"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
martes, 25 de abril de 2023
HENRI DE RÉGNIER
La
esperanza suprema
Qué
importa que en la tumba de rincones desiertos
donde eres ya tan sólo un muerto entre los muertos,
no detenga sus pasos la turba presurosa
por enhiesta pirámide o por urna, pomposa,
y ni macizo bronce ni mármol deslumbrante
atraigan las miradas de incierto caminante
ni la de aquellos hombres que al destino eminente
ofrendan homenajes y doblegan la frente?
Que los que amen el fausto eleven hasta el cíelo
sobre su muerto polvo monumentos de duelo.
Responde: ¿No te basta el saber que reposas
bajo el ciprés agudo que entretejen las rosas?
Si nunca a tu sepulcro se llega, un visitante,
¿no es mucho que en las frondas un pájaro te cante?
Y ¿qué importa que un día, de la sencilla piedra
corroída de musgo y ataviada de hiedra,
borre tu nombra el tiempo, si en el paraje mudo,
Amor—-divina sombra—posa su pie desnudo?
HOMERO MANZI
Monedas
de poeta
Quise
ahorcarme en la trenza de tu cigarro rubio
cuando desde tus labios cargados de secretos
recordé la cortada por donde iba mi infancia
destrozando la suela de mis zapatos nuevos.
Yo no soy el ideal de tu sabiduría,
mitad galán de cine y mitad pugilista;
soy un poeta moderno que ambula por las calles
evocando sus sueños disconformistas.
Sin
embargo te quiero, porque sé que en tu vida
hace falta un muchacho que te cante pavadas,
y que ponga perfume de poeta en la nafta
de tu coche lujoso, de tu coche sin alma;
Un muchacho humilde, sentimental y bueno
que justifique el brillo vano de tus monedas,
comprándote con ellas montones de paisajes,
montones de paisajes y un anillo de piedra.
Que
te lleve por todas las calles apartadas,
que te cante tragedias de novios y de celos,
y que al pasar contigo debajo de los árboles
aproveche la sombra para robarte un beso.
Un muchacho que un día, de tonto o de loco,
cuando menos lo pienses salga de tu existencia,
dejándote en un sobre, encima de la mesa,
unas cuantas mentiras… monedas de poeta.
ADELARDO LÓPEZ DE AYALA
La
cita
¡Es
ella..! Amor sus pasos encamina…
Siento el blando rumor de su vestido…
Cual cielo por el rayo dividido,
mi espíritu de pronto se ilumina.
Mil ansias, con la dicha repentina,
se agitan en mi pecho conmovido,
cual bullen los polluelos en el nido
cuando la tierna madre se avecina.
¡Mi bien! ¡Mi amor!: ¡Por la encendida y clara
mirada de tus ojos, con anhelo
penetra el alma, de tu ser avara..!
¡Ay!, ¡ni el ángel caído más consuelo
pudiera disfrutar, si penetrara
segunda vez en la región del cielo!
NOAH CICERO
Jesucristo
en Wal-mart
Noah
Cicero fue a Wal-Mart
a por una receta médica.
Mientras
caminaba por Wal-Mart
iba notando el cansancio causado
por el ansiolítico de la mañana.
Pensaba
en el suicidio,
no tanto como para llegar a matarse, pero
si un mágico viento lo hubiera elevado
y se lo hubiera llevado a un cielo
de la luna Europa, no habría
opuesto resistencia.
Entre
aquellos productos paseaba
un hombre con tatuajes de prisión,
los dientes marrones y una camiseta
con agujeros.
El
hombre no iba a la moda, probablemente
no sabía qué era American Apparel
ni era capaz de manejar un sistema operativo. Seguro
que su casa estaba sucia, probablemente
no se había bañado, jamás.
Dijo:
“Eh”
Noah se dio la vuelta: “¿Yo?”
“Sí, tú, Jesucristo me ha dicho
que necesitabas ayuda”
Noah no dijo nada.
El hombre intentó rodear a Noah
con el brazo, pero Noah dijo
con voz nerviosa: “Por favor,
no me toque”.
El
hombre con los dientes marrones
dijo: “No es para tanto, pronto todo irá mejor”.
Noah
respondió:
“Qué horror,
esto parece una pesadilla”.
El
hombre con los dientes marrones
miró a Noah a los ojos y le dijo:
“Todo irá bien”.
Noah
quiso gritar:
“Pero el dolor está en mi cabeza
y no puedo salir
de mi cabeza”
El
hombre se fue
y volvió
a su sucio piso.
Noah
Cicero se sentó en el coche,
con los ojos tristes, dijo:
“¿De verdad estoy tan triste?”, recordó
a todos los que habían tratado de ayudarle
en los últimos seis meses: Bernice, John, Wanda,
Nicky, Sara, Haley, Cameron, Keegan, Mani,
Paulina, Asia, Dana, Samantha, etc., etc.
Pero
nada funcionaba:
Noah estaba tan jodido
que el mismo Jesucristo había tenido que enviar a un tío
con los dientes marrones para informarle
de que su depresión debía terminar.
