"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
domingo, 19 de marzo de 2023
MARCELO MOREYRA
Árboles
que mueren
Se
va desgarrando la selva
por los cuatro costados del viento
lleva en la piel envenenada
sortilegios de todos los tiempos
las tinajas de cada duende
y el oro azul de los ríos muertos.
Poco
a poco se va callando
su ronca lluvia sin derrotero
con raíces de oscura herida
mordiendo llagas de largo incendio
los pájaros agonizantes
bajo un rosario de dientes negros.
Al
exilio se va la sombra
loca y desnuda, ya sin misterios
se arrastra en la marcha sin luna
con ojos vacíos y sedientos
y un cortejo de orquídeas secas
vomitando pétalos de miedo.
Los
arcos azules del monte
mortajas fantasmales muriendo
son las tumbas de las semillas
que parecieran buscar mi pecho
para ser barco, ser guitarra
o un corazón renacido en ecos.
DANA GELINAS
Es
el infierno
le
dije,
sí, esto es el infierno.
Que Dios le conceda
una semana como obrero de los Hornos.
No,
señora,
usted que escribe
no haga bromas con Dios.
La
fundición es un trabajo honrado.
No huele bien,
se irritan los ojos,
y, si se descuida uno,
puede morir ese día.
Perdón,
le pedí perdón
porque me pareció lo único decente.
Sin
ira en el pecho,
dijo de nueva cuenta:
Es
un trabajo honrado.
Y en
ese momento jaló una cadena con fragor suficiente
para volcar dos toneladas de magma de acero.
ÁNGEL MARÍA GARIBAY
El Laurel
De
Dafne aun en tu corteza treme
el casto corazón que se aprisiona,
y Febo te entreteje a su corona
y su aljaba y laúd tu amor no teme.
Aunque
el invierno los follajes queme
de la undívaga selva, no abandona
jamás tu brillo el bosque, que blasona
gozar vida de un dios, sin que blasfeme.
El
rojo tinte de tus frondas trémulas,
del rosicler y de las llamas émulas,
en mi frente ceñir jamás anhelo:
una
gota de láudano quisiera,
—de esa tu sangre,— que el sopor trajera
a mi ansia inquieta y a mi estéril celo.
ALBERT SAMAIN
El
soneto de los quince versos
Yo
amo el alba descalza que a tomillo trasciende,
los collados violeta que un pálido sol dora,
la abierta celosía que aspira y avizora
esa fresca fragancia que del jardín asciende:
la plaza de la aldea en dominguero gozo
y la rosada vaca al borde del remanso;
la novia de los dientes de perlas y el descanso
de un mirar inocente o de un florido allozo.
Más
gusto, sin embargo, de algún alma abatida
en la sombra, del bosque y de su húmedo aroma,
del tintinear bucólico por la selva perdida,
del claro de la luna que entre encajes asoma,
de una pupila triste y de una mano leve
que se abate; y prefiero sobre toda medida
esa voz que quisiera llorar y no se atreve…
Versión
de Andrés Sobejano
BARRY GIFFORD
Respuesta
a Wang Wei
Los
amigos vienen
y se van
hay pocos auténticos
Año
tras año
los rostros se evaporan
velozmente
como gotas
de lluvia
ROXANA CRISÓLOGO
Hay
días que no tolero más ruido que el de las construcciones
y el
café no endulza —no hay nada que endulce este café—
y quisiera ser la virgen que adorna el vello crepuscular
de un acolchonado cuadro
llamarme Rosa —Rosita—
tener el cabello largo y los pies pequeñitos y rosados
como los de una conocida muñeca
y llevarle a los muchachos de la construcción
tappers limpios de comida
papas sancochadas con pollo
mi
buena sazón que venderé
y revenderé
con sendos cerros de arroz
lechuga agria y ají
de algo me servirá ser acomedida o liviana
sudar
atados de ropa limpia y una toalla
por si la transpiración
