martes, 20 de junio de 2023


 

KATHERINE BISQUET

 

  

 

Un bohío en la tundra

  

Mi abuela es un león flaco de la Siberia
Frotándose
Contra las paredes descorchadas de la casa
Se arranca las malas pulgas.
Hambriento, se balancea sobre el fogón de luz brillante
Viene hacia mí, desde el centro de la cocina
Quejándose de la comezón que deja una piel cuarteada y reseca.

Este león me asistió mientras dormía
Y me quitó el sueño
¿Qué hace despertándome a esta hora de la mañana?
Me habla de cuántas gallinas habrían muerto o cuántas le habrían robado,
De la soga de la bestia que rompió su piel y le dejó una llaga que nunca dejó de abrirse en la pierna izquierda:
El cansancio de criar animales
Cuenta —un león lleno de úlceras y de dolor—,
Las cosas que se hacen con el suero de la leche y con las vísceras
Cuenta,
Aullando en la noche con los ronquidos asmáticos del invierno,
Bajo el polvillo que sueltan las tablas de madera
Por donde pasan sigilosos
Los guayabitos recién nacidos del sembrado de frutabomba que crece justo al lado de su ventana.

Aquí tienes león hambriento un cangre de yuca fresca
Para que lo devores.
Y se lo pone en la boca como diez caramelos
O como diez chocolates.
Rumea el olor del dulce y el olor de los mangos maduros.
Piensa en el sabor cristalizado
Cómo se deshace en la saliva de su lengua áspera.
Piensa que sus patas son inservibles para el trabajo de la caza
Y se lamenta,
Echado al sol lamiéndose la herida
Untada de cualquier cosa, yerbas machucadas, colonia, millo mojado, gentamicina.

Estoy escribiendo un poema sobre mi abuela
¿Te dije que eso me despertó hoy?
Una imagen,
Mi abuela era un león enfermo.



GIUSEPPE UNGARETTI


 

 

Soy una criatura

Como esta piedra
del S. Michele
tan fría
tan dura
tan enjuta
tan refractaria
tan completamente
desanimada

Como esta piedra
es mi llanto
que no se ve

La muerte
se paga
viviendo

 


LUIS TÉLLEZ-TEJEDA

   


 

Esquina
                                                       Para Fernando Trejo

 

La conocí
alguna vez la conocí
bien lo recuerdo
conocí La Esperanza
estuvo en Perú y Allende

La conocí en mis veintes
aunque de niño me hablaron de ella
de la caja donde se escondía
bajo todas las calamidades
desatadas por la curiosidad de Pandora

La conocí de noche
porque de noche se vuelve
más llanto cualquier lágrima
y silenciosa la carcajada
de quien no quiere escucharse

La conocí y no era bella
el último amparo nunca lo es
el agobio no se refugia donde la luz
prefiere la penumbra
donde todo está perdido

La conocí de azules muros
que la tornaban cielo
al cruzar sus puertas
aromada de orín
y de cochambre en las esquinas

La conocí y reímos juntos
cantábamos corridos
que rebotaban en la madera
de su barra ahíta de vasos
que esperaban el jabón o los hielos

La conocí con la rata
que corrió entre las mesas
para recordarnos la vida
o ponernos la muerte en la cara
como una pistola que te exige la cartera

La conocí y también los amigos
ahí eran las malas noticias
impregnadas en sus ceniceros
nuestras mejores risas
abrazan la memoria de lo que seríamos

 


 

FABIO PUSTERLA

 


 

Alumnos

 

Los encuentro en las plazas
o en algún bar, los reconozco
casi siempre, y pienso en qué se transforman
ahora, todos aquellos ojos, aquellos dedos.
Carburadores, corbatas. Unos tímidos,
otros hasta odiosos. Y los devastados,
los que lamen el asfalto.
Y finalmente yo,
que tengo en la mano pepinos y papel higiénico.

 
De: “No la perla”

Versión de Pablo Ingberg

 

MARTA ELOY CICHOCKA

 

 

 

el día en que me entraron
en la cuenta tres mil dólares

                                                      tribute to marcin

 

tengo un crédito de trescientos cincuenta mil zlotys
y llevo trescientas cuarenta mil horas en la tierra
de las que he dormido como mínimo un tercio

mido un metro setenta de altura
y tengo que pagar setenta metros
en treinta años más de dos metros por año

tengo veintiocho dientes
mi pie mide veinticinco centímetros
el día tiene veinticuatro horas

he visitado setenta y dos ciudades
he amado a nueve hombres
los he llorado a todos

tengo cuatro lenguas en la primera callo
en la segunda hablo en la tercera escribo
en la cuarta cuento solo conmigo

tengo tres niños el primero ya nunca
nacerá el segundo nunca morirá
el tercero no me deja dormir

cada vez tengo menos tiempo cada
vez más dudas y probablemente una
única salida:

 

Versiones de Abel Murcia y Gerardo Beltrán

 

 

RICARDO DOMENECK

 


 

La Cochinísima

                             a Luis Felipe Fabre

 

A algunas las llaman Agrado
a otras más desdichadas e infelices
sus mamás muy católicas
les ponen Martírios o Remédios
a otras más les ponen nombres
anglosajones latinizados
y ridículos como Ricardo
yo soy La Cochinísima
la que come camarones
comenzando por las cabezas
la que bautiza sus entrañas
todas las mañanas
con un clamato ardiente y picante
para que se queme por dentro
por respeto al infierno que trae
en sí misma
no me digan querida cariño o señora
yo soy La Cochinísima
la que camina por el Zócalo
toda de negro desde la cabeza
hasta la punta de la cola
por respeto al luto de sus abandonos
a la que le dicen pollo y oye polla
a la que le dicen hoja y oye polla
a la que le dicen Chapultepec y oye polla
si la invitan a cenar a sus casas
sin duda encontrará a quién comerse
en el sótano
un colchón cualquiera le sirve
a La Cochinísima
para hacer sus amores eternos
de cinco minutos
no le mires los ojos mucho tiempo
no porque sea una Medusa cualquiera
sino porque mientras miras su carota
La Cochinísima mide tu nariz
para adivinar otras simetrías anatómicas
no la envíes a un claustro
como a sor Juana Inés de la Cruz
porque sin duda convertirá a las monjas
en putas delincuentes
yo soy sor Cochina Penes de la Luz
una santa de matadero y carnicero
o mejor La Cochinísima
la que conoce la hidrografía del cuerpo
en todos sus fluidos
sus géiseres manantiales y cascadas
la que recorre el mundo
cantando sus cancioncitas
idiotas y cochinas
y catalogando los fenotipos del XY
la que vino para educarse a sí misma
y entretener a las masas
¿o será al contrario?
ya no lo sé
aquí estoy a tu servicio
me llaman La Cochinísima
porque toda mi vida
solo quise ensuciarte a ti
con lo que produzco en mí
que otros machos tontos lleven vírgenes
a los vergeles
a mí me sirven los mataderos
donde mis hermanas sagradas
berrean y chillan a la hora
de su muerte
y entonces mueren
muy dulces y mansas
para que vosotros os proteinicéis
yo soy la Prometéica
la que ha prometido
dar calor a los hombres
¿será por eso que me duele el hígado
todas las mañanas?

20 de octubre de 2014
Ciudad de México, en una cafetería de Isabel la Católica