre
no parece un gran paso para la humanidad.


De  “El bosque de la hormiga”



jueves, 18 de julio de 2013

ENZIA VERDUCHI



Mar de Irlanda

                                                      Para Mauro Bozeto
                                                            y Marino Zeppa



Las piernas sostenían el galope de animal
luchando contra el aire:
corre, corre, muchacha.
Tanto mar para una isla,
laderas por recorrer,
tanto cielo sobre la bruma.
Desde Dun Laoghaire
se escucha ese golpe de agua
y se desborda el índigo en las landas
de la península de Dingle:
corre, corre, muchacha.
Amigos, jóvenes desbocados,
gritaba: "¡No seré la última en llegar!".
De lodo y viento fue su alegría
en el linde de los acantilados de Moher;
era el mar en los ojos, Dios en la tierra.


De “El bosque de la hormiga”



lunes, 15 de julio de 2013

ENZIA VERDUCHI




Las trasterradas 



Regresamos a la tierra nunca propia
huella de patria imaginaria. Llevamos
por dentro la casa, el árbol y el sueño.

En una pared rentada
mi hermana retiene una fotografía:
fragmentos mediterráneos

Hablamos el idioma donde no existe
posesión de las circunstancias.
Nuestra infancia sólo son palabras.

Hermana, la alegría del viaje nos abandona.
Sin geografía que nos sostenga
soñamos con el árbol y la casa.



jueves, 20 de septiembre de 2012

ENZIA VERDUCHI






Pietralunga


Para María Volpi 


Regresaste, María, a la tierra cansada
que aún engendra la semilla de anís:
Pietralunga del terco dialecto.

Las mujeres manchan sus dedos en el aroma
de las almendras, detienen la vista
ante la colina preciada por su reserva de caza.

Regresaste para olvidar la sombra inútil
de un avión, tender al sol sábanas blancas
como hermosas banderas.

Umbria es el ciprés camino a Gubbio,
son los hombres que fuman en la plaza,
nombres ocultos bajo piedras:
Pietralunga son tus manos entre un nido de águilas

miércoles, 19 de septiembre de 2012

ENZIA VERDUCHI




El bosque de la hormiga




II (Informe del patólogo)

Antes de tomar el bisturí,
antes de hacer el corte preciso
para diseccionar el corazón

-a sabiendas que la dulzura
envenenó tu sangre,
lentamente calcinó los huesos
y cegó de la vista las virtudes-,

el médico reconoce en los surcos del rostro
la madurez de la resolana en mayo,
y en las comisuras de los labios
la blasfemia sabia de la locura.



martes, 18 de septiembre de 2012

ENZIA VERDUCHI






Ciego en plaza de toros



A la memoria de Alberto Acuña E. 

Un paso adelante, y puede morir el hombre;
un paso atrás y puede morir el arte.
José Alameda

Porque la tarde apenas nacía
en el reflejo de tus lentes oscuros,
la barbilla reposada en las manos
y las manos aferradas al báculo.
Invidente ante la acción de la liturgia
pero atento del rito y el sacrificio
de la lidia en la arena.

Porque a través de mis palabras imaginaste
todo tipo de suertes que la muleta y la espada
ofrecen -desde la suelta del toril hasta el arrastre-
cuando están empuñadas con arte.

Y entre jirones de humo
recordabas colores inventados
por la luz en el caudal del Mississippi,
la marea lenta bajo el sol de siete mares,
la voracidad del relámpago en el horizonte.

Barbaján y siervo del mito que te acompañaba,
sabías que no es lo mismo ver el toro desde la barrera:
la agonía del escualo quebrado por el arpón,
o el nombre del hijo muerto bordado en los labios.

Abuelo, la sangre agraz hizo de ti
un rostro adusto bajo el ala del sombrero;
porque tu vida fue como la vida:
partiste plaza dando palos de ciego.


lunes, 17 de septiembre de 2012

ENZIA VERDUCHI





Señora Lexotán

  

Qué son seis miligramos
tres veces al día si con ello
se pueden anestesiar los sentimientos,
si controla la ansiedad del todo.
No ríes, no lloras, no percibes
ni el principio ni el fin del mundo.
Basta con abrir la boca:
el ama de casa no es indecisa
ante la gama del supermercado;
los adúlteros no discuten
la orfandad en el tálamo;
nada agrede al taxista
sólo el alto que obliga el rojo.
Señora Lexotán, con usted
no hay cabeza que perder.