"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
viernes, 22 de mayo de 2026
FERNANDO LAMBERG
Camellos
y bombardeos
En
camellos la nafta se transportó a Bagdad,
no para encender la lámpara de Aladino
sino para prender cualquier otra lámpara.
No sabían los camellos
que siglos después serían reemplazados por motores
sedientos de petróleo
y en lugar de brillar las lámparas
arderían poblaciones destruidas por la codicia
Mientras los motores consumían petróleo
Supuestamente en nombre de la justicia.
LUIS PEREIRA
Quince
años después
Mi
ex mujer me invita a su casa
Poca fiesta comparable
Quédate conmigo
Me ha dicho
Los animales de la casa te extrañan
Trae repostería cuando vengas
Una combinación de dulces y salados
Sorpréndeme con las confituras
(La casa violeta
Las novelas de la tarde
La algarabía lo nupcial)
(No es algo de narrar
Las caricias minuciosas
El dormitorio principal)
RUBÉN MARTÍNEZ VILLENA
Canción
del sainete póstumo
Yo
moriré prosaicamente, de cualquier cosa
(¿el estómago, el hígado, la garganta, ¡el pulmón!?),
y como buen cadáver descenderé a la fosa
envuelto en un sudario santo de compasión.
Aunque
la muerte es algo que diariamente pasa,
un muerto inspira siempre cierta curiosidad;
así, llena de extraños, abejeará la casa
y estudiará mi rostro toda la vecindad.
Luego
será el velorio: desconocida gente,
ante mis familiares inertes de llorar,
con el recelo propio del que sabe que miente
recitará las frases del pésame vulgar.
Tal
vez una beata, neblinosa de sueño,
mascullará el rosario mirándose los pies;
y acaso los más viejos me fruncirán el ceño
al calcular su turno más próximo después…
Brotará
la hilarante virtud del disparate
o la ingeniosa anécdota llena de perversión,
y las apetecidas tazas de chocolate
serán sabrosas pausas en la conversación.
Los
amigos de ahora –para entonces dispersos—
reunidos junto al resto de lo que fue mi «yo»,
constatarán la escena que prevén estos versos
y dirán en voz baja: —¡Todo lo presintió!
Y ya
en la madrugada, sobre la concurrencia
gravitará el concepto solemne del «jamás»,
vendrá luego el consuelo de seguir la existencia…
Y vendrá el mañana… pero tú ¡no vendrás!…
Allá
donde vegete felizmente tu olvido
—felicidad bien lejos de la que pudo ser—,
bajo tres letras fúnebres mi nombre y mi apellido,
dentro de un marco negro te harán palidecer.
Y te
dirán —¿Qué tienes?… Y tú dirás que nada;
mas te irás a la alcoba para disimular,
me llorarás a solas, con la cara en la almohada,
¡y esa noche tu esposo no te podrá besar!
ANNE STEVENSON
Elegía:
en luz coherente
Teach-cheap,
teach-cheap, teach-cheap, teach-cheap—
Los gorriones trabajan con sus cinceles en la hiedra del verano,
arrancando los segundos, chispa a chispa, de las horas.
Leo en cada silbido astillado la holografía del sol.
Mi cerebro es una película, estoy hecha de exposiciones medidas,
y golpeando mis oídos y mis ojos con olas de luz—
estas escamas animadas, estas imágenes que llamo visión.
Pero
ahora estás fuera de la imagen, nadie puede conservar
una visión coherente de ti, salvo en el lenguaje.
Toda la cálida retórica se equivoca. La muerte no es sueño.
La fe en el amor eterno es indulgencia del amor.
Atesoro lo que escribiste y te encuentro en lo que escribo.
Seguimos habitando una viva casa de palabras.
Arranca sus muros de hiedra, y matarás a los pájaros.
QUILO MARTÍNEZ
Un
día en la mañana saldrá el sol
Un
día en la mañana saldrá el sol
y habrá pan en la mesa
y tal vez una esperanza
en la casa del hombre.
El
fusil caerá
y el niño saldrá a correr
en su caballo de madera
galopando relámpagos
y remontando vientos.
Los
semáforos en las esquinas
cantarán una canción de cuna
y el trébol de cuatro hojas
se morirá de nostalgia
un día en la mañana
cuando salga el sol
para alumbrar de nuevo…
LUZ HELENA CORDERO VILLAMIZAR
Arte
sin poética
Hay
cosas ajenas a la poesía:
los estantes de los supermercados,
el atoro de un centro comercial,
la avenida más escandalosa,
el insomnio estéril, sin ojos,
una tontería que teje los instantes,
las esquinas sin amantes,
el árbol que nadie ve,
la pregunta circular que va y viene,
yo misma ante la ficción del espejo
que manipulo a mis anchas;
todas las ventanas clausuradas
sin que alguien las redima,
un perro asesinado diez veces
por anónimas sombras que ruedan,
la culpa que alimentas cada noche
por hacer lo que quieres
cuando todo obliga al sacrificio,
la prisa y el corazón que no saben llegar
al sitio de su incendio,
el color amarillo de la melancolía,
una mano sola como un arma siniestra,
la palabra aburrimiento, tan larga
que no cabe en la línea del poema;
la soledad, si nada la contiene,
tu rostro, si no lo habito,
los números, si nadie los repasa,
tanta noche quebrada en la cabeza.
Hay cosas ajenas a la poesía
si no hay alguien que las nombre.
