sábado, 29 de agosto de 2026


 

SOLEIDA RÍOS

 

 

 

Barbaridad el bazo dilatado abierto (al revés)
  al florilegio de la primavera.
Arándanos (antojo de la pubertad): contra la alubia
  contra la amapola contra la azucena contra el agua
  si no es de la alta mar. Vaso roto. Alquimia rota.
Rota la vía. Rumia de los deshechos, ronronear
  en el cerco, en el recinto cero: rubia cabeza paternal
  ausente. San Francisco. Qué
Bar… el barco ebrio. Los chapoteos furiosos
  de las mareas.
Arar en el mismo mar mugriento. Atenazar en la garganta
  un no arcilloso, renegado…
Rueda de la Fortuna. Una rueda dentro de la otra rueda
  dentro
  dentro.

Aquí se hace la luz. Cada píldora un ojo. Cada ojo, un vaso
  lleno de clara revelación.

 

De: “26 Tao”

 

MARICELA GUERRERO

 

 

 

Un borreguito

 

Luego se me desacomoda todo:

los científicos identificaron cómo la edad, el sexo y la cantidad
de luz natural a la cual una persona
que trabaja

y se lava los dientes tres veces al día:
tres:

tres comidas:

en tres tristes platos de precariedad:

se expone, le exponen: afectan la duración del sueño en 100 países
—de los que el tuyo no es excepción ni meridional ni abisal ni en
ninguna coordenada— el punto es que
las personas se acuestan y despiertan
en husos horarios
a un lado y otro
del meridiano
y cuando sueñan, lo pasan a veces en éxtasis a veces en
angustia y cuando no sueñan, se insomnian:
cosas que les quitan el sueño.

La revista Science Advances demostró que las presiones de la vida social afectan a los ritmos circadianos: un reloj interno que se desconchinfla, pero no de una
o de dos
sí, de millones:
una masa de gente que trabaja de 9 a 19 o más,
una masa de gente que trabaja 24 × 24,
una masa de gente que se alquila por destajo, por hora o por
servicio,
una masa de gente que trabaja en cambaceo y recibe
sueldos según aptitudes y escasas horas de sueño.
Fundamentalmente a la hora de ir a la cama, dice el estudio
Parecería que la sociedad y sus estímulos determinan sobre
todo la hora de acostarse y que el reloj interno del cuerpo
fija la hora de despertar.

Y hay un déficit, una faltita; porque por encima de los relojes internos, están los externos:
El reloj del pago de la renta El reloj de la entrega
El reloj del compromiso El reloj de la alarma
El reloj del checador
El reloj biológico-social;

Los relojes fiscales, los patrimoniales, los relojes de erudición, relojes en diversas posiciones:

¡Un kamasutra de relojes para el mundo!

Relojes que se multiplican infinitamente y encogen la posibilidad cavernaria de levantarse hasta que el reloj interno diga suave y silenciosamente:

 

Abre los ojos.

Despierta

 

De: “Sueño per cápita & wonderful production”

 

MICHELLE PÉREZ-LOBO

 

 

 

Pares

 

Unos zapatos de niño.
Tenis viejos, botines,
calzado masculino que cuelga
de los cables.
Los postes se han vuelto tendederos eléctricos,
la compañía de luz reporta fallas
en el servicio.

Las teorías:
punto de encuentro ilícito,
trofeo de una pelea, acto intimidatorio,
castigo para quien pierde
un partido de futbol.
Pero también:
homenaje a un muerto
(colgó los tenis),
juego de adolescentes, travesura,
retorcida declaración de amor.

Quizá:
naturalezas muertas citadinas.
Las botas roídas de Van Gogh
a la vista del mundo.
Intervención artística
del espacio público, ejercicio
de reapropiación.
Ventilar la intimidad.

Nota:
En una imagen de la masacre del 68
los zapatos que atestiguan
la ausencia de sus dueños
son en su mayoría
tacones de mujer.


De: “Fantasma y monumento”

 

SAMUEL BAENA

 

  

 

Sueño

 

Sueño con mi padre.

Cabalgamos juntos

sobre poderosos caballos

en las praderas de ultratumba.

Despierto a la lluvia,

al café, al cigarrillo,

y a los seres humanos.

¿Por qué temen a la muerte?

La vida es don sobrestimado.

 

 

ANDRÉS CARO BORRERO

 

 

 

Samsa

 

mi tren sale a las 5

y me rasca la barriga

no sé no sé qué hacer

no sé qué hacer

con tantas patas

 

WASHINGTON ATENCIO

 

 

 

Filo

 

La erosión no distingue
latido ni madera

el eucalipto desprende decís
la piel ante el peligro

el ciruelo exhibe la rotura
un tejido abierto
que desinfecta con resina

el palo borracho esconde
otras espinas

en su tronco
baja el sol

nadie me habló de raíces

paso disimulado entre postes de luz
otra forma de árbol

abro las palmas espero
una carne que no ceda ante la herida
una mano que abra tajo en la corteza

mi piel se cierra

cáscara que en el viento mira el cielo

el horizonte es una espina
que crece.

 

De: “Sueño con tigres”