Se
puso las manos en la sien
y dijo: “por favor para
por favor para por favor para
este ruido”
RAYMOND CARVER
Bajo
una luz marina cerca de Sequim, Washington
Empiezan
los verdes campos. Y las altas, blancas
granjas después de los charcos de la marea,
y aquellos pequeños cangrejos
listos para echar a correr, o darse la vuelta, si
levantábamos la roca debajo de la que vivían. La languidez
de aquella carretera del campo. Hablando de París,
nuestro París. Y luego encuentras ese sitio en el libro
y me lees la vida de Anna Akhmatova allí con Modigliani.
Sentados en un banco de los jardines de Luxemburgo
bajo su enorme sombrilla negra
recitándose a Verlaine el uno al otro. Los dos
“todavía no alcanzados por el futuro”. Cuando
allá en el prado vimos
a un joven desnudo de medio cuerpo para arriba
y con los pantalones remangados,
como un antiguo remero. Nos miró sin curiosidad.
Se quedó allí observándonos indiferente.
Luego nos dio la espalda y siguió con su trabajo.
Mientras pasábamos como una hermosa guadaña negra
por aquel paisaje perfecto.
MELCHOR DE PALAU
El
rayo
I
Como
caballo salvaje,
saltando de nube en nube,
corre inquieto, baja y sube
sin frenos y sin rendaje;
tenido fue por mensaje
de celestiales enojos,
pues, lanzando dardos rojos,
el alto muro derrumba,
y abre inesperada tumba
a polvorientos despojos.
II
Caudillo
de la tormenta
que agita los hondos mares,
tronza robles seculares
y al fuego voraz afrenta:
¿quién tomará por su cuenta
domeñar su furia brava?
¿quién del torrente de lava
pondrá dique a la carrera?
El hombre, el hombre a la fiera
convierte en dócil esclava.
III
Franklin,
con el rayo en guerra,
en su empeño no decae, y, encadenado,
lo atrae a los senos de la tierra;
ya con su lampo río aterra
a la ignara muchedumbre;
ya con fatídica lumbre
centelleando no corre;
ya no abate excelsa torre
ni perfora la techumbre.
IV
Pero
es poco: el hombre quiere
mostrar su egregio blasón,
trocando la condición
del rayo que mata o hiere;
que ha de conseguirlo infiere
frente a frente o de soslayo,
y, in tregua ni desmayo,
tan ardua tarea empieza,
que se ha puesto en la cabeza
dar educación al rayo.
V
Ya
por hilos conductores
le dirige con cariño,
como al inseguro niño
que camina entre andadores;
tras luchas y sinsabores,
tal enseñanza recibe,
tanto por él se desvive,
y sus facultades labra
que transmite la palabra,
y, andando el tiempo, la escribe.
VI
Pero
es poco: ya triunfante
fijó la indecisa luz
que, con signo de la cruz,
saludaba el caminante;
ya la luna vergonzante
casi a salir no se atreve,
y, con pena que conmueve,
lo contemplan desmedradas,
esas luces decantadas
del gran siglo diez y nueve.
VII
Pero
es poco: de los mares
rugientes, al otro lado,
la ambición ha transportado
parte de los patrios lares;
los europeos hogares
enciende con fuego indiano,
y, hendiendo del Oceano
el abismo bullidor, nos repite
con amor el saludo del hermano.
VIII
El
convierte en fuerza viva,
y con buen éxito explota,
la fuerza que, por remota,
permaneciera inactiva;
en los alambres cautiva,
es a otros puntos llevada,
y, la soberbia cascada,
de antes indolente arrullo,
murmura con noble orgullo,
al sentirse utilizada.
IX
Hoy,
si abate el muro fuerte,
si, rompiendo pétreos lazos,
arroja un monte en pedazos,
libra al hombre de la muerte:
en su auxilio se convierte
sin miedo que se desmande,
que aunque su energía es grande,
la acción prudente retarda,
y, esclavo sumiso, aguarda
que su dueño se lo mande.
X
Él,
que un tiempo la avanzada
fue de la tormenta ruda,
hoy con su poder escuda
la cosecha amenazada;
con índole transformada,
contempladlo a todas horas
cómo en ansias protectoras
siempre en vela se mantiene,
y grita «la nube viene»
a las barcas pescadoras.
XI
Si
en un día, no lejano,
fuiste fatal atributo,
precursor de infausto luto
de Júpiter en la mano,
sujeto al imperio humano,
has sufrido tal mudanza,
que ya no eres la venganza
que sepulta en los avernos:
para los pueblos modernos
eres lazo de alianza.
XII
Rayo
que hiendes las olas,
pase tu chispa que inspira
por las cuerdas de mi lira,
y vibrarán por sí solas;
crezca en tierras españolas
tu venidera importancia,
yo cantaré tu arrogancia
y fuerza avasalladora,
que lo que he cantado ahora
es la historia de tu infancia
