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viernes, 26 de junio de 2026

SACHEVERELL SITWELL

 

 

 

El loro

  

La voz del loro estalla—
Inútil contradecir—
Lo que dice, lo dirá de nuevo:
Hechos secos, como galletas—
Su voz y los vivos colores
De su pecho y sus alas
Son inmemorialmente antiguos;
Viejas damas vestidas de satén rizado
Encerradas en sus estancias
Como especímenes bajo un cristal,
Intactas—y sin cambiar jamás,
Con la memoria de emociones muertas;
El ardor de sus veranos
Rociado como alcanfor
Sobre sus parasoles de seda,
Guardados en un armario.

Reflexivo, pero sin un pensamiento nuevo,
El loro se balancea en su percha de marfil—
Luego, con gravedad, da una voltereta
A través de anillas clavadas en el techo—
Como el sol ejecuta sus juegos
Mientras asciende por el puente aéreo
Que apenas vemos
A través de prismas de cristal en la lluvia que cae.

 

 

jueves, 25 de junio de 2026

SACHEVERELL SITWELL

  


 

Río Grande

  

Junto al Río Grande no bailan zarabanda
En riberas llanas como céspedes sobre la marea vítrea y ondulante,
Ni cantan madrigales desolados cuyo acento triste agita los vientos dormidos
Hasta que despiertan entre los árboles y sacuden las ramas
y espantan a los ruiseñores.

Pero bailan en la ciudad, en las plazas públicas,
Sobre losas de mármol con cada color repartido,
Ante las puertas abiertas de la iglesia, resonantes de luz interior,
Al gran tañido de la campana, junto a la música del río, que gorgotea, tenue,
por el aire suave del Brasil.

El Comendador y el Alguacil
Están allí, a caballo, cubiertos de plumas, estridentes y agudos,
Lanzando órdenes con sus trompetas como picos de ave,
Entre las ramas como un viento amargo, llamando;
Brillan como una luz de estrellas constante mientras otras chispas caen
Con armaduras bruñidas y penachos de fuego,
Incansables, mientras todos los demás se fatigan.

Las calles ruidosas están vacías y la ciudad enmudece
Hasta donde, en la plaza, bailan y la banda toca,
Tal es el espacio de silencio desde la ciudad hasta el río
Que el agua murmura alto,
Más alto que la banda y la multitud juntas.

Y los compases de la zarabanda,
Más vivos que un madrigal, avanzan de la mano
Como el río y su cascada, mientras el gran Río Grande
Desciende hacia el mar.
Junto al Río Grande no bailan zarabanda.

Alto suena la marimba sobre estas olas a medias saladas,
Y más alto aún el tímpano, el plectro y el tambor,
Sombrías y amenazantes resuenan estas voces de bronce;
Cabalgando por encima, sobre la marea del mar salado cabalgan,
Sobre la marea del mar salado.

Junto al Río Grande no bailan zarabanda
Hasta que los barcos anclados escuchan este encantamiento
Del aire suave del Brasil, llevado por los vientos del sur,
Lenta y dulcemente su fiereza templada
Por el aire que fluye entre ellos.