"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
miércoles, 29 de julio de 2026
ANDRÉS GARCÍA CERDÁN
Meteorito
Desde
el principio
lo supimos.
Desde el principio, sin saber
aún
de dónde eras
ni desde cuándo,
tampoco cómo había sido tu nacimiento
ni a quién habría que agradecerle aquel amor
tan grande,
tan absolutamente inesperado.
Venías del final de las galaxias,
esto es,
de muy cerca, en realidad.
Venías del final de todo el tiempo,
es decir,
de apenas un instante antes.
Venías de la última floración de las almas,
es decir,
de la misma nobleza de tu madre.
De más allá de todo
y de más dentro
que ninguna otra cosa, mucho más.
De: “El
gran amor”
BEATRIZ VANEGAS ATHÍAS
Cinema
Paradiso
I
Fundaron
el amor los dioses.
Y el amor fue
una muchedumbre de recuerdos
para sostener el día.
II
Luego
ordenaron,
hágase el placer
y el placer emergió
como humareda sonora
de las fauces de un león.
III
Después
dijeron:
Hágase la felicidad.
Entonces la felicidad fue
una antología de besos censurados.
ÁLVARO OJEDA
2
Ovidio
entre los dacios
observa el negro Ponto
supone por él los vastos océanos
en la palabra océano
la mar de Ovidio
dice del arte la palabra justa
la palabra exilio.
También
dice el estuario
ese marrón relincho
la palabra incompletos
aluvión debajo de los pies
la ictericia inconcebible
el dorado hundimiento
de todas las palabras.
La
palabra final es eterna
el muro borroneado de signos
estrellas crismones medialunas
el viejo edificio de la sorna final.
HAN KANG
El
invierno a través del espejo
1.
Mira
la pupila de la llama.
Ojo azulado
en forma
de corazón:
el más ardiente esplendor.
Aura anaranjada:
llama interior.
Lo que más parpadea,
lo que de nuevo la rodea:
traslúcida llama exterior.
Mañana por la mañana
es la mañana en que parto
hacia la ciudad más lejana.
Esta mañana
el ojo azulado de una llama
mira más allá de mis ojos.
2.
Ahora
mi ciudad es esta mañana de primavera, y si pasas por el centro de la tierra y
atraviesas el centro sin vacilar, aparece esa otra ciudad donde la diferencia
horaria es, exactamente, doce horas por detrás, y la estación es, exactamente,
medio año por detrás, así que en esa ciudad ya es ahora una tarde de otoño, y
como si siguiera silenciosamente a alguien, esa ciudad sigue detrás de la mía,
para cruzar la noche, para cruzar el invierno, y yo espero silenciosamente,
mientras mi ciudad adelanta a aquella como alguien que te adelanta
silenciosamente.
3.
Dentro
del espejo el invierno nos espera.
Es un lugar muy frío,
gélido.
Tanto frío hace allí
que los objetos no pueden temblar,
y tu cara (ya congelada)
no se puede agrietar.
No extiendo mi mano,
tampoco tú
la quieres extender.
Es un lugar muy frío,
glacial.
Tanto frío hace allí
que las pupilas no pueden vacilar,
y los párpados
no se pueden apretar.
Adentro del espejo
el invierno nos espera,
y una vez en su interior
no podré evitar tus ojos
y no querrás extender tu mano.
4.
Dijeron
que volaríamos un día entero.
Dobla apretadamente las 24 horas,
métetelas en la boca y
entra al espejo, me dijeron.
En cuanto deshaga la maleta
en una habitación de esa ciudad,
debería tomarme el tiempo
para lavarme la cara.
Si el sufrimiento de esta ciudad
me sobrepasa silenciosamente,
me quedaré atrás y
cuando no esté mirándola,
por un momento me apoyaré
en el helado respaldo del espejo,
y tararearé despreocupadamente,
hasta que, habiendo doblado
apretadamente las 24 horas,
y habiéndolas escupido,
empujándolas con tu caliente
lengua,
vuelvas y me mires a los ojos.
5.
Mis
ojos son dos velas deslizando goterones de cera mientras consumen la mecha / no
es abrasador ni doloroso / dicen que el temblor del núcleo azulado de la llama
es la llegada de las almas / las almas se posan en mis ojos y tiemblan /
canturrean / la llama exterior oscilando en la distancia se balancea para
alejarse / mañana te vas a la ciudad más lejana / aquí estoy en llamas / ahora
pones tus manos en la tumba del vacío y esperas / la memoria muerde tus dedos
como una serpiente / no te quemas ni te duele / tu rostro inquebrantable no se
quema ni se hace añicos
Versión
de Jorge Ávalos
CLAUDIA MARÍA JOVEL
Retrato
de mi pueblo
Calles
soleadas y tristes,
empedradas y con un poco de adoquín;
se oye el cantar de telares,
y las varas de hilo tendidas al sol.
Se escuchan llantos y gritos,
y sonoras carcajadas también,
que encierran en su eco
un grande y silencioso misterio.
Es un pueblo del urdidor,
es el pueblo del tejedor:
él prepara, compone y forma su destino;
aunque lleva en su corazón
tristezas y hambre de verdad.
Su tierra es fértil y bondadosa;
da buena milpa, da buenos hijos,
y podemos sentir su dulce miel
al ver sus abejas forjar su propia historia.
ARTURO BORRA
Te
fumigan, te desahucian, te enjaulan; culpable de tu miseria, te estiran los
brazos, te arrojan al suburbio, te invitan a marcharte, te dicen «pan» y te dan
hambre, dicen «derecho» y te fustigan, dicen «abrigo» y la escarcha te
sorprende a medianoche, te parten los dientes, te saquean, dicen «dios» y crean
tu infierno, muelen tus huesos y dicen «futuro», te prestan una pajarera,
aprietan tus esperanzas, levantan tumbas para los suicidas, abren escuelas para
las sirvientitas desorientadas, te enseñan el credo de la rendición,
disciplinan tus añoranzas, ultrajan tus sueños, confinan tus movimientos,
informan por la radio de tu muerte mientras te niegas a firmar tu certificado
de defunción, te declaran ruina, te condenan a ser «nadie», a reconocerte
«ninguno», a respirar bajo el asfalto o dejar que tu sacrificio sea su
salvación.
Planifican
el desastre –y vos respirando, a pesar de todo, buscando una hendija.
De: “Todo
tanto”
