martes, 21 de abril de 2026


 

ANTENOR SAMANIEGO




Tesoro oculto (VI)

  

Sencilla la palabra, el verso breve,
redonda la expresión, el pensamiento
con alas – como pájaro en el viento-
que a cielos elevados me conlleve.
Tersa la tesitura –rosa o nieve-
carne tal vez de nácar, ni opulento
ni pobre, pero a flor del sentimiento,
aquél que a duro pedernal conmueve,
Con claridad, translúcido diamante,
lágrima o sangre, pero palpitante,
sin avaricia de calor humano.
Pequeño, pero al fin tesoro oculto,
al que mi corazón le rinda culto
en la región más honda del arcano.

 

JOSÉ RUIZ ROSAS

 

 

 

Lo difícil no es ver

  

Lo difícil no es ver cómo se va pelando la corbata
sino decirle al mendigo “Lo siento”.
caminar, y de repente sentir que se te arrastran
unos ojos
y te dicen “Señor” y todo eso.

U olfatear los guisos debajo de la pestilencia
o mirarle los pies a una muchacha de la calle.

Lo dif1cil no es estar sin un centavo
sino tener la familia muda y sonriente
y que te digan: “Nada, si no necesito nada,
si estoy zurciendo todo nuevamente”

 

FELIPE SASSONE

 

 

Soneto místico de amor humano

  

Junto al inmenso orgullo de quererte
y la espantosa pena de dejarte,
la certeza fatal de no olvidarte
y el temor de llegar a aborrecerte,

complica la amargura de mi suerte
tu crueldad que me obliga a abandonarte:
solo quiero vivir para llorarte,
y el dolor de partir me da la muerte.

Orgulloso de ser tu enamorado,
al verme de tu amor abandonado,
a mi Dios olvidarte no le pido,

que si el olvido fuérame otorgado,
muriérame de olvidarte avergonzado,
igual que muero porque no te olvido.

 

 

MARÍA BELÉN MILLA ALTABÁS

 

  

 

Al cuerpo nuevo y ligero
          a su rubí jovial bailando en el techo
                                                       de los afectos:
                                  soy
y daño este mundo amado
                                             con sus propios
                      postulados azules

me despliego
                       gallarda sobre la luz

soy lo que averigüé de un cuerpo en lugares con prisa

aquí
         donde la verdad se defiende
desuella mi corazón como un pato negro

aquí
         en el único pacto
                                        posible con el mundo
                           huye de mí
como si negociaras un abismo

 

 

CLAUDIA HERNÁNDEZ

 

 


 

“Why do you stand by the window, abandoned to beauty and pride?”
Leonard Cohen

  

I

 

¿Dónde dejaste los panes y los peces?
Veo tus pies entrando al agua,
hundiéndose en su sombra convulsa
como un pájaro que emigra.
Hoy es el día
en que dejamos la calle para siempre,
con miedo, cansados ya,
y fijos al cristal
miramos todo a distancia.
También hoy, la noche es un animal
sobre el que escribo dos sílabas de frío.
Sigue y no voltees hacia acá.
Soy sólo una sombra.
Camina y ve andar la noche
a la hora del insomnio
en el interior de las casas.

 

 

II

 

Hoy todo nos va borrando.
Es sólo lluvia la sangre en la calle
y tierra la cara de los cadáveres.

¡Rompan filas!, grita el hombre en la película,
en el noticiero,
en el patio de la escuela,
en el reportaje para millones de televidentes.

 

 

III

 

Me levanté del piso tras escuchar la enfermedad
de los vecinos de abajo la noche entera.
Cuánto gimen y tosen, cuántas veces van al baño.
Orinan y escupen como si no quisieran morirse.
¿A qué le tienen tanto miedo?
Se paran a beber agua. Oigo cómo la tragan,
cómo baja por su garganta y por su esófago
a fuerza de no quiero morirme, no quiero morirme todavía.

 

 

DOROTHY MILES

 

 

 

Magia de nubes

 

Sobre una colina ventosa me tiendo
y veo las nubes navegar;
y, al flotar, cambian y parecen
raras criaturas de un soñar.
Un cerdo de orejas largas,
una vaca de tres patas pasa —y ya
se desdibujan, se confunden,
y en su lugar un loro y un viejo van.
Aparecen, se mueven, vuelven a ser,
ahora un barco, ahora una gallina tal vez.
Aunque a veces la pena me visite,
no conoceré monotonía
mientras pueda mirar un cielo cambiante
desde mi colina ventosa, tendida todavía.