miércoles, 27 de mayo de 2026


 

ALFREDO ZITARROSA

 



Doña Soledad

  

Mire doña Soledad,
póngase un poco a pensar,
doña Soledad,
cuántas personas habrá,
que la conozcan de verdad.
Yo la vi en el almacén
peleando por un vintén,
doña Soledad.
Y otros dicen haga el bien,
hágalo sin mirar a quién.
Cuántos vintenes tendrá
sin la generosidad,
doña Soledad,
con los que pueda comprar
el pan y el vino nada más.
La carne y la sangre son
de propiedad del patrón,
doña Soledad.
Cuando Cristo dijo no,
usted sabe bien lo que pasó.
Mire doña Soledad,
yo le converso de más,
doña Soledad,
y usted para conversar
hubiera querido estudiar.
Cierto que quiso querer,
pero no pudo poder,
doña Soledad,
porque antes de ser mujer
ya tuvo que ir a trabajar.
Mire doña Soledad,
póngase un poco a pensar,
doña Soledad,
qué es lo que quieren decir
con eso de la libertad.
Usted se puede morir,
eso es cuestión de salud,
pero no quiera saber
lo que le cuesta un ataúd.
Doña Soledad,
hay que trabajar…
pero hay que pensar…
no se vaya a morir…
la van a enterrar…
Doña Soledad…

 

MAHFÚD MASSÍS

 


 

Incitación al vals de un poeta

  

Tus hijos bebían sangre de ganso salvaje.
Tu pobre corazón dormía entre las moscas.
Sin embargo,
un día
te colgaron un trozo de cuero
en la solapa. Se te puso la cresta roja.
Caminabas con paso de gamuza por los corredores.
Pero tuviste que vender tus dientes.
El traje destinado a tu propio entierro.

Soñabas con el gran premio.
Besabas a los jurados, acariciabas sus tetas,
mientras dormías en la posada
del gato nocturno.

Quisiera detenerte, morderte una oreja.
Pedirte que vuelvas a tu oficio de hombre,
Inventes el fuego y juntes piedras.
Y que estalles cuando aparezcan los enmascarados
de la noche, les vueles el trasero
antes de que lleguen los muchachos de la prensa.

 

OSBERT SITWELL

 

 

 

La próxima guerra

  

La larga guerra había terminado.
Sus miserias se habían desvanecido.
A los sordos costaba hablarles,
Los héroes se volvieron tediosos.
Aquellos alquimistas
Que convirtieron sangre en oro
Habían envejecido.

Pero celebraron una reunión,
Diciendo:

«Quizá deberíamos
Levantar tumbas
O erigir altares
A aquellos valientes muchachos
Que tan gustosamente fueron quemados,
O cegados,
O mutilados,
Que perdieron todo parecido con lo vivo,
O fueron reducidos a sangrientos jirones
Por nosotros.
Quedaría bien.
O incluso podríamos educar a los niños».

Pero el más rico de aquellos magos
Tosió suavemente;
Y dijo:

«Yo siempre he estado en el frente
—en empresa privada—,
No cedo en espíritu público
Ante nadie.
Creo que vuestra idea es muy buena
—excelente—
Y no demasiado costosa…
Pero me parece
Que la causa por la que luchamos
Está otra vez en peligro.
¿Qué memorial más adecuado para los caídos
Que sus hijos
Caigan por la misma causa?»

Saliendo apresuradamente a la calle,
Los amables ancianos gritaron
A los jóvenes:

«¿Vais a sacrificar,
Por vuestra apatía,
Lo que vuestros padres murieron por lograr?
¡El mundo debe hacerse seguro para los jóvenes!»

Y los niños
Fueron…

 

JOSÉ JOAQUÍN CASAS

 

 

 

El secreto

  

¡Oh ni Platón ni Sócrates, famosos
En los anales del saber, supieron
Lo que estos pobres niños…
ORTIZ. “Los Colonos”

Con la postrara bendición termina
Su rezo el cura. Oyendo se recrea
El coro de los chicos de la aldea
Que en la escuela salmodian la doctrina.

El vago son, cual música argentina,
Del pueblo por los ámbitos pasea,
Y al sacerdote el corazón le orea
Como brisa balsámica y divina.

De este plácido edén he aquí el secreto;
He aquí la clave, que el mundano ignora,
Que ignoraron Plutarco y Epicteto:
Niño, joven, mujer, anciano grave,
La ciencia de los hombres salvadores
Todo mortal en Villasuta sabe.

 

JAMILA MEDINA RÍOS

 

 

 

Ifigenia/Polixena/Casandra

 

No esperes comprender la poda
ni añores
que la raíz te atraviese vertical como un tentáculo,
te penetre viole(n)ta.
Túmbate.
Piensa en el sexo de las mutiladas y las brujas las débiles las retrasadas las caídas piensa en las ciegas las locas las mudas las lisiadas las cojas las tullidas
las lerdas y las lelas
las enanas
piensa en el sexo de las tardas
que no llega nunca.

 

 

ÁNGELA DE MELA

 

 

 

Canto III

  

La casa
la yugular mordida
en la tromba de espumas
también era de nadie
la viga cavó al nácar
su castillo
de cadencia ignorada
al filo de los caños
gira desvencijado
en aluvión frenético
fenece la columna
combado el epicentro
su sismo en las astillas
y en abisal relieve
recala temerarios desnudos
al eje de catástrofe
contra la soledad
el afecto en la cal
que ilumina y esconde
enzarza en los escombros
el litoral
donde crujen mis venas
y regreso a tensar
uno a uno sus palos.