viernes, 10 de noviembre de 2023


 

HERNÁN LAVÍN CERDA

 

 

 

Vida de perros



¡Qué perro tan neurótico! Solamente ladra cuando no quiere, y de pronto no ladra cuando quiere. Debe ser un alemán o un japonés: no creo que sea un perro gringo, pero quién sabe. ¿Alguno de ustedes, oh, mis fieles e infieles lectores, se atrevería a decir la última palabra?

Los gringos tienen humor y sonríen como Judas Iscariote, no, más bien como San Judas Tadeo, aunque a veces ladran y ladran y ladran sin tregua, exhibiendo o escondiendo sus lenguas muy filudas, en un delirio que va más allá del delirio de los japoneses y los alemanes.

¡Qué perros tan neuróticos! ¡Esquizoperros, no hay duda, oooh Virgen del Asombro y de la Gran Cabeza, esquizoperros! ¡Qué perros tan esquizofrénicos!

De cualquier modo, es preciso ladrar cuando hay que ladrar, ladrar y seguir ladrando, más allá de los ale-manes y los japoneses. Si no ladramos por encima y por debajo del mundo, corremos el peligro de perder no sólo la calma sino también la razón.

¿Quién ladra cuando habla? ¡Esquizoperros, lenguas y besos de Judas, esquizoperros! ¿Quién habla cuando ladra?

 

ELIZABETH NEIRA

 

 

 


Telegrama




Mi amor
malas noticias
choqué el auto
quemé la casa
ahorqué a los niños
degollé al gato
me comí al perro
vendí tus cosas
y
huí
con tu hermana

 

HIRAM BARRIOS

 


 

 

Mundo estático

 

Tú que habitas ahora despierta sobre el agua
Franklin Mieses Burgos

 



Es posible lo intacto,
aún en la destrucción,
aún cuando
algo rueda en pedazos
debajo de la lámpara.
(cuando algo deja de ser en torno de la luz).

 

Lo intacto:
La caída del espejo oculto bajo el agua,
una ola de vidrio a la orilla del aire.

 

Es posible sembrar mi voz en la carne del viento.

 

CLAUDIA POSADAS

 

 



De las tortuosas maquinarias

 



La obsesión,
su trastocamiento irreversible.
Venas como un orden invasor que va tomando el templo y tus campos fértiles
hasta concentrar su lenguaje.

Vértebras espinas que se irán cubriendo con la carne de las consumaciones.

Una vigilancia anfibia sumergida en el frío
cuyos párpados transparentes aguardan el quiebre de tus actos
para cumplir su mordedura.

 

Cualquier gesto es golpe en tus heridas,
cualquier palabra,
matiz de lo aparente,
nutrimentos    nutriciones sucesivas    alud acumulado en el corazón de tu violencia estalla el pulso,

 

el sofocamiento contenido,
y despertar una y otra vez en el borde irreversible,
y una y otra vez,
con el cuerpo atado,
cumplir la ceremonia.

 

Al principio son extraños los mecanismos de esta vieja y complicada máquina,
y lo adverso una fatalidad que no puede tocarte.

 

Con el tiempo,
el engranaje se aceita en la repetición hasta perfeccionar su ritmo,
y el adversario se convierte en el panal de llamas conspirando contra ti.

 

Pero en ocasiones la maquinaria es útil por la atención con que desmenuza los detalles
y te es posible revelar las cajas de tortura de los otros,
las inofensivas sutilezas
que de pronto son los templos de orgullo escindiendo tu carencia,
la burla imperceptible ante tus duelos,
o la condena a muerte de quienes, como tú,
son los delatores:
cuántas veces,
antes de que nombraras el rostro de su miedo,
los verdugos te negaron sus banquetes y sus puertas,
o cerraron su sarcófago en tu sangre.

 

Y sin embargo cuántas veces,
debido a tus precisos goznes,
lograste escapar de sus cámaras de rendición.

 

Triste e íngrima victoria el descubrir por enferma lucidez las formas de este reino de masacres,
pero sólo eso.

 

Y cada vez más grande el estallido,
más alto el sedimento de su furia.

 

Más hambrientos e innobles los verdugos cuyos rostros,
en el sueño,
han sido el círculo hilarante cercando tu impotencia
y que ahora, en la vigilia,
son la perfecta y encarnada máscara de tu dolor.

 

Más poderoso el ejército de tus Apariciones,
lo que más temías,
y no supiste fue llamado por ti.

 

Y siempre el llanto,
el angustiante desandar de lo perdido.

 

MARIANO SCHUSTER

 

 


Música para buenos salvajes

 


Mis amigas escuchaban Ricky Martin.
Mis amigos escuchaban Luis Miguel.

Yo escuchaba a los muertos
o a los derrotados.

Mamá ponía Silvio a todo volumen.
Mamá ponía Jara a todo volumen.
Mamá ponía Serrat a todo volumen.

 

No había compact disc para nosotros
pero gastábamos el tocadiscos
y el pasacasettes.

 

Cuando los vecinos
se quejaban por ruidos molestos
ella les sacaba
su lengua Rolling Stone
y subía el volumen.

 

A veces, sólo cambiaba el intérprete
Porque también había que escuchar a Patxi Andion,
a Aute y a Sabina.
Y nunca olvidar a Charly, a Fito y a Baglietto.

 

Nuestra casa era un recital sin fin los fines de semana.

 

Las buenas señoras,
de buenas familias,
buenos modales
y buenas costumbres
protestaban
y mamá les daba
una lección de Dylan a todo volumen
una lección de Baez a todo volumen
una lección de Brel a todo volumen.

 

Ya de adolescente la incité a escuchar lo nuevo
pero ella se negaba.

 

Yo le llevaba a los nuevos derrotados
a los nuevos románticos
a los nuevos visionarios.

 

Ismael, Filio, Chaouen, Bergia, Varela

 

Ahora los pone a todo volumen contra mi voluntad.

 

Las buenas señoras, por supuesto
se quejan
y ella dice: Mi casa es chica
pero el corazón es grande

 

Sube el volumen
Sube el sentimiento

 

La música duele.

 

 

ANDREA CABEL

 

  

Mayana



cosmos infinito, descifrado engranaje solar,
música que no rota
que no se enamora nunca. 
corazón sin nombre,
desposeída luz
jardín repleto de nadas rotas,
mayana,
fruto perdido,
espuma tras el verbo
ruido mucho ruido y el polvo
el nogal que se cae
el pájaro dibujado tras la sombra
la taza adormecida,
la espalda oscura,
los nudos de tus manos.
la espuma tras el verbo,
el nogal cayéndose,
el triunfo rojo
del pájaro esculpido. 
mayana,
mayana